Una de las propuestas de Kristie O’Brien es replicar el programa de licencia familiar que Colorado estrenó como pionero nacional. FOTO: Oscar Ramos / Prensa Arizona
La contienda por el Distrito Legislativo 13, que incluye Chandler, Gilbert y Sun Lakes, se ha convertido en una de las batallas más reñidas del estado; con un escaño vacante por la salida del republicano JD Mesnard, el Comité Demócrata de Campañas Legislativas (DLCC) la ha señalado como una carrera prioritaria a nivel nacional, y la candidata demócrata Kristie O’Brien confía en que su perfil de mediadora y su arraigo en la zona logren inclinar la balanza en un distrito que en 2024 el presidente Donald Trump perdió por apenas un punto porcentual.
O’Brien, abogada convertida en mediadora, se presenta como una hija de la casa; “soy nativa de Arizona, nací y crecí en el Este del Valle, en Chandler”, declaró en una entrevista en la que recalcó que recorre el distrito tocando puertas y llamando “vecinos” a los electores, no votantes.
Hija de una trabajadora social del Ayuntamiento de Phoenix y de un corredor de seguros, y nieta de inmigrantes irlandeses, aseguró que el servicio público le fue inculcado desde pequeña: “La comunidad es una extensión de nuestra familia, y debemos estar ahí los unos para los otros, sin importar la letra que tengamos junto al nombre en el partido”.
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Ese enfoque centrista lo forjó en Washington D.C., donde trabajó para diez senadores republicanos que la contrataron a sabiendas de que era demócrata, porque compartían el objetivo de sacar adelante leyes de agua limpia y aire limpio.
“Para cuando terminé esa experiencia, sabía exactamente cómo funciona la negociación legislativa, y aprendí que todo se reduce a conversaciones cara a cara, a vernos como conciudadanos”, explicó.
“Ahora aspira a aplicar esas mismas habilidades en el Capitolio estatal, que describió como un “campo de batalla donde nadie parece llevarse bien”.
La candidata fijó sus prioridades en el alivio inmediato del bolsillo familiar: “Todos estamos sufriendo con la gasolina a cinco dólares y los precios de los comestibles fuera de control; hay proyectos de ley contra la fijación abusiva de precios que ni siquiera llegan a ser asignados a comité, y menos aún a audiencias o votaciones”.
Si logra el escaño, añadió, “podremos mover esa legislación que devolvería dinero a nuestros bolsillos”.
También se comprometió a llenar los huecos que están dejando los recortes y cierres del gobierno federal: “tenemos que fortalecer y reforzar nuestro gobierno estatal, para que las instituciones federales trabajen para los arizonenses y no para el inquilino de la Casa Blanca”.
En ese sentido, defendió la labor de la fiscal general Kris Mayes y del secretario de Estado Adrián Fontes a la hora de proteger los poderes estatales frente a intentos federales de, por ejemplo, alterar las normas electorales.
Sobre el reciente fallo del Tribunal Supremo respecto a la Ley de Derechos Civiles, que algunos temen pueda reabrir la manipulación de distritos, O’Brien se mostró escéptica: “Conozco el calendario legal; entre ahora y las elecciones, no veo que eso pueda ocurrir; habría una cascada de demandas que tendrían que escalar, y ya vimos lo que pasó con el fallo del Supremo”.
Sin embargo, no ocultó su preocupación por la ley federal SAVE Act, que a su juicio “tendría el efecto de silenciar a millones de mujeres votantes en Arizona”.
La salud es un asunto personal para O’Brien, madre de gemelos que nacieron prematuros y pasaron 43 días en la unidad de cuidados intensivos neonatales.
“Sé que todos estamos a una emergencia médica de la ruina financiera; el costo del cuidado infantil es altísimo y dificulta que la gente regrese al trabajo cuando hay un problema de salud”, dijo.
Por eso, una de sus propuestas estrella es replicar el programa de licencia familiar que Colorado estrenó como pionero nacional.
“Me encantaría que Arizona fuera el segundo estado en aprobarlo; facilitaría que las mujeres trabajadoras volvieran al empleo y que los padres tuvieran seguridad laboral para acompañar a un hijo en cuidados críticos”.
En materia hídrica, advirtió de que “estamos en el precipicio de perder nuestra asignación del Pacto del Río Colorado, y la reducción va a ser drástica; eso nos afectará a todos, vivamos donde vivamos en Arizona”.
Por ello, reclamó la presencia en el Legislativo de personas dispuestas a proponer soluciones que beneficien al conjunto de la población, y no solo a intereses partidistas.
O’Brien evitó cargar contra su oponente republicano de forma nominal, pero sí deslizó que “mi contrincante tiende a sonar muy sensata cuando habla con los votantes, pero sus políticas y sus votos son muy diferentes; además, es muy difícil conseguir una reunión con tu representante dependiendo del partido al que pertenezcas”.
La demócrata confía en que la cercanía que ella practica —“ya he hablado con miles de vecinos, no de votantes”— marque la diferencia.
El DLCC ha colocado al LD13 en el centro de su mapa de inversiones para 2026 precisamente por su carácter de distrito bisagra; Kamala Harris perdió allí por un punto en 2024, mientras que el senador federal Rubén Gallego sí se impuso, demostrando que los independientes basculan entre ambos partidos.
El escaño vacante que deja Mesnard tras alcanzar el límite de mandatos convierte esta elección en una de las que podrían decidir si los demócratas arrebatan la mayoría en el Senado estatal por primera vez en décadas.
O’Brien insiste en que no bastará con movilizar a las bases; habrá que persuadir a quienes desconfían de la política. “Creo que necesitamos más mamás haciendo cosas; estamos acostumbradas a administrar el hogar, a hacer presupuestos, a asegurarnos de que todos estén bien y tengan lo que necesitan, pero también tenemos ese lado compasivo que nos impide hacer más daño que bien”, reflexionó.
Y resumió su método para evaluar cada proyecto de ley: “Preguntarme a quién ayuda, a quién perjudica, si podemos costearlo y si podemos permitirnos no hacerlo”.
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A unos meses de las urnas, la apuesta de O’Brien consiste en demostrar que una mediadora formada en los pasillos bipartidistas del Capitolio federal puede reavivar la colaboración en un legislativo estatal fracturado, mientras promete poner dinero en el bolsillo de las familias y blindar los servicios públicos que el repliegue federal está mermando.
La pregunta es si ese discurso de proximidad y soluciones de sentido común bastará para voltear uno de los distritos más disputados del país.












