Trump justifica su ‘obsesión’ con Groenlandia alegando una urgente necesidad de contrarrestar a Rusia y China en el Ártico. Foto: Cortesía / Facebook Jens-Frederik Nielsen
El interés del presidente Donald Trump por anexionar Groenlandia ha escalado a una prioridad de seguridad nacional pública, generando una crisis diplomática con Dinamarca y aliados de la OTAN; esta movida, que incluye amenazas veladas de acción militar, refleja una estrategia expansionista y busca controlar un territorio clave por su posición ártica y sus vastos recursos minerales sin explotar.
Trump justifica su ‘obsesión’ alegando una urgente necesidad de contrarrestar a Rusia y China en el Ártico, afirmando que “Groenlandia está cubierta de barcos rusos y chinos por todas partes”.
sin embargo, expertos señalan que estas afirmaciones son exageradas y que la administración ha desoído ofertas danesas para aumentar la presencia militar estadounidense en la isla de forma cooperativa.
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La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, confirmó que se están considerando “un abanico de opciones”, incluyendo “utilizar al Ejército de Estados Unidos” para lograr este fin.
La importancia estratégica de Groenlandia es innegable; es la isla más grande del mundo y su posición controla el acceso entre el Atlántico Norte y el Océano Ártico. Allí, Estados Unidos opera la Base Espacial Pituffik, crucial para la defensa de misiles y la vigilancia espacial de la OTAN.
Además, su subsuelo alberga una riqueza crítica para la economía del futuro: se han identificado 25 de los 34 minerales considerados “materias primas críticas” por la Unión Europea.
Esto incluye grandes depósitos de tierras raras, elementos esenciales para fabricar imanes de vehículos eléctricos, turbinas eólicas y equipamiento militar de alta tecnología.
La reacción internacional ha sido de firme rechazo y alarma y la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, declaró que una toma de control estadounidense significaría “el fin de la OTAN”, recordando que un ataque entre aliados acabaría con la alianza.
Junto a otros líderes europeos, dejó claro que “Groenlandia pertenece a su pueblo” y que solo Dinamarca y Groenlandia pueden decidir sobre su futuro.
El primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, pidió calma pero rechazó cualquier comparación con Venezuela, subrayando: “No estamos en una situación en la que Estados Unidos pueda conquistar Groenlandia”.
El consejero presidencial Stephen Miller cuestionó abiertamente la base legal de la soberanía danesa sobre la isla, preguntando “¿Cuál es el fundamento de su reclamación territorial?”.
A pesar de la retórica, los enormes desafíos prácticos de explotar los recursos de Groenlandia persisten; el clima extremo, la falta de infraestructura y una mano de obra limitada hacen que la minería sea costosa y compleja.
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Además, la población está dividida entre el deseo de desarrollo económico y la protección de su entorno natural y las tradiciones y mientras Trump sugiere que “nos ocuparemos de Groenlandia en unos veinte días”, la realidad geopolítica y física de la isla ártica presenta un obstáculo mucho más formidable que la mera voluntad presidencial.












