El cantante Bruno Mars cumplió con creces la promesa de ofrecer “el mejor espectáculo del mundo” durante su presentación del 14 de abril en el State Farm Stadium de Glendale, como parte de su gira “The Romantic Tour”. CORTESIA: Live Nation / Daniel Ramos
Presenta show que convirtió el State Farm Stadium en una máquina del tiempo funk
El cantante Bruno Mars cumplió con creces la promesa de ofrecer “el mejor espectáculo del mundo” durante su presentación del 14 de abril en el State Farm Stadium de Glendale, como parte de su gira “The Romantic Tour”.
El artista hawaiiano demostró por qué está en una liga aparte al fusionar el alma de la vieja escuela con la producción más sofisticada del siglo XXI, arrancando desde el primer video donde se le veía rezando en una iglesia para tener la fuerza de “dar a esta audiencia un show que nunca olvidarán”.
La velada comenzó con la energía contagiosa de Anderson Paak, quien bajo el alter ego de DJ Pee Wee subió al escenario con un chándal brillante y una sonrisa perpetua.
El músico disparó camisetas con un cañón, bailó, rapeó e incluso hizo el pogo, todo mientras mezclaba un remix de “Dancing Queen” de ABBA, logrando que el público coreara a capela “(I’ve Had) The Time of My Life” en un momento que quedará grabado en la memoria de los asistentes.
Mars irrumpió en escena con “Risk it All”, una balada de aire mariachi que sirvió de antesala para el frenesí coreográfico que se desataría inmediatamente después.
“Cha Cha Cha” trajo los primeros pasos de baile sincronizados con sus Hooligans, y para cuando sonaron los primeros acordes de “24K Magic”, el estadio ya era una fiesta de confeti y pirotecnia, con el cantante cambiándose a las congas con la soltura de un músico de sesión veterano.
El punto culminante de la noche llegó con el segmento dedicado a Silk Sonic, cuando Anderson .Paak volvió a unirse a Mars para repasar los clásicos de su proyecto conjunto.
“777” los mostró intercambiando roles (Mars a la guitarra, .Paak en la batería) con una química innegable, y “Leave That Door Open” se convirtió en un número teatral donde Paak fingió llorar de la emoción, mientras Mars lo consolaba con un “tómate tu tiempo, hermano” que arrancó las risas del público.
El tramo final incluyó un popurrí de baladas al piano que demostró la versatilidad vocal del artista.
“When I Was Your Man” y “Die With a Smile” sonaron con una crudeza que hizo olvidar los excesos pirotécnicos, y la banda regresó para una versión instrumental de “Versace on the Floor” donde el público se encargó de poner la voz principal, coreando cada línea como si fuera un himno generacional.
El cierre no pudo ser más apoteósico: “Uptown Funk” desató llamaradas y bailarines vestidos de bomberos que disparaban humo, mientras Mars canalizaba a James Brown con una entrega física que rozaba lo sobrehumano.
El bis, una versión íntima de “Dance With Me”, sirvió como el contrapunto perfecto para bajar la intensidad y despedirse con un suspiro, dejando claro que el espectáculo había sido todo lo prometido y más.
Antes de la presentación estelar, el cantante Leon Thomas había calentado motores con un set más oscuro y centrado en su guitarra, incluyendo el éxito “Mutt”, que según confesó “cambió su vida”.
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Thomas se arrodilló para hacer solos de guitarra y se puso detrás de la batería para demostrar su versatilidad, aunque su actuación quedó eclipsada por la magnitud de lo que vendría después.
Al final de la noche, cuando las luces se encendieron y los asistentes comenzaron a desalojar el recinto, la sensación general era la de haber presenciado algo más que un concierto: una celebración de la música negra, del espectáculo total y de un artista que, a sus 41 años, ha logrado lo que pocos: hacer que el funk y el soul vuelvan a llenar estadios, sin necesidad de trucos baratos ni playback, solo con talento, carisma y una banda que sudó la camiseta como si les fuera la vida en ello.











