Salvador Reza

Phoenix, Aztlán

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(Donde vive el espíritu de la verdad)

Los medios de comunicación acaban de anunciar la muerte de Colin Powell, general afro-descendiente de cuatro estrellas que llego a ser el secretario de defensa bajo el presidente George Bush y que justificó ante las Naciones Unidas la invasión a Irak utilizando la gran mentira de que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva.

Sirvió como consejero a Ronald Reagan, fue jefe del mando mayor de militares bajo George H.W. Bush para expulsar a Irak de Kuwait; sirvió como secretario de estado para George Bush hijo y después, desilusionado con los republicanos apoyó a Hillary Clinton y también a Barack Obama para presidentes.

Sus condecoraciones militares y su grado de general lo llevaron a ser uno de los privilegiados, de los escogidos; se dejó engañar o más bien engaño al mundo entero ante las naciones unidas.

Su discurso ante la ONU era para consumo público, la gran mayoría de los estados en las Naciones Unidas no se comían el cuento de las armas químicas y biológicas que podrían ser lanzadas a Israel, y quizás hasta Europa.

El desprestigio que sufrió su honor militar y su figura de hombre justo era algo que podía aceptar como sacrificio por la causa mayor; la destitución de Saddam Hussein y el trofeo de las reservas petroleras de Irak para Estados Unidos.

Al fin y al cabo jugó el rol de esclavo fiel, para quedar bien con el amo, el papel de esclavo, “para servir al patrón” es programado en las poblaciones provenientes de África o de pueblos indígenas por más de 500 años desde la invasión en 1492.

Dicen que el camino al infierno está sembrado de buenas intenciones y yo no dudo de las buenas intenciones de Colin Powell; ningún soldado entra al ejército con el propósito de ser maldito.

Muchos entran para escapar la pobreza en los barrios, en los ghettos y en el entrenamiento básico militar nos inculcan grandes esperanzas de salvar la “democracia” en el mundo entero, de proteger la “libertad” contra los comunistas o los terroristas musulmanes.

Nos inculcan que el enemigo son seres malos que quieren destruir el modo de vida en Estados Unidos y temer hasta nuestro propio pueblo. Y no lo digo porque me lo contaron, lo digo por mi propia experiencia.

Hoy en día pocos cuestionan el sistema político como lo hacían personajes de la talla de Malcom X, Kwame Toure o Mohammed Ali; ellos abiertamente decían que los vietnamitas no eran nuestros enemigos, que ningún vietnamita nos había esclavizado, que lo que nos mantenía en la discriminación y en la pobreza no eran los pueblos luchando para liberarse de estados unidos y otros estados europeos.

Los medio elevarán a Colin Powell como el ejemplo para  las “minorías” y los reclutadores lo utilizaran para reclutar más soldados al servicio del imperio; lo trataran de utilizar como un símbolo de lo que se puede lograr si te esfuerzas contra la adversidad y aun admitirán los errores de la esclavitud, sin decir que en realidad poco ha cambiado.

Las comunidades de descendencia africana siguen en su mayoría en la pobreza, la drogadicción, el desamparo aun con alcaldes afro descendientes o de extracción indígena mal llamados latinos, con jefes de policías afro descendientes, y en algunos casos mexicanos o mal llamados latinos.

Los medios de comunicación no nos dirán que el problema no es el individuo que se ilusiona en servir y progresar, tampoco dirán que el sistema capitalista engendra clases intermediarias provenientes de la comunidad.

Menos dirán que nos programan con la ilusión de que nuestros intereses son los mismos intereses del opresor y nos convierten en opresores de nuestro propio pueblo.

De esa clase intermediaria surgen generales, jefes de policía, alcaldes, y vice presidentes como Kamala Harris; los medios de comunicación nunca dirán que nos hemos convertido en administradores coloniales al servicio del mismo imperio que nos esclavizo.