La inseguridad se apodera de Nueva York

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En la historia de la ciudad de Nueva York el tema de la inseguridad, la violencia y una serie de problemas sociales han sido recurrentes y si bien antes de la pandemia ya fueron problemas latentes, con el COVID-19 que se propagó en el 2020, la situación se ha agudizado.

Las cifras lo demuestran, la criminalidad en la ciudad se incrementó en el 2021 con un registro oficial de cuatrocientas sesenta y un agresiones solamente en el sistema de transporte público, incluyendo ocho asesinatos, incluso a pesar de que el porcentaje de pasajeros fue cuarenta y tres por ciento menos que antes de la pandemia.

Un asunto preocupante es la presencia permanente de desamparados con problemas mentales que deambulan por los lugares más concurridos, zonas turísticas y las estaciones del tren.

La crisis económica provocada por el cierre de negocios y los despidos masivos, parecería un detonante lógico de la violencia y la delincuencia, si no fuera por la gran cantidad de ayuda que han ofrecido tanto el sector público como privado y los incentivos para reactivar a la ciudad que vive una lucha contra la inseguridad por la violencia y los problemas sociales.

Si bien la mendicidad, violencia y delincuencia pueden tener vinculaciones por las motivaciones o por ser consecuencia de circunstancias similares, tienen características específicas.

Todas ellas combinadas, han creado un ambiente de inseguridad marcada, latente y creciente, que además se ha podido percibir en el ámbito político inclusive, tal es así que los dos candidatos finalistas para la alcaldía representaban la desesperada búsqueda de los neoyorquinos de encontrar a alguien que “ponga orden”.

La pandemia fue un detonante de graves problemas socio-económicos que estallaron y mientras las protestas sociales por injusticia racial o brutalidad policial se desarrollaron, con una mezcla de desesperación por la llegada de la pandemia, la crisis económica, la incertidumbre, las pérdidas, se desató una violencia que entre otras cosas generó saqueos, caos, robos, destrucción pero sobre todo un daño al sentido de autoridad particularmente hacia la agencia encargada de imponer orden en la ciudad.

La experiencia y las circunstancias han motivado a que el nuevo alcalde, un ex oficial de policía, tome acciones concretas, particularmente ante los asesinatos a jóvenes miembros del Departamento de Policía esta semana y existe un sentimiento unificado entre los neoyorquinos sobre la declaración de “Cero tolerancia a la delincuencia”, que es una muestra de que la prioridad fundamental de la ciudad de Nueva York en la actualidad es lograr seguridad y paz, para poder desarrollar su recuperación total a nivel económico.

Los neoyorquinos no pueden trabajar ni producir en paz cuando la inseguridad es la pandemia latente, en las calles, en los hogares, en las escuelas, en las estaciones de tren, dentro de trenes y autobuses, en los lugares de expendio de comida, librerías, almacenes, en lugar recreaciones como parques, en las calles donde transeúntes, incluyendo niño y jóvenes son baleados, es decir prácticamente ya no existe un lugar donde los neoyorquinos se sientan seguros.

En varias ocasiones hemos publicado notas sobre el tema de los desamparados, antes y durante la pandemia. El problema es que no se trata solamente de un asunto de higiene, de compasión o solidaridad, del mal manejo de los millonarios fondos asignados para ayudar a los mendigos.

Videos de desamparados agrediendo a personas que tratan de ayudarles, desamparados que han atacado a los transeúntes, que los han apuñalado, golpeado, empujado a las rieles del tren, sitúan a este grupo ya no en una zona de vulnerabilidad, si no de peligrosidad.

La mendicidad en la ciudad, que antes se observaba en los lugares con turistas, barrios de gente pudiente y zonas de actividad comercial, fundamentalmente en Manhattan, actualmente se ha extendido a otros condados.

Pero existe una movilidad interesante y poco estudiada entre los mendigos, con innumerables casos de mendigos que viven en un condado o barrio y se transportan, en tren y/o autobús a otra área de la ciudad para pedir caridad o recibir ayuda como alimentos preparados o para preparar.

Todo indigente de la ciudad debería recibir una evaluación de su salud mental y de acuerdo a esta, debería mantenerse en un centro para tratar su enfermedad. El peligro de los mendigos con problemas psicológicos es una de las crisis más graves que actualmente vive Nueva York.

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