Pese a sus protestas, los residentes de Las Casitas podrían ser desalojados luego que el predio que ocupan fue vendido y esperan próximamente conocer su destino.

Los residentes del complejo de casas móviles Las Casitas, de la 18 avenida y Buckeye, en la zona sur central de Phoenix, ven cada vez más cerca su desalojo de ese sitio donde varios han vivido hasta por casi 3 décadas; a pesar de sus esfuerzos y de quienes los defienden, se han dado cuenta que el empresario que adquirirá dicho predio está en todo su derecho de sacarlos dentro de unos meses, ya que legalmente nadie se lo puede impedir.

Se trata de 50 familias mexicanas en su mayoría, del municipio de La Piedad, perteneciente al estado de Michoacán, con niños pequeños, personas de la tercera edad y algunas con enfermedades crónicas y discapacidades.

“Estamos desesperados, desanimados, parece que en este país como en todas partes lo que cuenta es el dinero”, dijo afligida la señora María Ramírez, quien vive ahí desde hace 20 años con su esposo y 4 hijos.

Por su parte Arnulfo Ramírez señaló: “Ya protestamos, ya fuimos a la Ciudad, ya hablamos con un diputado (Marcelino Quiñonez) y con un concejal (Carlos García), y ellos están con nosotros, nos apoyan, pero parece que no hay nada que detenga a este señor que va a comprar el terreno y nos va a correr de aquí”.

Cabe subrayar que, en efecto, tanto el representante estatal Quiñonez como el concejal García han estado visitando y reuniéndose con estas familias que viven con la amenaza latente de ser desalojadas por el dueño de una subasta de autos aledaña al terreno donde se ubican sus trailas, pues está tratando de adquirir el predio para expandir su negocio.

Los residentes de esas trailas conocidas como Las Casitas argumentan que donde viven es zona residencial y, por tanto, no deben establecerse ahí negocios de vehículos ni otros que causan contaminación; sin embargo, debido a que las leyes municipales, estatales y del condado son ambiguas y confusas, todo parece indicar que quien tiene poder económico puede lograr que se modifiquen las zonas residenciales para transformar zonas residenciales en comerciales y hasta industriales, que es lo que al parecer esta sucediendo en este caso.

Las familias afectadas alegan que no tienen a donde ir porque sus trailas ya son muy viejas y es imposible trasladarlas a otro lado y en segundo lugar sus ingresos no les alcanzan comprar otra casa móvil o rentar un apartamento, donde el alquiler oscila entre los $1,500 y $2,000.

Sigue la lucha

Al cierre de esta edición Salvador Reza, dirigente de los Comités de Defensa de los Barrios, anunció otra protesta frente a las instalaciones de Dealers Auto Auction of the Southwest, cuyo propietario es el que está a punto de comprar el terreno donde se encuentran Las Casitas.

“Parece que es un hombre muy poderoso, con mucho dinero, y aunque se dice que ‘con dinero baila el perro’ nosotros no nos daremos por vencidos y seguiremos peleando hombro a hombro con estas familias”, dijo el activista.

Acusa al empresario de querer convertir el vecindario en una área tóxica peor de lo que ya es, y convertir la propiedad donde tiene subasta de carros en Zona A-2 para meter hasta yonkes, basureros, y hasta desechar tóxicos.

Salvador Reza remata: “Los residentes de Las Casitas han estado peleando ante la Ciudad de Phoenix para que no se le permita. Eso lo ha encolerizado aun más y está dispuesto a pagar 3.2 millones de dólares en una propiedad evaluada para los impuestos en medio millón con tal de desalojar niños, ancianos, familias enteras”.

El activista acusa que no tiene la culpa el millonario, “sino las leyes que no protegen áreas residenciales donde se ubican los Mobile Home Parks en el estado de Arizona, en el Condado Maricopa, y la Ciudad de Phoenix”.

Señala que las zonas de la ciudad de Phoenix protegen áreas residenciales y tienen todo tipo de clasificación para protegerlos de incursiones por parte de inversionistas o corporaciones que las quieren invadir; sin embargo, los  parqueaderos de casas móviles no tienen ninguna protección. Puede llegar un inversionista comprar la tierra donde rentan el espacio y dentro de seis meses desalojarlos a las cuatro direcciones; ya después hacer con el espacio lo que le parezca.