Jorge Mendoza Yescas, Cónsul General de México

El 25 de noviembre fue el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres y las Niñas y es una oportunidad para visibilizar y amplificar las voces de las víctimas, y unirnos para terminar con este problema de proporciones pandémicas.

Según las estimaciones más recientes, 1 de cada 3 mujeres mayores de 15 años ha sufrido, al menos una vez en su vida, violencia física o sexual por parte de la pareja, otro agresor o ambos. Esta cifra, que se ha mantenido constante durante la última década, no refleja el impacto de la pandemia de COVID-19, periodo en el que ha sido aún más difícil recabar información y denuncias. Las cifras serían ciertamente más elevadas si tomamos en cuenta otras formas de violencia como el acoso sexual y la violencia en contextos digitales (ciberacoso), que son igualmente, difíciles de medir.

La pandemia de COVID-19 acentuó factores de riesgo como el desempleo y la pobreza, y contribuyó a reforzar estereotipos de género y normas sociales nocivas. Según estimaciones de la ONU, es posible que 11 millones de niñas no retomen la escuela a consecuencia de la pandemia y se espera que las consecuencias económicas empujen a otros 47 millones de mujeres y niñas hacia la pobreza extrema en 2021.

Si bien las formas de violencia difieren según el contexto cultural y geográfico, en todo el mundo las mujeres y las niñas experimentan diferentes formas de violencia tanto en público como en privado y las mujeres más marginadas, incluidas las mujeres con discapacidad, las mujeres migrantes y refugiadas o las mujeres indígenas, por ejemplo, son todavía más vulnerables y enfrentan mayores dificultades para acceder a servicios de apoyo y a la procuración de justicia.

¿Cómo erradicar la violencia contra las mujeres en nuestra sociedad? Es indispensable contar con la participación de gobiernos, organizaciones de la sociedad civil, organizaciones internacionales, y el sector privado, para lograr las transformaciones necesarias: crear políticas públicas y leyes encaminadas a disminuir la desigualdad; ampliar los programas de prevención; incrementar la oferta de servicios integrales y accesibles para las sobrevivientes e impulsar los esfuerzos de organizaciones independientes de defensa y promoción de los derechos de las mujeres y su liderazgo.

Es igualmente importante transformar las formas de pensar y actuar como individuos. Revisar de manera crítica nuestros conceptos sobre el género, el respeto y los derechos humanos. Iniciar conversaciones sobre los roles de género a una edad temprana y cuestionar los rasgos y las características tradicionales asignadas a hombres y mujeres; así como hablar sobre el consentimiento y la rendición de cuentas a niñas y niños, nos ayudará a construir una cultura igualitaria y de aceptación y a lograr cambios fundamentales y duraderos a favor de las mujeres y las niñas.