En 1431 Juana de Arco fue quemada viva en la hoguera de la plaza del Mercado Viejo de Ruán, en Francia. Esto tras haber sido capturada por el duque de Borgoña el 24 de mayo de 1430, para ser vendida después a los ingleses.

Juana de Arco fue conducida hasta Ruan donde un tribunal eclesiástico la juzgó y acusó de brujería y herejía, afirmando que las voces que ella siempre dijo escuchar no eran de los santos ni de Dios, sino del diablo.

El proceso duró tres meses y fue declarada culpable de los cargos de brujería y herejía el 25 de mayo de 1431.

Fue un juicio que no dejó opciones de defensa a la acusada y además se basó en argumentos débiles y sin fundamento.

Asimismo, Carlos VII, a quien había ayudado a conseguir el trono, no hizo nada por ayudarla. Ante la reafirmación de Juana de que las voces provenían de Dios y la ausencia de ayuda por parte del rey francés, la líder militar moriría quemada en la hoguera un día como hoy de 1431, a la edad de 19 años, en la plaza del mercado de Ruan.