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Gran amigo y bohemio de corazón

  A mi papá le gustaba socializar, invitar a sus amigos a comer o a cenar a la casa. En una de las tantas reuniones que hubo, me acuerdo de una acalorada discusión que se desató, porque Alberto Huici “no podía entender” el enojo de Ernesto Guasp, por un comentario que hizo acerca de su trabajo: “La genialidad de los cartones de Guasp es que los hace con los pies”. Huici insistía en que Guasp no era en realidad muy buen dibujante, pero lo que escribía al pie de cada caricatura, era lo mejor. Guasp nunca lo perdonó y jamás le volvió a dirigir la palabra, a pesar de que mi papá trató de mediar entre ellos.

   Tanta gente importante y conocida de los ámbitos sociales, gubernamentales, privados y artísticos se reunían en las grandes bohemias que organizaban mis padres. En el “Multi” (Centro Urbano Presidente Miguel Alemán) en la colonia del Valle cuando todavía vivía mi mamá, la cantante Yolanda del Campo, y después en la Prado y en Lomas de San Mateo ya casado con mi madre terrenal, Marilú, “La Muñequita que Canta”.

   Nunca faltaron las acaloradas discusiones de política que se olvidaban cuando todo mundo empezaba a cantar. Recuerdo a Armando Manzanero, Claudio Estrada, Amparo Montes, Vicente Garrido, Gabilondo Soler, Luis Demetrio, Gualberto Castro, Jorge Macías, María Enriqueta, Teté Cuevas, José Alfredo Jiménez, Amalia Mendoza “La Tariácuri”, Alfredo Núñez de Borbón, Tito Enríquez, Luis Arcaraz, José Ángel Espinoza “Ferrusquilla” y muchos más. Solamente hay que imaginar lo que se podía lograr, mezclando el humor con la música. Cualquier productor hubiera tenido que pagar muchísimo dinero para poder reunir a todos estos talentos.

  Creo que una de las mejores reuniones que hubo en la casa fue cuando llegaron miembros de la delegación cubana que participaron en la “Celebración del Bolero en México”. Pablo Milanés, Elena Burke, José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz, entre otros. Noche inolvidable.

Estados Unidos, una amarga experiencia

   Una de las pasiones de mi papá fue recorrer el mundo, principalmente Europa, visitando los países de origen de sus artistas favoritos como Van Gogh, El Greco, Da Vinci y otros. Regresaba a casa feliz, lleno de regalos para todos y con “copias fieles” de los cuadros que compraba en los museos a los que iba. Solo había un país al que no le gustaba ir: Estados Unidos.

   En 1961, mi papá fue invitado por el Departamento de Estado de USA, a hacer un recorrido de 45 días por la Unión Americana en compañía de tres caricaturistas latinoamericanos. Este hecho lo dejó marcado para siempre, porque pudo experimentar en carne propia, el racismo extremo que vivían sus compatriotas en ese país, junto con las comunidades afroamericanas y otras minorías.

  Platicaba con gran tristeza que llegó a reunirse a Nueva York, con un grupo de caricaturistas y humoristas de varios países del mundo, para participar en un simposio internacional. Se estaban hospedando en el entonces hotel más caro y de moda, el Waldorf Astoria. Lo primero que lo impactó sobremanera, fue ver letreros en todas las puertas de entrada que decían: “Prohibida la entrada a perros, negros y mexicanos”. Su shock fue tal, que se quedó afuera del hotel hasta que varios de sus colegas norteamericanos, coordinadores del evento, fueron a encontrarlo. Él les señaló los letreros y ellos lo agarraron del brazo y lo metieron al hotel para llevarlo a que se registrara. Cuando el empleado que lo atendió vio su pasaporte, le pidió que abandonara el hotel de inmediato. Los organizadores, entre ellos el famosísimo Art Buchwald (1925-2007), columnista del Washington Post, se dieron cuenta de lo que estaba pasando y amenazaron al gerente del hotel de cancelar el evento y de exponerlos públicamente, si no dejaban a mi papá quedarse en el hotel. Mi papá, tratando de calmar la situación, les dijo, por medio de un intérprete que le asignaron, que mejor lo llevaran a otro hotel. Buchwald respondió que de ninguna manera. El administrador cedió ante la presión, pero dijo que mi papá tendría que usar la puerta y los elevadores de servicio para movilizarse dentro el hotel. Art Buchwald volvió a la carga furioso y el trato final fue que mi papá tenía que ser “escoltado” todo el tiempo por los coordinadores. Buchwald se convirtió en su guardaespaldas y ahí nació una bonita amistad.

   A pesar de haber quedado profundamente agradecido con sus colegas, mi papá siempre guardó un sabor muy amargo de esta experiencia y “pagaba” por no venir a Estados Unidos, donde vivimos mi hermana Gabriela (Florida) y yo (Arizona). Cada vez que cualquiera de las dos decíamos algo referente a este país, mi papá nos decía “ya déjense de gringaderas”.

   Hace dos años mi esposo y yo nos hospedamos en ese mismo hotel y me lo recorrí tratando de ver lo que mi papá vio, de seguro ha pasado por algunas renovaciones, pero el edificio es el mismo. Las puertas de entrada, las mismas. Los cuartos, los salones de juntas y bailes. Lo único que sentí, fue una infinita tristeza por lo que le tocó vivir a él.

Plataforma de Profesionistas de México

   Los coordinadores de la organización Plataforma de Profesionistas de México le encargaron a mi papá retratos para usarse, en forma oficial, durante las campañas presidenciales de Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo. Estos retratos se utilizaban en todos los materiales para promover a los candidatos. Los originales se los entregó, en persona, a los aspirantes al puesto máximo del país.

Dejó para la posteridad, el legado de los caricaturistas

   Mi papá siempre soñó con establecer una agrupación de caricaturistas y cuando conoció al licenciado Pedro Luis Hernández (QEPD), joven abogado, muy culto y admirador de él, decidió junto con otros colegas, fundar la Sociedad Mexicana de Caricaturistas y, posteriormente, el Museo de la Caricatura. Fue el presidente fundador y después presidente honorario.

   Desde sus inicios como caricaturista se dio cuenta de que los cartones originales que llegaban a las redacciones de los periódicos, los tiraban a la basura. Él empezó a rescatarlos y les ofrecía dinero a los que limpiaban las oficinas para que los recogieran y se los entregaran. Logró coleccionar cientos de caricaturas de sus colegas y de él mismo. Así fue como pudo abrir las puertas el Museo, con la obra que el mismo donó.

  La sala principal de exhibición lleva su nombre y hay una vitrina dedicada a su memoria, lo que le emocionaba, porque dejaba para la posteridad, el trabajo de sus compañeros y de él.

“Fui Presidente fundador y soy Presidente Honorario de la Sociedad de Caricaturistas de México, del Museo de la Caricatura – decía con orgullo – en él son resguardadas todas las obras de sus miembros, ahí mostramos la historia de la caricatura en México, que data de 1826, casi 200 años; hay exposiciones permanentes y temporales de lo que ha sido la caricatura en México durante todo este tiempo, es muy importante seguir conservando esta sociedad y este espacio, yo fui director del museo durante 10 años”, reveló un día.

  También ayudó a crear una ley para proteger los derechos de autor de los caricaturistas y apoyó los esfuerzos de crear la Colonia del Caricaturista.

Distinciones

  •  1981 -∫Tlacuilo de Oro∫, otorgado por el Club de Historietistas de México, por Mejor caricaturista.
  •  1985 – Premio Nacional de Periodismo ™José Elizondo∫, otorgado por el Club de Periodistas de México. Categoría Mejor Caricatura del Año 1984.
  •  Premio de Periodismo y Caricatura ™Presea Joaquín Cos∫, otorgado por el Gobierno del Estado de México.
  •  1989 – Reconocimiento público de Socicultur a nombre de los habitantes de la Ciudad de México, ™Por Cincuenta Años Como Caricaturista en La Noticia∫, placa alusiva.
  •  1989 – ™Carita Sonriente∫, otorgada por la Sociedad Mexicana de Caricaturistas por Cincuenta Años en la Caricatura.
  •  1993 – Placa ™Homenaje por 53 años en el Periodismo∫, otorgada por el Club Primera Plana.
  •  ™Reconocimiento por su Aportación a la Caricatura Durante 50 Años∫, otorgado por El Instituto Cultural de Aguascalientes.
  •  2015 – Premio Nacional de Periodismo ™José Elizondo∫ por segunda ocasión, otorgado por el Club de Periodistas de México. Reconocimiento a la Trayectoria de 75 Años de Caricaturista.

Orgulloso de sus 75 años de trabajo

Recibió dos Premios Nacionales de Periodismo (1985 y 2015) de la Asociación Nacional de Periodistas de México. Al respecto, explicó en una entrevista a la reportera Oliva Ramírez Torres (MixedVoces):

“Esta es la segunda vez que lo recibo, ya en 1985 me lo habían dado por el trabajo realizado durante 1984, y ahora por la trayectoria. Siempre es alentador el que le reconozcan a uno su trabajo, pero que sean los mismos compañeros quienes lo hagan, es aún más valioso, el Club de Periodistas de México, es una gran agrupación, donde se reconoce el talento de todos quienes trabajamos en este medio, para mi vale mucho”.

Agregó en esa entrega, que era un honor estar una vez más entre los premiados de esta ceremonia, que por décadas ha reconocido a los mejor del periodismo en México.

   “Ahí quedará por siempre nuestro nombre, estar dos veces entre los premiados, es el resultado de mucho trabajo, fueron 75 años de carrera y de entrega, yo comencé en 1939 en Revista de Revistas de Excélsior, y estuve en muchos medios, hasta el año pasado, que decidí retirarme”.

Además de estos dos importantes premios, y muchos reconocimiento más que sumó a lo largo de 75 años de carrera, publicó seis libros, contando su historia, la historia de México y la de la caricatura.

 Como pintor, realizó exposiciones en México, Estados Unidos y Canadá.

Pugnó hasta su último aliento por el respeto al trabajo del caricaturista

 

  Ya casi al final de su carrera le llegó la debacle económica mundial de 2008. Millones de personas sufrieron el embate y México no se salvó. La industria de los periódicos impresos se vio afectada por esta crisis y por el avance de la tecnología. A la gente le empezó a interesar cada vez menos comprarlos. Miles de periodistas se quedaron sin trabajo, ante los brutales recortes que se hicieron y otros miles, como él, recibieron propuestas de seguirles publicando, pero sin que hubiera ningún tipo de remuneración.

  Mi papá se negó rotundamente a aceptar esta propuesta, a la que consideró un insulto a su profesión y a su persona. Recuerdo que me llamó por teléfono, muy triste, y me platicó lo que había sucedido. Estaba muy molesto. Comentó que no podía creer la situación por la que estaban pasando los caricaturistas. Dijo que había tomado la decisión de retirarse y que iba a dedicarse a pintar. Me partió el corazón escucharlo tan decaído y preocupado por lo que estaba viviendo, no solamente él sino, muchos de sus amigos y colegas.

EXPOSICIONES SOBRESALIENTES

De Retrato

  • Instituto México Norteamericano de Relaciones Culturales.
  • Club de Periodistas de México.
  • Galería Yoka del Hotel Fiesta Palace.
  • Galería Yoka del Hotel Camino Real.

De Retrato y Caricatura

  •  Instituto Nacional de Bellas Artes ± Estudio de Lola Álvarez Bravo.
  •  Vestíbulo del Palacio Municipal en Monterrey, Nuevo León.
  •  Vestíbulo del Congreso del Estado en Monterrey, Nuevo León.
  •  Instituto Cultural Veracruzano en Veracruz, Veracruz.
  •  Museo de Antropología (en dos ocasiones) en Jalapa, Veracruz.
  •  Galería del Estado en Jalapa, Veracruz.
  •  Casa de la Cultura en Morelia, Michoacán.
  •  Galería C.C.U. en Cuernavaca, Morelos.
  •  Galería del Congreso en Aguascalientes, Aguascalientes.
  •  Galería Teatro Hidalgo en Pachuca, Hidalgo.
  •  Galería El Jaguar Despertado en Villahermosa, Tabasco.
  •  Instituto de Cultura de Sonora en Hermosillo, Sonora.
  •  Palacio de Gobierno y Casa de la Cultura en Toluca, Estado de México.
  •  Galería Naucalli en Naucalpan, Estado de México.
  •  Sala de Turismo Francés (en cuatro ocasiones) en México, D.F.
  •  Galería José Martí en México, D.F.
  •  Museo de la Ciudad de México en México, D.F.
  •  Museo de la Caricatura en México, D.F.
  •  Biblioteca del H. Congreso de la Unión en México, D.F.
  •  Delegaciones varias del D.F.
  •  Procuraduría Federal del Consumidor.
  •  Museo Carlos Pellicer, en Villahermosa, Tabasco.
  •  Museo Chicano, Phoenix, Arizona, en colaboración con el Museo de la Ciudad de México. 

   En la última entrevista que concedió en 2015, año en que falleció, le dijo a la reportera Oliva Ramírez Torres (MixedVoces.com):

   “Hay que reconocerlo, los medios escritos ya no son lo que eran antes, el año pasado, en un periódico del Estado de México, donde estaba trabajando, me dijeron que debido a la crisis, ya no podían pagarme,  que si quería, me seguían publicando, pero sin pagarme,  y pues decidí retirarme, no se puede hacer un trabajo gratis, cuando de esto se ha vivido toda la vida, no puede uno quebrarse tanto la cabeza para nada y exponer a los que empiezan, a que de esto no se pueda vivir y un día desaparezca la profesión”.

Agradecimientos:

    A mi amiga Lety Miranda García por publicar en Prensa Arizona esta nota dedicada al legado periodístico de mi papá.   

   A Agustín Sánchez la invitación para celebrar en su espacio del “Confabulario” de El Universal el centenario del nacimiento de mi amado padre y por el cariño que siempre le demostró. Parte de esta nota se publicó en la edición del 31 de octubre.

   A mi queridísima amiga y colega Oliva Ramírez Torres por compartir conmigo la ultima entrevista que realizó mi papá en el año de su fallecimiento.

   A mi hermana, la escritora Marina Azuela, por aportar valiosos materiales familiares para la realización de esta nota.

   A David Carrillo González, mi padre, por haber sido el hombre que fue y por su enorme y generosa contribución a la historia de la caricatura de México.