La final olímpica, una tarde compartiendo con las 24 mejores gimnastas del mundo unos aparatos que tienen grabados los cinco aros, hace justicia a una competidora tenaz como Roxana Popa, que a los 19 años ya había sufrido tres graves operaciones quirúrgicas de rodilla que casi acaban con su carrera.

Aunque terminó su participación en Tokio con gesto de enfado, tras una doble caída de las barras asimétricas que la dejaron en el puesto 22, Popa recupera con la final de hoy los grandes resultados que la convirtieron en su adolescencia en la gran promesa de la gimnasia española. La promesa está cumplida.

En el imponente estadio Ariake, Popa comenzó en la barra de equilibrios. Aunque estuvo algo insegura en las series, logró evitar la caída y fue puntuada con 11,700. Se situó en el puesto 23.

En suelo, una coreografía plena de fuerza y de expresividad envolvió unas buenas acrobacias, con altura suficiente para aterrizarlas sin apuros (13,133).

Un 14,600 en salto, un Yurchenko con doble giro, le permitió escalar posiciones en la tabla hasta el puesto 16. Pero la caída en las asimétricas, en un cambio de la banda inferior a la superior, que se repitió al reanudar el ejercicio en el mismo segmento (12,100), impidió a Popa despedir con una sonrisa una participación notable, en la que se codeó con la élite.

España no acudía con un equipo completo a los Juegos desde Atenas 2004 y en su regreso metió a una gimnasta en la final. Popa siempre dijo que el sueño olímpico guiaba su carrera, pero que era un sueño “a la larga”. La espera se terminó.

La gimnasta nacida hace 24 años en Constanza (Rumanía) reside en España desde los seis.

Duodécima en los campeonatos del mundo de 2013 y decimotercera en los de 2014, pasó en menos de dos años por tres operaciones de rodilla que cortaron su progresión. La de octubre de 2016, a sus 19 años, le exigió un año de convalecencia que abordó “con las ansias del quiero y no puedo”.

Además de serle reconstruido el ligamento cruzado anterior con un injerto, se le hizo una plastia extraarticular para estabilizar mejor la articulación. Una doble intervención que el doctor Manuel Leyes, encargado de hacerla, comparó con “sujetarte el pantalón con cinturón y con tirantes, para asegurarte de que no se caiga”.

En su entorno, muchos pensaron que no merecía la pena tanta operación.

Durante el verano de 2018 hizo el curso de entrenadora. De repente, volvió a verse en un gimnasio, precisamente el escenario en el que menos quería estar porque suponía “revivir constantemente todo lo pasado”.

Comenzó a trabajar en su club, Los Cantos Alcorcón, con las niñas más pequeñas. El ambiente de este grupo y el apoyo de sus entrenadoras precipitaron el cambio.

Cuenta que surgió entonces la pregunta clave: “Teniendo una barra ahí…, ¿quién no se sube?”.

El siguiente gran paso fue su participación en la Liga Iberdrola “para echarle una mano al club, sin meta alguna, por disfrutar y por competir sin la presión de tener que clavarlo todo”.

En 2019, en su primera prueba internacional en tres años, logró una medalla de bronce en asimétricas. Fue convocada para los Mundiales de Stuttgart (Alemania), clasificatorios para estos Juegos de Tokio 2020. La plaza se consiguió y gracias a ello Popa está en Japón.

La rodilla “aguanta como una campeona”, aseguró, y tras acabar el concurso por equipos dijo que se ve en París 2024