Salvador Reza

Las elecciones y la ilusión de la democracia son dos caras de la misma moneda, para el iluso hipnotizado a través de la repetición desde kínder hasta la escuela superior, el que gana es el que es elegido por el pueblo democráticamente.

Pocas veces nos sentamos a analizar como es que la mayoría de las veces el que gana es el que tiene más dinero, o al que le dan más dinero para que promueva o defienda intereses multimillonarios.

Cuando estaba estudiando ciencias políticas en la universidad un maestro nos pregunto que “¿Si la democracia existía?” A lo que le conteste: “Las elecciones miden que tan bien trabajo el lavado de cerebro por un partido o por el otro después de invertir sumas millonarias en anuncios, para influenciar las mentes de los votantes”. No es coincidencia que muchos de los candidatos para presidente son estrellas de cine como Ronald Reagan, o pudieran haber sido, como fue el caso del presidente Kennedy, Barack Obama, o personas popularizadas por la televisión como es el caso de Donald Trump y algunos de sus seguidores que han estado expuestos a la población a través de Radio o Televisión como es el caso Kari Lake, en Arizona.

En las elecciones intermedias, los candidatos republicanos se concentran en satanizar al migrante para obtener votos de aquellos que culpan al migrante de todos sus problemas, es algo que viene siendo fomentado desde el fin del programa bracero en los 60’s hasta hoy.

El lavado de cerebro es tan efectivo que reclutan a millones de jóvenes a morir en tierras inhóspitas para traer el sueño de la democracia a lugares como Irak, Siria y ahora Ucrania, donde morirán miles más entre dos doctrinas económicas sociales ficticias, la democracia estadounidense versus el socialismo ruso.

La democracia es la herramienta de los sistemas capitalistas para promover intereses económicos corporativos y de las elites y el socialismo es la llave de los sistemas autoritarios para moldear las masas a una ilusión de igualdad inexistente en un mundo desigual donde surgen élites bajo la dictadura de estados con intereses de grupos que manejan la economía supuestamente para el bien de la población.

¿Dónde quedamos los de abajo, los pueblos común y corrientes? Estamos forzados a jugar el juego si queremos algo de influencia en las decisiones venideras sobre migración, precios de artículos de primera necesidad, gasolina, etc.

Primero que todo tenemos que quitarnos la venda de los ojos que el candidato tal por cual nos va a salvar y analizar como pueblo el como podemos influenciar a tal por cual, sabiendo bien que la presión de los intereses corporativos va a ser dominante en cualquiera de los candidatos y ejercer presión constante en el que sea elegido independientemente de su estirpe político.

El burro democrático o el elefante republicano son animales al servicio de los grandes intereses, pero no hay que olvidar que esos intereses viven gracias al lavaplatos, al jornalero, al mecánico, al cocinero, al yardero, al chofer, al electricista, etc.

Hay que organizarnos en pequeñas células de comités de familias y votar por el que puedes influenciar; hoy en día aquí en Arizona en la lucha por Gobernador hay un candidato que esta dispuesto a escucharnos, aun si reconocemos que las fuerzas corporativas también tendrán mucha influencia sobre él.

Marco López viene de la frontera de Nogales y ha estado en las entrañas del poder, pero al menos tendríamos acceso, algo que ningún otro candidato nos daría.

¡Eso si¡ Sin olvidar todo lo que dije sobre la ilusión democrática.

¿O acaso todavía creemos en Santa Claus?