Salvador Reza

Phoenix, Aztlán

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(Donde vive el espíritu de la verdad)

¿Qué es la vida? Las canciones mexicanas dicen que la vida es un sueño y la muerte el despertar. Lo que podemos estar seguros es que sí va a haber una transición, a veces despacio a veces rápido, dependiendo si tu cuerpo se descompone al aire libre, bajo tierra, o es quemado.

Sin embargo en el diario vivir nos creemos eternos y todo mundo consciente o inconscientemente busca la fama, el éxito y hasta el último momento busca ser recordado por su familia, por su comunidad, por su pueblo, por su nación y en ocasiones por el mundo entero.

Pocas veces intenta armonizarse con el viento, con el agua, con la tierra, con el fuego, los elementos que seguro sobrevivirán: Nuestro cuerpo será un puñito de tierra, nuestra sangre se volverá agua y se evaporará, el aire que nos da la vida nuestros pulmones simplemente volverá a la atmósfera y el fuego de vida que nos mantiene vivos se unirá al calor de la atmósfera.

Polvo eres y en polvo te convertirás, agua eres y en agua te evaporaras, aliento eres y en viento te convertirás, fuego eres y en calor te convertirás, todos enfrentamos nuestra mortalidad de diferente manera pero al fin y al cabo tenemos que enfrentarnos a la realización de que pobre o rico en bienes materiales desaparecerás para unirte otra vez con los elementos.

Es allí donde entran las religiones, miles de cultos y religiones han surgido tratando de interpretar el más allá, pero también son utilizadas para manipular, para controlar, para estafar a los fieles seguidores que buscan un alivio a la angustia del más allá.

Olvidan eso de que a “César lo que es del Cesar a Dios lo que es de Dios” y con la promesa del cielo la iglesia organizada acapara los diezmos y primicias, las jerarquías religiosas se hacen aliados con gobiernos, narcotráfico, millonarios, para exprimir con las promesas del más allá a todos aquellos que caen en sus redes.

La Fe se transforma a la Fe en el padrecito, en el obispo, en el pastor, que a través de la historia han conducido guerras santas, guerras cristeras, guerras musulmanas, guerras puritanas y todas en el nombre de Dios.

Al confrontar el paso de los años y al cumplir mis 70 vueltas a las estaciones del año uno empieza a preguntarse que es lo que valió la pena en la vida, se da uno cuenta que gran parte de la vida se pasa persiguiendo espejismos influenciado por fuerzas ajenas que no alcanza a comprender.

Por ejemplo el patriotismo, que en última instancia es otro tipo de religión que forma guerreros para defender los intereses del millonario; participé en las fuerzas armadas del imperio sin comprender que no luchaba ni por justicia, ni por libertad, ni por democracia: luchaba por los interese petroleros, mineros, usurpadores de la madre tierra.

Después luché por mejorar las condiciones deplorables de mi pueblo y terminé siendo utilizados por otros intereses del complejo no lucrativo (que de no lucrativo solo tiene el nombre); después luche por el bienestar de los jornaleros y me encontré una fuerte oposición gubernamental fomentada por el racismo organizado; después me dediqué a mejorar las condiciones del vendedor ambulante y me encontré con que los mismos males que aquejan a los que participan en el comercio capitalista aqueja a nuestra comunidad, puesto que al fin y al cabo nuestra comunidad se ha transformado en producto de la enajenación de la madre naturaleza.

Entre todas mis búsquedas, la mas verdadera fue ser parte de ceremonias indígenas que me reconectaron a mis raíces naturales, a los elementos de nuestra vida y a la espiritualidad ligada a esos elementos que te conectan con la creación. También se que al final solo quedara una vibración que estará en una gotita de agua, en la armonía del viento, en el crujir de un fuego, en el crecer de un árbol nutrido por la tierra.

Algunos la llaman alma y otros espíritu.