La crueldad de los operativos de ICE liderados por Gregory Bovino alcanzó su punto más crítico en Minneapolis, Minnesota. CORTESIA: Gregory K. Bovino / Facebook
Gregory Bovino, el comandante de la Patrulla Fronteriza que personificó las redadas migratorias más agresivas de la administración Trump en ciudades como Los Ángeles, Chicago y Mineápolis, anunció su retiro a finales de marzo tras una carrera de 30 años.
Su salida ocurre en medio de investigaciones por las muertes de Renee Good y Alex Pretti, ambos ciudadanos estadounidenses abatidos por agentes bajo su mando.
Bovino se convirtió en el símbolo de la estrategia “girar y quemar” para acumular arrestos migratorios, una táctica que consistía en golpear múltiples ubicaciones sin descanso.
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En Los Ángeles, sus agentes rompieron vidrios de vehículos y patrullaron a caballo el MacArthur Park, mientras en Chicago lanzó gas contra manifestantes en el barrio Little Village.
La crueldad de sus operativos alcanzó su punto más crítico en Mineápolis, donde el 7 de enero agentes de ICE mataron a Renee Good, madre de familia, y el 24 de enero asesinaron a Alex Pretti, enfermero de 37 años que protegía a una mujer empujada por los federales; las cámaras mostraron a Pretti con las manos vacías, inmovilizado en el suelo, recibiendo cuatro disparos por la espalda.
Bovino, lejos de asumir responsabilidad, difundió mentiras: calificó a Pretti de terrorista que buscaba “masacrar” agentes y dijo que el objetivo del operativo tenía un historial criminal grave; el Departamento de Correcciones de Minnesota desmintió ambas afirmaciones, aclarando que el individuo buscado solo tenía faltas de tránsito menores.
Su estilo provocador y su desprecio por la verdad quedaron documentados en múltiples incidentes. En Chicago, un juez federal determinó que Bovino mintió al justificar el lanzamiento de gas contra manifestantes, afirmando que le habían arrojado piedras cuando los videos mostraban lo contrario.
En Mineápolis, llegó al extremo de quejarse porque un fiscal judío ortodoxo no trabajaba en sabbat, usando lenguaje ofensivo sobre el “pueblo elegido”, lo que desencadenó una investigación interna por antisemitismo; el Departamento de Seguridad Nacional investiga si hizo comentarios despectivos sobre la fe judía.
El Departamento de Seguridad Nacional enfrenta ahora múltiples demandas millonarias por estos abusos. La familia de Pretti presentó una querella por homicidio injustificado, mientras abogados de Good exigen 50 millones de dólares por su muerte; en Chicago, activistas preparan una demanda colectiva por el uso indiscriminado de gas.

El fiscal del condado de Hennepin anunció una investigación criminal que podría resultar en cargos contra los agentes involucrados, examinando 17 casos de abuso documentados entre enero y marzo; un juez federal emitió una orden restrictiva prohibiendo destruir evidencia relacionada con la muerte de Pretti.
Bovino anunció su retiro a través de Breitbart News, calificando su carrera como “el mayor honor de mi vida” y elogiando a Kristi Noem como “la mejor secretaria para la que he trabajado”; sin embargo, fuentes internas revelaron que decidió “saltar antes de ser empujado”, pues enfrentaba investigaciones internas y una investigación criminal inminente.
En Mineápolis, la comunidad mantiene vigilias permanentes en honor a Pretti y Good, con temperaturas bajo cero y la determinación de no olvidar a sus vecinos asesinados. Evan Freese, profesor que cuida el altar de Pretti, declaró: “La salida de Bovino es un gran paso, pero las protestas no se detendrán. Queremos justicia”.
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La familia de Pretti, en un comunicado desgarrador, calificó las mentiras oficiales como “repugnantes y asquerosas” y pidió al país que examine los videos y “diga la verdad”; mientras tanto, los agentes que dispararon continúan en servicio activo, sin enfrentar consecuencias por sus acciones.
El legado de Bovino quedará marcado por la violencia desmedida y la desinformación; su retiro no cierra los casos de las víctimas ni responde a las demandas de justicia de las comunidades que sufrieron sus operativos, especialmente en Mineápolis, donde dos familias lloran a sus seres queridos asesinados por agentes federales.












