El excomandante Silverio Ontiveros construyó sus casas con adobe, materiales reciclados y con arte mexicano y busca enseñar a otras persona con talleres. Foto: Prensa Arizona
Silverio Ontiveros dedicó 33 años de su vida profesional a proteger a la comunidad como oficial y comandante en el Departamento de Policía de Phoenix. Tras su jubilación, decidió transformar un lote vacío —adquirido por 12,000 dólares durante la recesión— en un modelo de vivienda ecológica y sustentable.
Durante una entrevista y un recorrido por su casa para Prensa Arizona, Ontiveros explicó cómo el diseño de su hogar estilo hacienda mexicana integra técnicas de construcción tradicionales para adaptarse al árido clima del estado.
A diferencia de las casas convencionales, la propiedad carece de pasillos interiores, obligando a los habitantes a salir al patio central para ir de una habitación a otra, una característica inspirada en la arquitectura histórica que fomenta una conexión constante con el entorno natural.
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Construcción térmica y combate a la “isla de calor”
El corazón del hogar de Ontiveros es el adobe. Para una de sus primeras estructuras, fabricó a mano 8,900 bloques en su propia propiedad.
Un bloque estándar de adobe en su construcción, que mide 8×16 pulgadas, pesa alrededor de 35 libras. Sin embargo, buscando optimizar el tiempo, aprendió a construir con fardos de paja (straw bale), levantando paredes en solo tres días.

Estas se recubren con lodo, creando una masa térmica que mantiene el interior fresco y reduce drásticamente el uso de aire acondicionado.
“Cuando hace calor durante el día, el calor atraviesa el adobe pero muy, muy lentamente. Para cuando se enfría por la noche, es cuando el calor apenas logra atravesar la pared. Eso mantiene la casa cálida en invierno y fresca en el verano”, detalló.
Ontiveros destacó que, aunque es un material natural y económico, requiere protección contra la lluvia constante mediante aleros amplios y techos adecuados.
Este enfoque de bajo impacto se complementa con el rescate de materiales: botellas de vidrio en los muros para iluminar, pisos recuperados y ladrillos centenarios salvados de demoliciones locales.

El uso inteligente del agua es otra de las prioridades de la casa. Ontiveros diseñó cuencas de grava y enormes tanques para que ni una gota de lluvia llegue a la calle.
“Nuestra filosofía trata sobre retener el agua porque vivimos en el desierto. Hay que aprovechar la lluvia, aunque no llueva tan a menudo. Por eso creamos cuencas que recolectan el agua de lluvia para que las plantas puedan usarla en lugar de que se vaya a la calle”, expresó.
Además, un sistema de aguas grises captura el líquido de lavadoras y duchas para regar los árboles que plantó. Esta abundante vegetación combate el efecto de “isla de calor” que sufre el vecindario.
Como medida adicional, reemplazó las rocas decorativas del jardín por astillas de madera, las cuales absorben la humedad y no irradian el intenso calor del sol desértico.
Un refugio de historia, arte y compromiso social
El terreno donde se asienta este oasis urbano está profundamente conectado con la historia de las minorías en Phoenix. Ontiveros relató que el vecindario, subdividido en 1896, se convirtió en un refugio para hispanos y afroamericanos tras una gran inundación, ya que las leyes de segregación les impedían poseer tierras al norte de la calle Van Buren.

En el interior, la vivienda es un vibrante tributo a sus raíces y a la cultura mexicana. Las paredes están adornadas con piezas llenas de significado, desde una pintura de Frida Kahlo bajo la frase “Cultura Mexicana, sangre de mi madre”, creada por una artista local, hasta intrincadas y coloridas ollas de barro traídas directamente de Mata Ortiz, Chihuahua.
La cocina, intencionalmente diseñada sin gabinetes superiores para mantener la amplitud visual, está equipada con muebles rústicos importados de Sonora. A esto se suman elementos crudos del desierto, como la “uña de gato”, que la familia recolecta tradicionalmente para decorar sus altares de Día de Muertos.
Ahorro económico y compromiso comunitario
El proyecto de Ontiveros va mucho más allá de la arquitectura y la estética; es un testimonio de ahorro y sustentabilidad.
Explicó que construir su casa de fardos de paja fue sorprendentemente económico: utilizó 100 fardos a un costo de $6 cada uno, gastando solo $600 en las paredes estructurales, mientras que la tierra para el adobe fue gratuita.
Impulsado por este legado, el excomandante recordó con orgullo cómo su propio abuelo ayudó a construir la cercana iglesia del Inmaculado Corazón en los años 20, luego de que las minorías fueran relegadas a los sótanos de otras parroquias de la ciudad.

Aunque los acabados, gabinetes y sistemas de aire acondicionado mantienen sus costos regulares, el verdadero ahorro se refleja en las facturas de servicios.
“Donde realmente ahorras dinero es mes a mes en tus facturas de servicios públicos”, afirmó Ontiveros, señalando que, antes de instalar paneles solares, su factura eléctrica de verano oscilaba entre $90 y $110 al mes, una fracción de lo que pagan las casas convencionales en el área.
Por ello, buscará iniciar con talleres para que más personas puedan acceder a este tipo de construcciones, ahorren para edificar casas y también en pagar menos por la energía eléctrica, especialmente en el área de Phoenix.
El compromiso del excomandante con la comunidad es sincero. Durante el laborioso proceso de levantar las paredes de adobe y paja, decidió convertir su obra en una escuela de oficios práctica.

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Contrató a jóvenes de programas gubernamentales (Job Corps) y a personas sin hogar del área, brindándoles no solo un ingreso, sino la invaluable oportunidad de aprender habilidades de albañilería, paisajismo y construcción sustentable, demostrando que edificar una casa también puede ser una herramienta para reconstruir vidas.










