Salvador Reza

Phoenix, Aztlán

srza@aol.com

602.446.9928

(Donde vive el espíritu de la verdad)

“Necesitamos hacer una huelga y no enviar a los niños a la escuela”, me dijo una maestra desesperada porque los distritos escolares en su opinión no estaban listos para el retorno a la escuela.

La pandemia la tenía aterrorizada porque iban a volver miles de estudiantes que se fueron de vacaciones por todos los rumbos de Estados Unidos y México y quien sabe cuantos vendrían contaminados del Covid.

Su argumento era que los administradores en algunos distritos ni siquiera requerían mascaras, menos distanciamiento social y tenían salones con hasta 30 estudiantes; pero su principal frustración era que en lugar de preocuparse por el bienestar de los niños y sus familias se preocupaban mas de sanciones económicas amenazadas por el gobernador Ducey.

Le pregunté que si cuantos maestros estaban dispuestos a salir en huelga y su contestación fue que estaban preocupados que los despidieran, que si nosotros podíamos convencer a los padres que sacaran a los hijos de la escuela.

A lo que le conteste: “Si ustedes no están dispuestos por miedo a perder el trabajo, los padres ven a la escuela como una especie de guardería que les permite trabajar. Sin los hijos en la escuela no podrán ir al trabajo. Es una especie de esclavitud moderna donde la salud de los niños es secundaria, aun si cuando pega la pandemia, son perdidas de trabajo por un par de semana si les va bien. Y si les va mal puede ser el despido final hacia el cementerio”.

Aparentemente sin trabajo no comen, los corren de la casa donde viven y mejor juegan a la ruleta rusa del Covid con sus diferentes calibres Delta, Omicron, Calibre 19.

De paso, algunos ni siquiera se vacunan porque los Republicanos bajo Donald Trump sacaron teorías extraterrestres de programación genética que los convertiría en clones de Joe Biden o Hillary Clinton; aun si su gran líder fue el primero en vacunarse después de visitar el hospital con Covid, no se salvo ni a pesar de tener los mejores doctores, pero el lavado de cerebro ya esta allí y aun en la cama entubados juran que lo de la pandemia es un invento de Joe Biden.

Los demócratas por otro lado con su timidez no retan con fuerza las medidas que salen de Doug Ducey, siguen los mandatos estatales aun si ponen en riesgo la salud publica en las escuelas, los eventos deportivos, el transporte, es como si les hubieran quitado el valor humano y se rigen a leyes dañinas que ponen en peligro hospitales, cabildos, gobiernos estatales.

En una época de elecciones todavía estamos esperando el Candidato que rete públicamente a Doug Ducey y lo acuse abiertamente de poner en peligro la vida de miles de seres humanos; estamos esperando el candidato que se comprometa a poner la vida del ser humano en esta pandemia como prioridad mínimamente forzando mandatos de mascaras, distanciamiento social, y vacunación.

Esperamos que alguien como Marco López agarre el toro por los cuernos y se comprometa a poner la vida humana sobre la conveniencia política, algo difícil para cualquier político.

El pueblo está dispuesto a apoyar candidatos que enseñen que les importa más la vida humana sin descuidar el progreso económico, pero no a costa de vidas perdidas innecesariamente y es que no hay razón para no tener mandatos de máscaras, distanciamiento social y vacunación obligatoria para toda aquella persona que no sea alérgica a las vacunas.

Ya hemos perdido muchos amigos, familiares, y seres queridos por la negligencia criminal de gobiernos que alineados con Donald Trump les importa poco el sufrimiento humano.

La Pandemia no es un juego. Es una amenaza latente en cada hogar, cada comunidad, cada estado, en el mundo entero.