Erika De la Cruz

La mayoría de las personas tenemos nuestros teléfonos 24/7 es muchas veces nuestra herramienta de trabajo y hasta cierto punto está bien, llamar por teléfono es algo tan natural y cotidiano que pocas personas son de verdad conscientes de que también existe el riesgo adictivo.

Pero de acuerdo al Instituto Nacional de Estadísticas el 46 por ciento de los niños que tienen entre 11 y 14 años tienen un teléfono.

Antes de comprar un smartphone a tu hijo hazte la siguiente pregunta: ¿De verdad lo necesita?

Y es que el teléfono se convierte en un entretenimiento constante más que en un objeto de uso práctico para llamar por un motivo concreto y mantenerse comunicados.

Si el caso es mantenerse en contacto, lo mejor es comprar al joven un teléfono sencillo que tenga únicamente las aplicaciones básicas para llamar y mandar mensajes importantes, pero sobre todo la comunicación.

Por otro lado tenemos que el precio de la factura del teléfono aumenta de una forma desorbitada, es mejor que los jóvenes tengan teléfono móvil de tarjeta y no de contrato. Así es más fácil limitar la cantidad de gasto.

La adicción al teléfono también muestra unos síntomas de alarma muy concretos:

La persona no deja el teléfono de lado, ni siquiera, cuando está en un plan de grupo. Es incapaz de centrarse en la conversación porque solo se centra en el aparato.

Para solucionar este tema, lo mejor de todo es que los padres, quiten el teléfono a sus hijos antes de ir al colegio, en el tiempo de estudio y antes de ir a dormir.

Y es que el adolescente no se separa del teléfono para comer, ir a clase o ir al baño y se convierte en una obsesión que altera su vida.

A modo de reflexión, conviene precisar que mientras que muchos padres compran un teléfono móvil a sus hijos para poder tenerles localizados y saber dónde están, pero en realidad, conviene retrasar la edad en la que el joven tenga su primer teléfono lo máximo posible.

Los adolescentes cuando quieren no estar localizados cuando están con sus amigos, apagan el teléfono y en ese caso, se produce un círculo paradójico y es que la ansiedad de los padres aumenta.

Es fundamental educar con criterio y no ceder ante el chantaje juvenil de “todos mis amigos tienen un teléfono inteligente”.

Antes de comprar un smartphone a tu hijo hazte la siguiente pregunta: ¿De verdad lo necesita?

¿Usted que piensa? Me gustaría saber su opinión.

¡Bendiciones!