Donald Trump presentará mañana el primer informe de gobierno de su segunda administración. CORTESIA: The White House
Al menos 18 legisladores se ausentan, 3 arizonenses no asistirán: Ansari, Grijalva y Gallego
La noche del primer informe anual de Donald Trump en su segundo mandato promete ser cualquier cosa menos una celebración unificada, con al menos cinco senadores y trece representantes demócratas confirmando su ausencia en el Capitolio para participar en el “People’s State of the Union”, un mitin alternativo organizado por MeidasTouch y MoveOn Civic Action en el National Mall .
La delegación de Arizona emerge como un frente particularmente activo en la protesta; la congresista Yassamin Ansari forma parte de la lista oficial de boicoteadores, y su oficina confirmó que llevará como invitada a Sonia Almaráz que “hablará sobre las consecuencias humanas de las acciones de ICE, historias que esta administración ha intentado suprimir”, en el caso de Yari Márquez, quien siendo residente permanente con leucemia, ha estado detenida ya por más de un año.
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El senador Rubén Gallego fue uno de los más tajantes al justificar su decisión: “Esta administración continúa ignorando el estado de derecho y la Constitución mientras no logra reducir los costos para las familias estadounidenses; tengo formas más productivas de pasar dos horas que escuchando más mentiras”.
Su colega, el senador Mark Kelly, adoptó una postura diametralmente opuesta pero igualmente combativa, confirmando que asistirá al discurso como un acto de resistencia personal.
“Hace dos semanas, Donald Trump intentó que me arrestaran por algo que dije que no le gustó, así que voy a estar en esa sala porque no puede intimidarme ni impedirme hacer mi trabajo” .
La representante Adelita Grijalva también confirmó que no estará presente, y en un gesto de profundo simbolismo político, anunció que cederá sus pases para el discurso a la representante Ilhan Omar, quien los utilizará para llevar a la familia de Renee Good, la ciudadana estadounidense asesinada por agentes federales en Minneapolis en enero.
Grijalva explicó que prefiere “amplificar las voces de los arizonenses que han sido afectados por las políticas migratorias de la administración”.
En contraste, el representante republicano Juan Ciscomani asistirá al discurso y llevará como invitado a Ben Menges, un ganadero de Graham County, buscando destacar los valores rurales y agrícolas de su distrito.
El boicot demócrata ocurre en un contexto de crisis múltiple para la administración Trump y cuando enfrenta históricos índices de baja popularidad y aprobación por parte de la ciudadanía estadounidense de todas la corrientes.
La Corte Suprema asestó un duro revés al presidente el viernes, anulando sus aranceles globales bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) en un fallo de 6-3 que incluyó a dos de sus propios nominados.
La Casa Blanca enfrenta además el décimo día de cierre parcial del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), con la TSA, FEMA y la Guardia Costera operando sin salario, y las negociaciones con los demócratas completamente estancadas tras las muertes de Renee Good y Alex Pretti en Minnesota.
El líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer, denunció que la administración “elige infligir dolor al público en lugar de adoptar reformas sensatas del ICE” .
Mientras tanto, el representante Don Bacon, uno de los seis republicanos que votaron en contra de los aranceles a Canadá, advirtió que “el presidente Trump le está poniendo una bola y cadena al partido de cara a las elecciones de medio término”.
La tormenta de nieve que azotó el noreste este fin de semana retrasó votaciones clave y añadió otro factor de incertidumbre a una semana ya de por sí cargada, en la que el presidente deberá dirigirse a una nación profundamente dividida y a un Capitolio donde los escaños vacíos hablarán tan alto como cualquier discurso .
Entre los demócratas que boicotean figuran también Alexandria Ocasio-Cortez, Pramila Jayapal, Greg Casar, Verónica Escobar y Delia Ramírez, entre otros.
La decisión de no asistir fue precedida por un intenso debate interno, donde el líder de la minoría Hakeem Jeffries instó a sus colegas a optar por la “desobediencia silenciosa” si decidían asistir, o directamente no ir, para evitar las criticadas performances del año pasado cuando el representante Al Green fue expulsado por increpar al presidente.
El senador John Fetterman fue aún más directo: “No hay dignidad en gritar; solo hace que Trump parezca más presidencial y comedido”.
Mientras Trump se prepara para dirigirse a la nación desde un podio en la Cámara, las encuestas reflejan un descontento creciente con su gestión.
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Un sondeo reciente citado por The Hill muestra que 6 de cada 10 estadounidenses desaprueban su desempeño, y la economía creció a un magro 1.4% en el último trimestre, muy por debajo de las expectativas.
Los demócratas que boicotean el discurso confían en que el contraste entre sus advertencias y la retórica presidencial resonará en un electorado que, según las encuestas, está prestando atención.
El problema para la administración es que, esta vez, el ruido de fondo no proviene solo de la oposición, sino de las fisuras cada vez más audibles dentro de su propio campo.











