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Venezuela: A los tiranos también se les acaba el corrido

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“La impunidad es como la mentira: puede durar años, pero siempre termina cayéndose.”

Durante este fin de semana, el mundo despertó con una noticia que durante años parecía imposible: Nicolás Maduro fue capturado y trasladado a Estados Unidos para enfrentar cargos federales en Nueva York, junto con su esposa Cilia Flores, también señalada por autoridades estadounidenses.

No escribo esto desde la frialdad del análisis geopolítico, sino desde una convicción personal. Creo que hay momentos en los que la historia exige decisiones, no comunicados. Para millones de venezolanos que han vivido persecución, hambre, exilio y el colapso de un país rico destruido por una élite corrupta, esto no es solo política exterior. Es una señal. Es la ruptura, aunque parcial, de una impunidad que parecía eterna.

Desde mi punto de vista, Estados Unidos recordó algo fundamental que en años recientes muchos prefirieron olvidar: la fuerza, cuando se usa con precisión, con límites y con un objetivo legítimo, también puede servir a la justicia.

Cuando la confusión es cómoda

Me llamó especialmente la atención la entrevista en Face the Nation de CBS, donde la periodista Margaret Brennan cuestionó al Secretario de Estado Marco Rubio por no haber capturado a todos los integrantes del régimen venezolano buscados por la justicia estadounidense en una sola operación.

La respuesta de Rubio fue tan directa como necesaria:

“You’re confused? I don’t know why that’s confusing to you.”

Y coincido con él. Existe una desconexión preocupante entre quienes comentan estas decisiones desde un estudio de televisión y la realidad de lo que implica una operación de esta magnitud. Esto no es una serie ni una redada administrativa. Es una misión quirúrgica, con riesgos reales, donde cada decisión puede costar vidas.

Capturar al principal responsable sí importa. Importa moralmente. Importa estratégicamente. Importa como mensaje. La impunidad no es permanente, aunque durante años muchos apostaron a que sí lo era.

La crítica fácil y el costo ajeno

Como era previsible, no tardaron en aparecer las críticas. Que por qué no fueron más lejos. Que por qué no capturaron a todos. Que por qué no se hizo de otra manera. Es un libreto conocido.

Pero hay algo que siempre me incomoda: exigir perfección cuando no se asume ninguno de los riesgos. La operación provocó reacciones internacionales, reclamos de soberanía y un debate legítimo. Ese debate debe existir. Lo que no debe existir es la tentación de usarlo para relativizar décadas de represión o para convertir a un dictador en víctima.

  • Hipocresía política y memoria selectiva
  • En redes sociales circula una comparación incómoda, pero reveladora.
  • Obama autorizó la operación contra Osama bin Laden.
  • Obama intervino en Libia.
  • Biden autorizó el ataque que eliminó al líder de Al-Qaeda en 2022.

Ahora, cuando Trump captura a Maduro con vida y lo lleva ante la justicia estadounidense, algunos reaccionan con indignación.

No escribo esto para defender ciegamente a un presidente u otro. Lo escribo porque la indignación selectiva también erosiona la credibilidad moral. Si vamos a cuestionar el uso del poder ejecutivo, hagámoslo con el mismo estándar, sin importar quién firme la orden.

Venezuela no es una teoría, es gente real

Para muchos analistas, Venezuela es un tablero geopolítico. Para mí, y para millones más, es algo mucho más humano: familias separadas, presos políticos, niños creciendo lejos de su país, dignidad herida.

Las reacciones dentro del país han sido mixtas: esperanza, miedo, incertidumbre. Y es lógico. Lo más difícil no fue este fin de semana. Lo más difícil empieza ahora. Evitar el caos, proteger a los civiles y lograr que este momento no sea solo simbólico, sino verdaderamente transformador.

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La diferencia entre justicia y venganza

No celebro el caos ni la improvisación. Celebro el orden. Celebro la ley. Y celebro la autoridad cuando se ejerce con responsabilidad.

Eso implica algo muy claro: el proceso judicial debe ser impecable. El discurso político debe ser cuidadoso. Estados Unidos no gana solo cuando actúa, sino cuando demuestra que su poder está guiado por principios y no por impulsos.

Lo que realmente creo

Maduro no cayó por presión diplomática ni por declaraciones en foros internacionales. Cayó porque alguien decidió actuar, asumir el costo político y ejecutar una operación compleja.

Y también creo esto: justicia no es venganza. El objetivo no es humillar a una nación, sino cerrar una era de terror y abrir una oportunidad, frágil pero real, para algo mejor.

La historia aún no termina

Más allá del debate político, hay una verdad que no quiero perder de vista: los pueblos no están condenados para siempre. Venezuela ha sufrido demasiado, pero la historia demuestra que incluso las naciones más golpeadas pueden volver a levantarse cuando la impunidad se rompe y la esperanza encuentra espacio para respirar.

Este puede ser el inicio de un camino largo y complejo, sí. Pero también puede ser el primer paso hacia la reconstrucción de una nación que merece vivir en libertad.

Que Dios bendiga a los Estados Unidos.

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Y que Dios bendiga a Venezuela.

Félix García es estratega político, consultor de campañas y fundador de Primera Consulting Group. Ha servido como delegado de la Casa Blanca y asesora a líderes y organizaciones en temas de política pública y asuntos regulatorios a nivel internacional. 

Síguelo en X (Twitter): @FelixGofficial.

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