A diferencia de las entregas previas, en esta cinta los zombis o infectados dejan de ser la amenaza principal. CORTESIA: Sony Pictures
Enrique González / Cinexperto
La saga de 28 Days Later, que marcó un antes y un después en el cine de terror moderno desde su inicio en el 2002, regresa con una secuela que lleva la brutalidad y el terror psicológico a un extremo inédito.
En esta ocasión la cinta que lleva por nombre 28 años después: El templo de los huesos es dirigida por Nia Dacosta y escrita por Alex Garland, y de forma inmediata su narrativa recoge las piezas claves del filme anterior y la convierte en un tapiz oscuro de violencia ritual derivada de un fanatismo religiosos y horror íntimo.
A diferencia de las entregas previas, en esta cinta los zombis o infectados dejan de ser la amenaza principal y es que su realidad esta conducida bajo una narrativa que nos lleva a descubrir algo mucho más aterrador, una secta conocida como los Jimmys que fue adaptando un modo de supervivencia donde la violencia se convierte en un dogma.
Este grupo vive la crueldad como parte de un ritual mezclando creencias religiosas distorsionadas con un sadismo fanático que de cierta forma se asemeja a aquellos cultos que surgieron durante el siglo XX.
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Irónicamente el nombre de Jimmy lleva un significado cultural en Inglaterra que hace referencia a Jimmy Savile una figura publica que fue envuelta en escándalos que marcaron la memoria colectiva del país.
Desde los primeros minutos pone a prueba al espectador mostrando una violencia explicita.
Según la producción no se trata de presenciar un gore gratito, sino de violencia ritualizada que forma parte de ciertas escenas como una iniciación, torturas y sacrificios que pueden ser incomodos, pero al mismo tiempo están diseñados para desestabilizar y confrontar al espectador.
Sin embargo, la magnitud de su estética dentro de la producción es igualmente potente ya que podremos presenciar paisajes desolados y templos de huesos humanos que definen un reencuentro con el alma.
Las actuaciones elevan aun mas el desarrollo de la película. Ralph Fiennes nos entrega una de sus actuaciones más memorables, combinando una melancolía que sostiene un tono dramático y poético.
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Mientras que literalmente el otro extremo esta representado por el actor Jack O’Connell donde domina cada escena de una manera terrorífica.
Alfie Williams el joven Spike es nuestra conexión con el mundo de la inocencia que también representa la conexión con la película anterior y por último un Infectado Alpha que funciona como espejo moral del mundo que ha queda en pie.
28 años después: El templo de los huesos marcara el uso inteligente de la violencia como herramienta narrativa y la forma en que una película que explora el fanatismo y la desesperación humana en medio del apocalipsis.
Una obra cinematográfica que desafía al espectador a mirar más allá del horror superficial.












