Corría el año 2007 cuando un suceso violento enlutó a toda una comunidad en el Oeste de Phoenix y acaparó la atención de los medios de comunicación.

Se trató  del brutal asesinato de dos jovencitos en el restaurante Subway de la Avenida 43 y McDowell donde trabajaban; Guillermo Guzmán de 16 años y Rafael Encinas de 17, fueron ultimados a balazos por 3 sujetos de casi su mismo edad con un rifle de asalto AK-47 conocido como “cuerno de chivo”.

La agresión cuyo móvil fue un asalto fue por demás salvaje, pues a las víctimas las ultimaron a mansalva con un fusil de alto poder utilizado los campos de batalla.

“A mi hijo y su amigo los mataron con un AK-47, no tuvieron ninguna oportunidad, el ataque fue salvaje y brutal”, expresó José Guzmán, padre de Guillermo, al recordar que los asesinos, quienes inicialmente fueron condenados a 50 años de cárcel pero les redujeron la pena a la mitad por maniobras de su abogado, eran conocidos entre sí con las víctimas, pues habían asistido a la misma preparatoria.

En pie de lucha

Poco después de la tragedia, Guzmán fundó la organización “Padres y Parientes de Víctimas del Crimen”, enfocada principalmente en orientar y dar apoyo a familiares de jóvenes asesinados, pero también para buscar que se restrinja la venta de armas de alto poder y no lleguen a manos de cualquier desequilibrado mental.

Desde entonces ha sido una lucha constante que lo ha llevado a presentarse en foros y en programas de televisión nacionales, donde comparte cómo ese acontecimiento marcó para siempre su vida y la de su familia.

“Es un dolor que no se puede describir y no es fácil de superar, todavía le lloro a mi hijo, sobre todo cuando pasan tragedias como la de Uvalde, Texas, al ver el dolor de esos pobres padres y madres”, expresó el hoy activista social.

Guzmán incluso ha dado su testimonio ante congresistas y senadores en el Capitolio de la nación, a quienes les ha pedido que dejen sus intereses a un lado y que hagan algo para que haya un mayor control de armas de asalto que en su opinión son fáciles de obtener tanto legalmente como en el mercado negro en Arizona.

Dijo: “Tenemos que presionar a los congresistas y senadores, que dejen a un lado el lucro, el dinero que reciben para sus campañas políticas de parte de grandes corporaciones de armas como la Asociación Nacional del Rifle”.

El entrevistado subrayó que en las calles de Arizona abundan las armas ilegales, incluso de las de alto poder como los rifles AK-47 y R-15, que los delincuentes e individuos violentos pueden adquirir por cantidades irrisorias; recordó que el fusil que utilizaron los asesinos de su hijo lo adquirieron en la calle por $100.

José Guzmán insistió que corresponde a los legisladores federales en Washington, así como a los locales de cada estado aprobar leyes para de una vez por todas regular la venta de armas y poner un alto esa ola de tiroteos que azotan a la nación.

También se pronunció porque endurezcan las penas a nivel federal y estatal contra los traficantes de armas que las venden en la calle a cualquiera, incluso a menores de edad, lo cual pone en grave riesgo a toda la comunidad.

Tras reiterar su apoyo a los padres y familiares de víctimas del crimen, el activista aseguró que seguirá en pie de lucha hasta lograr que se controle la venta indiscriminada de armas de manera legal, y para exigir a las autoridades que dejen de hacerse de la vista gorda ante el tráfico de las pistolas y rifles en las calles de Arizona.

El número de “Padres y Parientes de Víctimas de Crimen”, para solicitar ayuda es (602) 246-1335.