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El escándalo Epstein sacude al mundo… menos a Estados Unidos

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Tras la publicación de más de tres millones de páginas de los archivos de Jeffrey Epstein, en Estados Unidos no se ha informado ningún arresto o acusación. CORTESIA: DOJ

Mientras figuras de la política internacional, las finanzas y la academia enfrentan arrestos, investigaciones y renuncias masivas tras la publicación de más de tres millones de páginas de los archivos del fallecido traficante sexual Jeffrey Epstein, en Estados Unidos no se ha informado ningún arresto o acusación.

Curiosamente altos funcionarios de la administración, aparecen en los documentos que revelan vínculos profundos de varios miembros del gabinete con el fallecido pedófilo convicto.

El propio presidente Donald Trump aparece mencionado miles de veces y enfrenta acusaciones directas de abuso a una menor que el Departamento de Justicia ha mantenido ocultas, mientras Ghislaine Maxwell fue trasladada a una prisión de mínima seguridad en Texas tras una amigable reunión con el subprocurador Todd Blanche, ex abogado personal de Trump.

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La publicación masiva de los archivos de Jeffrey Epstein, ordenada por la Ley de Transparencia de Archivos Epstein que el propio Trump firmó en noviembre de 2025, ha desatado un terremoto global que ha derribado a algunas de las figuras más poderosas del planeta. 

En el Reino Unido, el ex embajador Peter Mandelson fue arrestado y liberado bajo fianza el 23 de febrero, acusado de pasar información confidencial a Epstein; el ex príncipe Andrés fue detenido por la policía británica el 19 de febrero, perdió todos sus títulos reales y enfrenta una investigación por presunta complicidad en la red de tráfico sexual. 

En Noruega, el ex primer ministro Thorbjorn Jagland fue imputado por “corrupción grave” por sus vínculos financieros con Epstein, mientras que la embajadora Mona Juul y su esposo Terje Rod-Larsen enfrentan investigaciones por una herencia de 10 millones de dólares que el financiero les habría dejado.

En Francia, el exministro de Cultura Jack Lang renunció a la dirección del Instituto del Mundo Árabe el 7 de febrero tras revelarse sus conexiones con Epstein; en Eslovaquia, el asesor de seguridad nacional Miroslav Lajcak dimitió después de que sus correos mostraran conversaciones subidas de tono sobre mujeres jóvenes. 

El mundo empresarial tampoco ha escapado: el gurú de la longevidad Peter Attiarenunció a CBS News y a su puesto científico; el heredero de Hyatt Hotels, Thomas Pritzker, dejó su cargo ejecutivo.

El magnate de los deportes Casey Wasserman se vio forzado a vender su agencia de talentos tras la fuga masiva de clientes y el presidente del gigante portuario de Dubái, Sultan Ahmed bin Sulayem, dimitió el 13 de febrero. 

En el ámbito académico, Columbia University despojó de sus títulos a dos altos funcionarios, y la Universidad Estatal de Arizona cortó lazos con la poeta Elisa New, esposa del exsecretario del Tesoro Larry Summers.

¿Y aquí cuando?

En marcado contraste, en Estados Unidos ningún miembro de la administración Trump ha enfrentado consecuencias legales, a pesar de que los archivos están repletos de sus nombres. 

El doctor Mehmet Oz, nominado por Trump para dirigir los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid, fue señalado por la excongresista Marjorie Taylor Greene por haber invitado a Epstein a una fiesta del Día de San Valentín en 2016, años después de su condena por solicitar prostitución a una menor. 

Howard Lutnick, actual secretario de Comercio, aparece en los archivos como un estrecho colaborador de Epstein en los años posteriores a su condena de 2008, con intercambios de correos que sugieren una relación comercial y social continua. 

Robert F. Kennedy Jr., nominado para dirigir el Departamento de Salud, ha visto cómo los documentos revelan reuniones con Epstein en su residencia de Nueva York, aunque su equipo ha insistido en que fueron encuentros casuales.

El propio Trump aparece mencionado más de 5,300 veces en los archivos originales, aunque una investigación de NPR publicada este martes reveló que el Departamento de Justicia ha retirado y ocultado deliberadamente decenas de páginas que contenían acusaciones directas de abuso sexual contra el presidente. 

Los documentos omitidos incluyen entrevistas del FBI con una mujer que afirmó que alrededor de 1983, cuando tenía aproximadamente 13 años, Epstein la llevó a Mar-a-Lago, donde Trump “la agarró y la obligó a poner su cabeza en su pene expuesto”. 

Cuando la menor lo mordió en defensa propia, Trump “le dio un puñetazo en la cabeza y la echó”; la mujer fue entrevistada por el FBI en cuatro ocasiones, pero solo uno de esos testimonios está disponible públicamente; los otros 53 archivos de entrevistas y notas han sido retenidos. 

Una segunda víctima describió cómo Epstein la llevó a Mar-a-Lago para presentársela a Trump, quien supuestamente comentó: “Esta es buena, ¿eh?” Esa entrevista fue eliminada temporalmente de la base de datos después de su publicación inicial el 30 de enero y solo fue restaurada el 19 de febrero tras la presión de periodistas.

Mientras tanto, Ghislaine Maxwell, la única figura de alto perfil condenada por su participación en la red de tráfico sexual, fue trasladada silenciosamente desde una prisión de máxima seguridad en Florida a una de mínima seguridad en Texas, un movimiento que ha desatado indignación entre las víctimas. 

El traslado ocurrió después de una “amigable reunión” entre Maxwell y el subprocurador general Todd Blanche, ex abogado criminalista de Donald Trump, quien ahora supervisa el Departamento de Justicia. 

Maxwell, de 64 años, cumple su condena en el campamento prisión FMC Carswell en Fort Worth, una instalación conocida por albergar a delincuentes de cuello blanco y con significativamente menos restricciones. 

La oficina de prisiones justificó el traslado por “necesidades institucionales”, pero las víctimas ven la mano de Blanche, quien habría facilitado el movimiento como un gesto hacia la familia Maxwell.

La fiscal general Pam Bondi, mientras tanto, se ha negado sistemáticamente a reunirse con las víctimas de Epstein, a pesar de sus promesas de transparencia. En una tensa audiencia ante el Comité Judicial de la Cámara de Representantes el 11 de febrero, Bondi fue confrontada por 11 sobrevivientes presentes en la sala. 

La congresista Pramila Jayapal les pidió que levantaran la mano si no habían podido reunirse con el Departamento de Justicia; todas lo hicieron. 

Jayapal instó a Bondi a disculparse, pero la fiscal general se negó rotundamente, acusando a la congresista de “teatralidades” y declarando que no participaría en “payasadas”. 

Las víctimas abandonaron la audiencia consternadas; Marina Lacerda, una sobreviviente, declaró a la BBC que Bondi “no ha tomado ninguna de nuestras llamadas, no ha respondido ninguno de nuestros correos electrónicos. Nos ha ignorado totalmente, igual que hoy”.

La promesa de Trump de liberar todos los archivos Epstein se ha convertido en una pesadilla de credibilidad y aunque se han publicado millones de páginas, las organizaciones de vigilancia han documentado que las comunicaciones de Bondi, Blanche y el director del FBI Kash Patel están casi completamente ausentes de los archivos, a pesar de su papel central en la gestión del caso. 

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Un informe de Axios reveló que la Fundación Democracia presentó una queja formal alegando que el Departamento de Justicia ha retenido indebidamente documentos requeridos por ley. 

Mientras tanto, el Congreso avanza con su propia investigación, pero la pregunta que atormenta a las víctimas persiste: ¿Por qué los poderosos allegados a Trump siguen protegidos mientras el mundo entero paga las consecuencias?

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