Ghislaine Maxwell compareció virtualmente desde su prisión de Texas ante el Comité de Supervisión, pero tal como se anticipó, invocó la Quinta Enmienda en respuesta a cada pregunta. Facebook
En una semana decisiva, la presión del Congreso desveló nuevas identidades ocultas en los archivos judiciales, se afirmó que el nombre de Donald Trump aparece más de un millón de veces y la cómplice clave se negó a hablar, mientras la atención se vuelve hacia una propiedad en Nuevo México donde el horror permaneció sin investigar plenamente.
Los representantes Thomas Massie y Ro Khanna acudieron al Departamento de Justicia para revisar versiones sin censura de millones de documentos y tras su revisión, anunciaron que al menos seis nombres de hombres “adinerados y poderosos” seguían ocultos al público de forma injustificada.
Massie declaró que estos individuos aparecían en una lista junto a Epstein y Maxwell, sugiriendo que podrían estar “inculpados” por el contexto, e incluirían a una figura prominente y a un alto funcionario extranjero.
Khanna, subiendo al estrado de la Cámara de Representantes, leyó los seis nombres en sesión pública para que fueran incorporados al Registro del Congreso, preguntándose cuántos más podrían estar encubiertos en los tres millones de archivos.
Entre los nombres revelados por Khanna destacan el magnate minorista Leslie Wexner, de Victoria’s Secret y el ejecutivo Sultan Ahmed bin Sulayem.
Massie añadió en redes sociales que, aunque aparecer no prueba culpabilidad, un documento del FBI de 2019 designó a Wexner como “coconspirador” de Epstein y el correo del sultán se usó para enviar correspondencia sobre un “video de tortura”.
Un representante legal de Wexner emitió un comunicado aclarando que en 2019 se le consideró solo una fuente de información, no un objetivo, y que cooperó plenamente.
Los otros nombres divulgados fueron Salvatore Nuara, Zurab Mikeladze, Leonic Leonovy Nicola Caputo.
Este impulso por la transparencia ocurrió bajo la Ley de Transparencia de los Archivos de Epstein, la cual limita las tachaduras permitidas; sin embargo, los legisladores acusaron al Departamento de Justicia de violar esta ley al ocultar identidades que no protegían a víctimas. E
l representante Jamie Raskin, también presente en la revisión, declaró que era “inconcebible” que una red de tal envergadura fuera operada solo por dos personas.
Su frustración se amplió al descubrir que incluso los archivos “sin tachar” que revisaron aún contenían redacciones, posiblemente heredadas de versiones previas del FBI.
Maxwell se niega a declarar
En paralelo a estas revelaciones, Ghislaine Maxwell compareció virtualmente desde una prisión de Texas ante el Comité de Supervisión; tal como se anticipó, invocó la Quinta Enmienda en respuesta a cada pregunta, diciendo “ejerzo mi derecho a guardar silencio de la Quinta Enmienda”.
El presidente del comité, James Comer, calificó el resultado como “obviamente muy decepcionante”, pues tenían muchas preguntas sobre los crímenes y presuntos cómplices.
Su abogado, David Markus, condicionó cualquier testimonio futuro a un indulto presidencial, afirmando que Maxwell estaba dispuesta a “hablar plena y honestamente si el presidente Trump le concede clemencia”.
Maxwell usó la declaración para hacer “campaña por un indulto”, según la representante demócrata Melanie Stansbury.
Comer desaconsejó firmemente cualquier clemencia, citando una reunión con sobrevivientes que lo convenció de que Maxwell era “una persona muy mala” que no la merecía.
n grupo de sobrevivientes había instado previamente a los legisladores a ser escépticos con cualquier información suya, criticándola por negarse a identificar a “los muchos hombres poderosos” involucrados.
Este silencio contrasta con su cooperación previa en una sesión con el fiscal general adjunto Todd Blanche, donde dijo no haber sido testigo de conducta inapropiada de figuras como Trump o Clinton.
Resurge Rancho Zorro
Mientras el foco político está en Washington, un lugar físico central emerge en la narrativa: el Rancho Zorro de Epstein en Nuevo México.
Esta propiedad de casi 4,000 hectáreas, comprada en 1993 a la familia del exgobernadorBruce King, incluía una mansión de 2,500 metros cuadrados y una pista de aterrizaje privada.
Testimonios judiciales detallan que fue un escenario de abuso; Annie Farmer declaró que a los 16 años recibió un masaje desnuda de Maxwell allí, y que Epstein se acostó después con ella.
Otra sobreviviente, identificada como Jane, relató haber sido llevada a la habitación de Epstein en el rancho cuando tenía 15 o 16 años.
A pesar de las graves acusaciones, nunca hubo un registro federal completo de la propiedad; correos electrónicos de 2019 muestran que los fiscales federales de Nueva York pidieron a las autoridades estatales cesar su investigación y confirmaron que “no habíamos registrado la propiedad de Nuevo México”.
El entonces fiscal general de Nuevo México, Héctor Balderas, había iniciado una investigación pero accedió a la petición federal, hay quienes han ido más allá de la frontera al ligar la red de Epstein con la desaparición de mujeres en Ciudad Juárez, Chihuahua.
Esta falta de acción ha dejado un vacío investigativo que legisladores estatales ahora buscan llenar, impulsando una comisión de la verdad bipartidista para investigar los más de 26 años de actividades de Epstein en el estado.
La representante estatal Andrea Romero, promotora de la comisión, afirma que buscan poner “todo en el registro” y examinar la influencia y el acceso que Epstein tuvo.
El rancho era un lugar de encuentro para figuras poderosas, incluyendo al exgobernadorBill Richardson, quien según documentos mantenía comunicación con Epstein después de su condena en Florida.
Fotos en los archivos muestran a otros visitantes como el lingüista Noam Chomsky y el cineasta Woody Allen, quienes no han sido acusados de delito alguno.
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La propiedad fue vendida en 2023 y renombrada Rancho de San Rafael, pero el legado de impunidad persiste.
La investigación del Comité de Supervisión continúa con futuras declaraciones, incluyendo las de Hillary y Bill Clinton a finales de febrero; sin embargo, la combinación del silencio de Maxwell, las redacciones cuestionadas y la historia sin contar del Rancho Zorro plantea dudas persistentes sobre si se ha alcanzado la verdad completa.












