La incidencia de casos de gripe es alta o muy alta en 48 estados, lo que establece un récord histórico en consultas médicas desde 1997. Foto: Generada con Gemini de Google
La temporada de influenza 2025-2026 en Estados Unidos ha alcanzado una gravedad y propagación no vistas en décadas; con millones de contagiados, el sistema de salud está bajo presión extrema mientras los expertos advierten que lo peor podría estar por llegar.
La actividad gripal es alta o muy alta en 48 estados, lo que establece un récord histórico en consultas médicas desde 1997; hasta la segunda semana de enero, los CDC estiman 15 millones de enfermos, 180,000 hospitalizaciones y 7,400 muertes, incluidos 17 niños fallecidos.
La virulencia se atribuye a la variante dominante A(H3N2), específicamente a una nueva mutación llamada subclade K, la cual representa más del 90% de los virus analizados; esta cepa, lo suficientemente diferente de sus predecesoras, evade con mayor facilidad las defensas inmunológicas de la población.
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La situación es parte de un aumento global de este subclade, también reportado en Europa y Asia; la circulación simultánea de influenza y virus sincitial respiratorio podría saturar aún más los hospitales, según alertas sanitarias.
Aunque la efectividad de la vacuna contra la infección por esta variante podría ser limitada, las autoridades insisten en que la inmunización sigue siendo esencial para reducir el riesgo de enfermedad grave y muerte.
Las tasas de vacunación han disminuido respecto a años anteriores, una tendencia que preocupa a los pediatras; no obstante, expertos señalan que la intensidad se debe principalmente a las características propias del virus.
A pesar de un ligero descenso en algunos indicadores a principios de enero, los CDC advierten que la elevada transmisión probablemente continuará durante varias semanas más, pues aún no se ha superado el pico estacional.
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Ante este escenario, las autoridades sanitarias reiteran las recomendaciones de prevención: vacunarse, lavarse las manos con frecuencia, usar mascarilla si se presentan síntomas y quedarse en casa ante la presencia de fiebre.
Proteger a los grupos de mayor riesgo, como adultos mayores, niños y personas con enfermedades crónicas, es fundamental para reducir la presión sobre un sistema hospitalario que ya reporta un ritmo inusual de admisiones.












