‘Karina’ fue secuestrada, golpeada y torturada por buscar a personas desaparecidas en México, pidió asilo a Estados Unidos pero se lo negaron. Foto: Colectivos de México
En México, las personas desaparecen. Madres, padres, hermanos, parejas se quedan sin saber a dónde se fueron sus familiares, quién se los llevó o qué sucedió con ellos. En los últimos años, las cifras han aumentado, por lo que comenzaron a crearse grupos que se dedican a buscarlos, ante la falta de apoyo y competencia de las autoridades.
‘Karina’, a quien llamaremos así, por cuestiones de seguridad, formó parte de estos colectivos integrados por los familiares de las y los desaparecidos. Ahora se enfrenta a una encrucijada legal, pues su vida corre peligro, ya que el gobierno de Estados Unidos, recientemente le negó el asilo y le envió una orden de deportación.
Después de que su pareja fue privada de su libertad, ella se dedicó por varios años a encontrar personas hasta debajo de las piedras. No dudó en trabajar bajo el sol del desierto en Sonora, con picos y palas para desenterrar cuerpos y devolverles la paz a sus familias, así como una sepultura digna.
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Aunque nunca encontró a su pareja, ella sentía que estaba haciendo algo bueno por otras personas y continúo en los colectivos por aproximadamente cuatro años.
“Yo también sentía mucha paz al encontrar restos de otras personas y me fui involucrando más en la búsqueda de personas desaparecidas”, relató en entrevista con Prensa Arizona.
“Me golpearon y me torturaron”
Su labor con los colectivos la llevó a vivir el capítulo más oscuro de su vida. Fue privada de su libertad en su casa y estuvo en cautiverio cinco largos días.
El calvario inició cuando tres hombres armados irrumpieron en su hogar y la subieron a un automóvil a la fuerza.

En el camino, ella, con los ojos vendados, escuchaba las peores palabras que alguien le puede decir: te vas a morir.
A pesar de ello, ‘Karina’ se mantuvo firme y en paz, porque sabía que ella estaba haciendo lo correcto, buscar personas desaparecidas y regresarlas a sus familias.
“Me dijeron que me iban a matar, me dijeron que me callara. También preguntaba por qué no lloraba, que si por qué no pedía por mi vida y yo les decía que no, porque yo no estaba haciendo nada malo. Yo no les debía nada a ellos”, recordó.
El motivo de su secuestro se lo hicieron saber sin rodeos. Era su labor de búsqueda en los colectivos. A pesar de que nunca había recibido amenazas directas contra ella, el grupo en el que participaba sí, así como la misma líder, con quien era muy cercana.
“Yo nunca había recibido amenazas, pero sí el colectivo y la líder y yo era muy cercana a la líder, siempre andaba con ella, siempre le manejaba y pues por ende yo también corría peligro”, expresó.
Los criminales que la privaron de su libertad le señalaron que era por “meterse en lo que no le importa”, es decir, en buscar a las víctimas de los delincuentes, enterradas en fosas clandestinas.
Después de conducir por un tiempo, fue llevada a un lugar alejado, donde la golpearon y la torturaron por cinco días. Ella no sabía que iba a ocurrir o cuándo la iban a matar, pero se sentía tranquila en que hacía una buena labor y no se arrepentía de ello.
“Me sentía tranquila, obviamente con la incertidumbre de que no sabes qué va a pasar. Desgraciadamente estás en las manos de ellos, con un mal golpe te pueden matar. Ellos siempre están drogados, no sabes qué va a pasar”, lamentó.
Sin mencionarle una palabra, la volvieron a subir a un automóvil, condujeron a su casa y la dejaron ahí, golpeada, pero con vida.
Ella considera que la presión social que se hizo con su secuestro fue la que le salvó la vida. Tras darse a conocer que había sido privada de su libertad, la noticia se corrió por todo el país y autoridades también colaboraron con su búsqueda, así como sus compañeras del colectivo y su líder.
“Hay muchas personas que les agradezco mucho, que ayudaron en la divulgación de mi ficha de búsqueda. También hice muchas amistades con policías, guardias nacionales, durante las búsquedas, entonces les agradezco su participación porque lo hicieron de corazón”, agregó.

Escapar a EU para pedir asilo
A pesar de que los criminales la dejaron regresar a casa con vida, ella sabía que a partir de ahí nada sería igual.
Al dejarla libre, los sicarios le advirtieron que tenía que irse de su ciudad y nunca más regresar o habría consecuencias.
“Me dijeron que no dijera nada de mi secuestro y que me fuera de ahí, que me fuera de mi ciudad, fue una amenaza directa: vete de aquí”
Por ello, “Karina” tomó las pocas pertenencias que podía, viajó a la frontera con Estados Unidos y pidió asilo.
Aunque primero ingresó al país ella sola, con el tiempo pudo traer a sus hijos consigo, quienes también corren peligro en México.
A pesar de que ella hizo el trámite de manera correcta y como se le solicitó, después de varios años de vivir en el país, su asilo le fue negado.
Recientemente, la madre recibió una orden de deportación, algo que considera injusto, pues ella tiene un caso sólido y si regresa a México, sería su sentencia de muerte.
“Yo hice las cosas como me lo pidieron. Aquí también hemos vivido correctamente, no tengo ningún récord criminal, solo quiero estar tranquila con mi familia, solo queremos vivir tranquilos”, resaltó.
“Karina” señaló que la mayor impotencia es que ella no pudo hablar directamente con la jueza, sino que tuvo que usar a un intérprete, por lo que considera que no se presentó bien su caso o no se pudo contar su historia y el peligro latente de regresar a México.
Para ella y su familia, regresar a su país no es una opción. La amenaza sigue ahí, los grupos criminales siguen ahí y ninguna autoridad la podrá proteger, como no lo hicieron anteriormente.
“Desgraciadamente la delincuencia es un cáncer y está donde sea. Hasta en las corporaciones policiacas hay policías corruptos que colaboran con los criminales. No estoy a salvo en México”, enfatizó.

Un llamado de apoyo a la comunidad
Debido a su situación crítica, “Karina” pidió el apoyo de la comunidad, especialmente de algún abogado de inmigración que pueda ayudarla con su caso, con el fin de que pueda permanecer en Estados Unidos, fuera de las manos del crimen organizado.
“Que me den una oportunidad a de estar aquí legalmente porque yo hice mis trámites, hice todo mi proceso conforme a la ley, conforme a lo que es cada paso. Nunca falté a mis cortes, nunca falté a mis citas. No sé en qué fallé”, expresó.
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Aunado a la situación económica, especialmente en la comunidad latina, ante el aumento de redadas y operativos, la madre de familia no cuenta con trabajo y ya no pudo costearse el servicio de un abogado, aunado a los gastos que tiene para dar de comer a sus hijos y pagar la renta y los servicios.
“Ya no pude seguir costeando al abogado, ya no puedo más ahorita como está la situación que no hay trabajo”, dijo.
La madre de familia pide una oportunidad de seguir resguardada del peligro en este país, en donde ha respetado todas las leyes. Ella solo quiere seguir viva, trabajar y mantener a su familia.
De igual manera abrió una página en GoFundMe para recibir donaciones de quien quiera apoyarla para costear su defensa legal para permanecer en el país y no ser deportda a México, donde su vida corre peligro.












