La fuente más probable del parásito Cyclospora cayetanensis, vinculado epidemiológicamente con la lechuga iceberg rallada servida en restaurantes Taco Bell. CORTESIA: Gemini
El brote de ciclosporiasis que ha enfermado a más de 1,600 personas y hospitalizado a 94 en al menos cinco estados del Medio Oeste ha reavivado el debate sobre la capacidad de respuesta del gobierno federal, luego de que exfuncionarios de salud y legisladores demócratas señalaran directamente a los recortes del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE, por sus siglas en inglés) como un factor que habría debilitado la vigilancia epidemiológica.
La investigación de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) apunta a Taylor Farms, uno de los mayores productores de ensaladas y vegetales frescos de Norteamérica, como la fuente más probable del parásito Cyclospora cayetanensis, vinculado epidemiológicamente con lechuga iceberg rallada servida en restaurantes Taco Bell.
Hasta ahora, la FDA identificó un falso positivo de laboratorio en una muestra inicial, pero mantiene que la evidencia epidemiológica sigue señalando a la cadena de suministro de Taylor Farms desde sus operaciones en México, sin que exista una conclusión definitiva.
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La empresa retiró voluntariamente numerosos productos mientras la investigación continúa.
Los casos se concentran en Indiana, Kentucky, Michigan, Ohio y Virginia Occidental, aunque se investigan otros en estados adicionales; no se han reportado muertes.
La doctora Caitlin Rivers, del Centro Johns Hopkins para la Seguridad Sanitaria, advirtió en declaraciones a la prensa que “las personas con este parásito pueden estar enfermas durante semanas o incluso meses, con un patrón de recaídas que realmente debilita el organismo”.
La controversia política se encendió cuando el doctor Joel Barratt, exjefe de vigilancia doméstica de la División de Enfermedades Parasíticas y Malaria de los CDC, reveló a CNN que su equipo fue reducido de once a tres personas tras los recortes de DOGE, y que casi 30 millones de dólares en financiamiento desaparecieron con la liquidación de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).
“La respuesta se está viendo obstaculizada por la pérdida de personal especializado y la falta de manos para identificar la fuente del brote”, afirmó Barratt.
El senador Jon Ossoff (demócrata de Georgia) envió una carta al secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., en la que calificó de “tonta y autoindulgente demolición de programas críticos de salud pública” la gestión de DOGE y preguntó por qué se había cancelado la vigilancia del parásito en la Red de Vigilancia Activa de Enfermedades Transmitidas por Alimentos de los CDC.
La Casa Blanca no ha respondido directamente a esas preguntas, limitándose a señalar que la administración está comprometida con la investigación exhaustiva del brote.
La crisis de la ciclosporiasis ha puesto al descubierto, según los críticos, el costo de haber pasado la motosierra por las agencias científicas federales sin un análisis de las consecuencias.
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Mientras los CDC mantienen las recomendaciones de cocinar las frutas y verduras a una temperatura interna de al menos 70 grados Celsius y de evitar alimentos como la lechuga y las mezclas de ensaladas en poblaciones vulnerables, la pregunta que flota en el ambiente no es solo cuándo se identificará la fuente definitiva, sino si un sistema de salud pública menos diezmado habría podido hacerlo más rápido y con menos enfermos.











