En ésta foto, Patricio Smith y miembros de su congregación. Cortesía Patricio Smith
La semana pasada, Spencer Lee, nuestro socio en Derecho Migratorio, me comentó que tiene cinco nuevos clientes de inmigración, todos ellos miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
Los cinco fueron detenidos por el Departamento de Policía de Phoenix por infracciones menores de tránsito y luego entregados a ICE.
Estoy firmemente contra esta práctica.
A continuación, comparto mis reflexiones sobre la SB 1070 y la entrega de inmigrantes no criminales a ICE.
Este texto fue escrito en su mayor parte en 2010 y explica mi postura con mayor detalle. Hace años, parte de él fue publicado en The Arizona Republic y posteriormente en The Salt Lake Tribune.
Mi nombre es Ken Smith. He servido como presidente de rama de una congregación de habla hispana de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Mesa, Arizona, durante aproximadamente cuatro años. Escribo esta opinión únicamente a título personal y de ninguna manera hablo en representación de la Iglesia.
Recuerdo que mi abuelo nos contó a mis hermanos y a mí una historia de la Segunda Guerra Mundial. Un destructor estadounidense que transportaba un contingente de marines hundió un submarino japonés en el Pacífico Sur. Cuando el destructor se acercó al submarino japonés que se hundía, los marineros estadounidenses hicieron todo lo posible por salvar a los marineros japoneses heridos y que se estaban ahogando tras el ataque con torpedos.
Los marineros estadounidenses sacaron a los japoneses del mar y les salvaron la vida.
Lamentablemente, para los marineros japoneses sobrevivientes, los marines que estaban del otro lado del barco decidieron cortarles el cuello y arrojarlos de nuevo al mar.
No sé si esa historia sea cierta o no. Espero que no lo sea. Sin embargo, me recuerda a lo que está ocurriendo en Arizona con respecto a la obra misional en la Iglesia y a la nueva ley de nuestro estado, la SB 1070, promovida por Russell Pearce, un legislador “SUD”.
Por un lado, nuestros misioneros, llamados por un profeta, buscan, enseñan y bautizan nuevos miembros de la Iglesia. Muchos inmigrantes han llegado a Mesa, Arizona, no solo en busca de una vida mejor, sino en algunos casos también de una nueva religión. Eso lo están encontrando en la Iglesia. Los misioneros SUD están rescatando a muchas personas hispanas.
Por otro lado, los legisladores SUD están aprobando leyes que provocan que estas personas sean perseguidas, arrestadas y, como los marines en la historia, de manera figurada se les “corte el cuello” y se les arroje por la borda, es decir, se les deporte de regreso a México o Centroamérica.
Como presidente de rama, estoy muy involucrado en la obra misional y trabajo de cerca con los misioneros. He visto a muchos maravillosos miembros hispanos unirse a la Iglesia en los últimos cuatro años. Ahora, legisladores SUD están aprobando leyes que causan gran miedo y daño a nuestros hermanos y hermanas hispanos. Varias familias han tenido que huir del estado y otras han sido deportadas. El mes pasado, mi segundo consejero y yo tuvimos que llevar a cuatro niños de 1, 2, 6 y 11 años de regreso a México. El padre había sido deportado y luego la madre, de apenas 34 años, murió de un corazón roto y de un ataque epiléptico. ¡Piénselo! ¡Todos esos niños eran ciudadanos estadounidenses!
Como aprendí cuando serví como misionero en Chile en los años setenta, cuando uno sirve a estas personas, siente el amor del Salvador por ellas y, a su vez, no puede evitar verlas como hijos de Dios y amarlas también.
Hace meses, un padre de cuatro jóvenes fue detenido y llevado a México sin previo aviso. Simplemente salió a trabajar una mañana y no regresó. La familia no lo ha visto ni ha sabido nada de él desde entonces. Ahora la madre debe criar sola a cuatro hijos. Esa es la estela de destrucción y devastación familiar causada por un miembro de la Iglesia, Russell Pearce.
Mi madre tuvo que criar sola a cuatro hijos porque mi padre murió en un accidente aéreo cuando yo tenía diez años. Esta pobre madre debe criar sola a cuatro hijos por culpa de Russell Pearce y la SB 1070.
Como presidente de rama, me toca enfrentar las desgarradoras consecuencias. Imagine que su padre, madre, hijo o hija sale a la escuela o al trabajo y nunca regresa, y usted nunca vuelve a verlo ni a saber de él. ¿Cómo se sentiría?
Gran parte del crecimiento de la Iglesia en Mesa proviene de la comunidad inmigrante hispana. El mes pasado, nuestra rama bautizó a tres familias completas, diez conversos en total, todos de México; siete de ellos “sin papeles”.
El presidente Dallin H. Oaks estuvo presente y les dio la bienvenida a la Iglesia.
El domingo pasado, en nuestra reunión sacramental, dos de los nuevos conversos pasaron al frente para dar su testimonio por primera vez. Expresaron su gratitud a nuestro Padre Celestial por guiarlos al evangelio restaurado y manifestaron su gran amor por su Salvador y el mío, Jesucristo. Fue una experiencia verdaderamente maravillosa para todos los presentes, al sentir el amor profundo y constante del Salvador por estos conversos y sus familias. Cualquier misionero retornado puede identificarse con esa experiencia.
Como resultado de la SB 1070, treinta miembros —partes de diez familias— de nuestra rama en español han huido de Arizona o han sido deportados.
Pensar que otro supuesto “miembro” de la Iglesia, es decir, Russell Pearce y otros legisladores SUD, haya redactado una ley que en la práctica permite, e incluso instruye, a un oficial de policía a cazar a estos conversos como animales y entregarlos a ICE para su deportación, me revuelve el estómago.
¿No enseñó el Salvador que el primer gran mandamiento es amar a Dios con todo el corazón, y el segundo es amar al prójimo como a uno mismo? Si los mexicanos y centroamericanos no son nuestros prójimos, ¿ntonces quién lo es?
Pearce y sus seguidores se esconden detrás del falso y débil argumento: “Bueno, ellos violaron la ley al venir aquí y, por lo tanto, están recibiendo lo que merecen”.
¿Qué pasaría si ocurriera un gran cambio de circunstancias y todos nosotros, los gringos, nos encontráramos viviendo a cuatro horas al sur de Mesa, Arizona, en un pequeño pueblo de México, donde no existe absolutamente ninguna forma de ganarse la vida o mantener a la familia, excepto mediante trabajos en el narcotráfico? ¿Qué haría usted? ¿Cruzaría la frontera y tomaría un trabajo para que su familia no muriera de hambre? Si dice que no, entonces digo que es un mentiroso, un hipócrita o un cobarde. Sé que si yo viviera bajo esas condiciones en México o Centroamérica, haría todo lo posible por llevar a mi familia a Estados Unidos. Por eso hay abogados mexicanos lavando autos y médicos mexicanos construyendo casas. En algunos lugares al sur de la frontera, la vida está controlada por el mal absoluto; es indescriptiblemente mala y peligrosa.
Cabe mencionar que en el derecho existe una doctrina llamada “necesidad legal”, mediante la cual se justifica violar una ley menor cuando están en juego consecuencias de vida o muerte. Creo que esta doctrina puede aplicarse en algunos de estos casos.
Pearce y sus seguidores también se escudan en la retórica de que Estados Unidos es un país de leyes y citan el duodécimo Artículo de Fe de la Iglesia, que dice en parte: “Creemos en obedecer, honrar y sostener la ley…”. Si realmente creyeran eso, no estarían haciendo pedazos la Constitución de los Estados Unidos. Lo hacen por racismo, odio ciego y ansias de poder. Son abusivos. Atacan a un sector de nuestra sociedad que no tiene representación, no habla inglés, no puede votar y no puede defenderse.
Para que conste, yo apoyo a estos inmigrantes no criminales que vinieron aquí en busca de una vida mejor, que trabajan duro, pagan impuestos y ayudan a que nuestras comunidades sean mejores.
También debe señalarse que la idea de que una parte de la SB 1070 hace “ilegal” que las fuerzas del orden utilicen perfiles raciales para hacer cumplir la ley es una completa falacia. Es una broma y una pérdida de tinta siquiera imprimir tal disposición.
Sé que la mayoría de nuestros policías son hombres y mujeres buenos y honorables que no querrán aplicar esta ley, pues saben que es inconstitucional y que les quita tiempo de su verdadera labor: proteger y servir a todos.
Pero la SB 1070 obliga a la policía a hacer cumplir la ley o enfrentar demandas si no lo hacen. ¿Qué clase de lógica retorcida es esa?
También hay algunos oficiales que aprovecharán plenamente la SB 1070 y la usarán como una licencia de caza para detener, arrestar y deportar a cualquier hispano sin “papeles”.
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Además de ser presidente de rama, también soy abogado. He escuchado muchas historias sobre cómo algunos policías usan perfiles raciales para detener e interrogar a hispanos. Un ejemplo: una hermana de nuestra rama conducía una Suburban por la calle Main en Mesa. Sin haber cometido ninguna infracción, un oficial de la policía de Mesa la detuvo y le pidió licencia, registro y comprobante de seguro. Tenía todo en regla excepto una licencia válida. Sabía suficiente inglés para preguntarle al oficial por qué la había detenido. Él no tenía otra razón más que DWH (conducir siendo hispana), así que le dijo que era “solo una parada de rutina”.
Según la ley, no existe tal cosa como una “parada de rutina”. El oficial sabía que había hecho una detención indebida e ilegal a alguien que sabía suficiente inglés para defenderse, así que la dejó ir sin multa, aun cuando no tenía licencia de conducir en su poder. El oficial sabía que había violado los derechos civiles de una persona que podía causarle problemas.
La policía también usa pretextos para detener vehículos con hispanos. El año pasado, una familia de cuatro personas de México, todos miembros de la Iglesia, regresaba a Mesa después de manejar toda la noche desde Kentucky. Fueron detenidos a las 4:00 a. m. en Gilbert, Arizona. La razón alegada fue que no se habían detenido “completamente” en una señal de alto.
Los cuatro ocupantes confirmaron que sí se habían detenido. Como no tenían comprobante de seguro, su vehículo fue confiscado y quedaron varados en una gasolinera a las 4:00 de la mañana. Nuevamente, el oficial no emitió multa por no respetar la señal de alto, que era el supuesto motivo de la detención. El oficial racista solo quería hacerle la vida miserable a esta familia hispana. Se necesitó una semana y alrededor de mil dólares para recuperar el vehículo y continuar su viaje.
Un último ejemplo: hace unos años, un obispo mormón de Hermosillo, México, viajaba con su familia al Templo SUD de Mesa para ver a su hija casarse. Esta familia también fue detenida y acosada por un oficial racista bajo el falso pretexto de que habían violado alguna ley de tránsito. Posteriormente, un juez desestimó los cargos falsos.
Decenas de abusos como estos ocurren todos los días. La SB 1070 fomentará aún más este tipo de conducta ilegal. La parte más siniestra del proyecto es que muchos hispanos que son detenidos, arrestados y deportados bajo falsos pretextos, se encontrarán de regreso en México antes de que alguien siquiera sepa que han desaparecido.
Cabe señalar que muchas personas que han salido de sus hogares en México o Centroamérica lo han hecho por impresiones del Espíritu Santo. Puedo confirmar que muchos han sido guiados y protegidos por el Espíritu Santo en su trayecto a Mesa, Arizona, donde conocieron la Iglesia de Jesucristo. Algunos conocieron la Iglesia en México y cruzaron el desierto con su Libro de Mormón en la mochila.
Desearía poder explicarles por qué otros miembros de la misma Iglesia, en posiciones de poder y autoridad, buscan arruinar sus vidas y tratarlos como enemigos.
Una escena terrible de contemplar
En el Libro de Mormón, dos antiguos profetas, Alma y Amulek, también grandes misioneros, fueron obligados a presenciar cómo, debido a su éxito, hombres malvados asesinaban a los conversos —hombres, mujeres y niños— arrojándolos a un fuego enorme y consumidor.
Alma capítulo 14, versículo 10 dice:
“Y cuando Amulek vio los dolores de las mujeres y los niños que se consumían en el fuego, también él se afligió; y dijo a Alma: ¿Cómo podemos presenciar esta escena tan terrible?”
Como miembro de la Iglesia, yo también me siento profundamente afligido por lo que los legisladores SUD han hecho y continúan haciendo a sus compañeros santos, a sus hermanos y hermanas. Mi esperanza y oración es que el Salvador ablande de alguna manera sus corazones y que algún día tengan un claro recuerdo de todo el daño que han causado a estos inmigrantes, o como el mismo Salvador dijo:
“De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.”’
Mateo 25:40’
Actualización 2026: Russell Pearce fue removido de su cargo público como resultado de una elección especial de revocación en 2011. Fue derrotado por mi amigo cercano Jerry Lewis y posteriormente por otro amigo cercano, Bob Worsley. Me sentí muy orgulloso de haber sido parte de ambos esfuerzos.











