Ole Miss y Miami disputarán el Fiesta Bowl, College Football Playoff, este jueves en el State Farm Stadium en Glendale. CORTESIA: Fiesta Bowl / Facebook
Este jueves 8 de enero, el State Farm Stadium de Glendale, Arizona, será el escenario de un choque de historias en la semifinal del College Football Playoff; el sexto clasificado Ole Miss Rebels se medirá al décimo clasificado Miami Hurricanes, porm un boleto para el partido por el campeonato nacional en el Hard Rock Stadium de Miami en juego.
Ambos equipos llegan a esta instancia por primera vez en la era del Playoff, protagonizando temporadas notables superando adversidades y reavivando legados que llevan décadas dormidos.
El camino de los Ole Miss Rebels (13-1) es una prueba de resiliencia, tras la partida de su entrenador principal Lane Kiffin al LSU a finales de noviembre; bajo el mando interino del coordinador defensivo Pete Golding, el equipo no ha flaqueado, culminando la temporada con cinco victorias seguidas y dos triunfos en playoffs.
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Su avance incluyó una contundente victoria sobre Tulane y un emocionante triunfo 39-34 ante Georgia, el tercer clasificado, en los cuartos de final; el mariscal de campo Trinidad Chambliss, transferido desde Ferris State, ha sido fundamental, llevando al equipo a cotas no vistas desde su último título nacional reconocido en 1960.
Por su parte, los Miami Hurricanes (12-2) han recobrado el aura de antaño con una defensa férrea y el liderazgo del mariscal de campo Carson Beck, quien llegó como transferencia desde Georgia; la defensa, dirigida por el coordinador Corey Hetherman, ha sido la piedra angular, permitiendo solo 13.1 puntos por juego, la cuarta mejor marca nacional.
En los playoffs, su tenacidad quedó demostrada al contener a Texas A&M (10-3) y derrotar al vigente campeón, Ohio State, por 24-14; esta racha los sitúa a solo una victoria de disputar el partido por el título en su estadio local, algo que no sucede desde su último campeonato en 2001.
El Fiesta Bowl, que se juega en Glendale desde 2007 y es parte del sistema rotatorio de semifinales del College Football Playoff, será un escenario histórico para ambos programas; para Miami, representa una oportunidad de romper una conocida “maldición”, ya que tiene un récord de 0-4 en este bowl clásico, con derrotas en 1985, 1987, 1994 y en la memorable final nacional de 2003 ante Ohio State.
El entrenador de Miami, Mario Cristobal, que perdió un Fiesta Bowl con Oregon en 2020, busca ahora guiar a los Hurricanes de regreso a la gloria; la ciudad de Miami vibra con el equipo, evidenciado por un aumento explosivo en las ventas de mercancía oficial del equipo mientras los aficionados preparan viajes a Arizona.
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El ambiente festivo en el valle comenzó días antes con la celebración del desfile anual del Fiesta Bowl, un evento gratuito de 1.5 millas que recorrió el centro de Phoenix; ahora, toda la atención se centra en el campo, donde se reencontrarán dos equipos que no se enfrentan desde 1951, cuando Miami ganó 20-7.
Beck, el mariscal de Miami, declaró que su enfoque está únicamente en la preparación y la oportunidad de llegar al campeonato, independientemente del rival; del otro lado, Chambliss y los Rebels, descritos por Golding como un grupo con “determinación y dureza”, buscan continuar su improbable carrera hacia el título.
El ganador avanzará a la gran final del 19 de enero, donde enfrentará al vencedor del duelo entre Indiana y Oregón, prometiendo un cierre épico para una temporada universitaria llena de sorpresas.












