Salvador Reza

Phoenix, Aztlán

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(Donde vive el espíritu de la verdad)

El joven de la colonia Otay Mesa, de Tijuana, salió apresurado del salón de clases de inglés. El ya no quería seguir jugando, me percate por su rostro que estaba molesto por eso lo seguí y lo observe sacar de su automóvil un cuchillo que brillaba en el atardecer de San Diego, California.

Se lo metió en el cinto y volvía apresurado al salón de clase donde un sacerdote misionero con tendencias de Teología de la Liberación jugaba el juego del PODER. Un juego diseñado en los 60’s por académicos radicales para enseñar en las universidades a los estudiantes como trabaja la política y el poder político; antes de entrar al salón de clases lo intercepte y le pregunte: “¿Qué vas a hacer con ese cuchillo?” a lo que me contestó.

“Voy a filerear a ese pinche padrecito ¿Por qué nos insulta y nos habla así? Yo no le aguanto eso a nadie. Me vale madre que sea padrecito. Usted no nos trata así maestro”.

Daba mis primeras clases en el Barrio Logan, de San Diego, el barrio de donde los Arellano Félix reclutaban sus sicarios de la Pandilla de Logan Heights alrededor del Chicano Park, famoso por sus murales erectos en protesta a que la ciudad quería poner una estación de policía abajo del puente.

La comunidad se organizo y tomo el parque hasta que lo convirtió en un lugar cultural donde la comunidad danzaba, tenía fiestas y construyeron una escuela de adultos en lugar de una estación de policía.

“¡No! -le dije- mejor organiza a tus compañeros y quítenle al padrecito los $50 dólares que tiene allí como gancho. Dame el cuchillo”.

Mejor se devolvió al carro y lo guardó; cuando volvió se reunió con su grupo y se lanzaron a capturar los $50 dólares que el padrecito había colgado del pizarrón como carnada capitalista para el juego del PODER.

Al ver el levantamiento el padrecito rápidamente agarro el billete y se lo metió a la bolsa y al ver que los estudiantes estaban por lincharlo para quitarle el dinero el padrecito quiso salir corriendo a lo que me le interpuse y le dije.

“No te vas a ir y dejar la víbora chillando. Explícale lo que estabas tratando de hacer. Este no es un seminario o una universidad donde tu estás impuesto a impartir esta clase. Para esta comunidad lo que tu hiciste no es un juego. Es algo que viven día a día”.

El juego se trata de intercambiar símbolos círculos (clase baja), diamantes (clase media), Cuadrados (clase alta) tener tres rondas de intercambio donde todos se saludan, pero no pueden soltar la mano hasta que intercambien los símbolos dados al azar.

Eventualmente los cuadrados se quedan en un grupo, los diamantes en otro, y los círculos en otro; cada símbolo tiene un valor numérico monetario el cual se borra después de cada ronda y al final nunca se acumulan puntos solo símbolos de poder.

A los círculos se les insulta y se les encarcela en una cárcel imaginaria, se les asigna barrer, trapear etc; a los diamantes como burócratas se le pone en trabajos de gobierno, oficina y los cuadrados se les trata con honra como ingeniero, doctor, executivo de empresas.

Pero al final nadie gana porque nunca se ganan el premio porque después de cada ronda se borran los puntos y siempre cambian las reglas del juego; es un juego que refleja la realidad y concientiza sobre las reglas de la política capitalista del poder. Sin embargo, para el pueblo que lo vive día a día es una cruel burla donde las posibilidades de violencia son reales; en esta época electoral vale la pena reflexionar que en realidad el Capital como el Casino, nunca pierden.

Como lo estamos viendo cambian las leyes para mantener el poder y aquél que piensa que penetrando las clases altas lo puede cambiar le espera una gran desilusión; al final de cuenta el intento de organización en ese juego fue lo único que puse en jaque al sistema.

Es algo que no esperan de un pueblo manipulado, engañado y enajenado.