En las últimas semanas he tenido muchísimo trabajo y caí en la excusa de “no hacer ejercicios por falta de tiempo”, pero el otro día, casi no podía abotonarme un pantalón y fue entonces que corrí al gimnasio de mi condominio.

Estaba a punto de subirme a la máquina caminadora cuando me encontré con una vecina que no veía desde antes de la pandemia; nos pusimos a chacharear y olvidé las 500 calorías que pensaba quemar.

Su doctor le había recomendado hacer ejercicios urgentemente y no por motivos cardiacos o de sobrepeso, sino por “intoxicación de cortisol”, sabía que el cortisol es la hormona del estrés, pero desconocía que se comienza a hablar mucho más de ella como la gran amenaza a la salud física, mental y emocional del siglo 21.

Quienes viven constantemente preocupados, son los más vulnerables a sufrir el desbalance hormonal, ya que el cuerpo humano no sabe distinguir entre lo real y lo imaginario: es decir, si te pasas pensando en que tu pareja se va ir con otra, te vas a quedar sin dinero, o no vas a conseguir trabajo, tu cuerpo va disparar tanto cortisol, al grado si estuvieras en una emergencia real, como un robo donde apuntan a tu cabeza con una pistola.

Cuando acumulas tanto cortisol “se envenena” el cuerpo y la mente; empiezas a notar caída de cabello, problemas de insomnio, cambios gastrointestinales, presión en el pecho, cansancio constante, pérdida de concentración y memoria, estás irritable, ansioso o deprimido.

Si te sientes estresado, agobiado y reconoces algunos de esos síntomas, es hora de preocuparte y solucionar lo que realmente es amenazante hoy.

¿Cómo bajar los niveles de cortisol?

Ejercítate a diario: Es lo más recomendado, pues al mover el cuerpo generas endorfinas que automáticamente hacen bajar los niveles de cortisol.

Levántate feliz y con el pie derecho: Está médicamente comprobado que pensar positivo aumenta el flujo de sangre y las conexiones en la corteza pre-frontal del cerebro, el área a cargo de la organización, concentración y solución de problemas.

Aléjate de personas y situaciones tóxicas: Con tan sólo verlas o pensar en ellas se disparan los niveles de cortisol.

La próxima vez que tenga una preocupación irreal en mi cabeza saldré corriendo al gimnasio con la misma velocidad que si un cierre de mi ropa se quedara a mitad, todo sea por evitar una intoxicación de cortisol.

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