Julia Benítez Pérez recuperó su libertad tras permanecer nueve meses recluida en el Centro de Detención de Eloy. CORTESIA: Dayana Cosme Benítez
La refugiada cubana de 79 años sale tras nueve meses de detención en Eloy
Julia Benítez Pérez, conocida entre sus compañeros de detención como “la abuela”, recuperó su libertad la noche del jueves 26 de febrero tras permanecer nueve meses recluida en el Centro de Detención de Eloy, Arizona.
La mujer de 79 años, que huyó de Cuba tras décadas de persecución política y el asesinato de su esposo a manos de guardias fronterizos en 1991, fue detenida en mayo de 2025 después de cruzar la frontera cerca de Lukeville para solicitar asilo y reunirse con su hija Dayana, residente legal en Miami.
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Su caso, documentado por el Arizona Daily Star y luego por la congresista Grijalva, expuso el dramático deterioro cognitivo que sufrió durante el encierro, donde pasaba la mayor parte del tiempo en silla de ruedas, su diabetes se descontroló y su hipertensión se agravó.
La congresista Adelita Grijalva visitó a Benítez el 18 de febrero en Eloy y describió el encuentro como “absolutamente desgarrador”, relatando que la anciana “estaba increíblemente confundida, no sabía por qué estaba allí” y rompió a llorar cuando Grijalva se marchó sin poder llevarla con ella.
“Las abuelas deberían estar en casa con sus familias, no en detención migratoria federal”, declaró entonces la legisladora, quien también denunció la política de la administración Trump de “negativas generalizadas a la libertad condicional humanitaria para ancianos y discapacitados” como “cruel e inhumana”.
Tras conocerse la liberación, Grijalva publicó un video en redes sociales expresando su alivio y planteando una pregunta incómoda para el gobierno: “Me llena de alegría saber que pronto Julia podrá abrazar a su hija y a sus nietos; pero su caso plantea la pregunta ¿Cuántos otros como ella están en detención federal?”
La congresista recordó que la administración tiene la autoridad para ejercer discreción y conceder libertad condicional humanitaria caso por caso para ancianos y discapacitados, pero en su lugar “está eligiendo un enfoque cruel y restrictivo que mantiene innecesariamente detenidas a personas médicamente vulnerables”.
La hija de Julia, Dayana Cosme Benítez, recibió la noticia desde Florida con una mezcla de alivio y gratitud, declarando que su madre “sintió esa libertad como lo más grande de su vida” y describió la liberación como “el mayor regalo que Dios le ha dado”.
Dayana había denunciado previamente que los informes médicos cubanos ya indicaban signos de demencia senil, y que durante los nueve meses de encierro su madre a veces hablaba “como si todavía estuviera en Cuba” y preguntaba repetidamente cuándo la liberarían.
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ICE defendió durante meses su decisión de mantener detenida a Benítez, argumentando que proporcionaba atención médica integral y que la anciana “no era la excepción” en el trato recibido.
Sin embargo, la presión mediática y la intervención de la congresista Grijalva finalmente lograron que la agencia revirtiera su postura.
Al salir del centro de Eloy, Julia resumió su experiencia con una frase cargada de significado: “bueno, imagínense, después de casi un año encerrada allí, me he sentido muy bien”.
La batalla de Grijalva ahora se centra en aquellos que, como Julia, permanecen olvidados tras las rejas.












