Bob Weir fue una pieza fundamental en la creación del sonido contracultural de San Francisco en los años sesenta. CORTESIA: Greatful Dead / Facebook
Tras la muerte de Jerry Garcia en 1995, Weir se convirtió en el rostro más reconocible de la banda
Bob Weir, guitarrista y miembro fundacional de la legendaria banda Grateful Dead, falleció a los 78 años. Su muerte fue anunciada mediante un comunicado oficial publicado el sábado en sus redes sociales.
“Partió en paz, rodeado de sus seres queridos”, detalló el comunicado familiar. Añadió que, tras vencer valientemente un cáncer, “sucedió debido a problemas pulmonares subyacentes”.
Weir fue una pieza fundamental en la creación del sonido contracultural de San Francisco en los años sesenta. Su estilo rítmico, excéntrico y con influencia del jazz fue el pilar de los legendarios solos de Jerry Garcia.
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Nacido en San Francisco en 1947, conoció a Jerry Garcia en una tienda de música en 1965. Juntos, con Phil Lesh y Bill Kreutzmann, formarían la banda que definiría una era.
Escribió o coescribió algunos de los himnos más perdurables del grupo. Entre ellos, “Truckin'”, “Sugar Magnolia”, “Playing in the Band” y “Cassidy”.
Tras la muerte de Garcia en 1995, Weir se convirtió en el rostro más reconocible de la banda. Dedicó las décadas siguientes a mantener viva su música y su legado con diversos proyectos.
El más notable fue Dead & Company, formado en 2015 junto al baterista Mickey Hart y el guitarrista John Mayer. “Había una invitación: a sentir, a cuestionar, a vagar y a pertenecer”, describió su familia sobre su obra.
Su resistencia quedó de manifiesto en agosto de 2025. Semanas después de iniciar tratamiento contra el cáncer, subió al escenario en el Golden Gate Park de San Francisco.
Allí, Dead & Company celebró el 60 aniversario de la banda durante tres noches; ante unas 180.000 personas en total. “Esas actuaciones no fueron adioses, sino regalos”, señaló el comunicado.
La noticia de su muerte generó una ola de homenajes. El gobernador de California, Gavin Newsom, lo llamó “un verdadero hijo de California”.
“Ayudó a crear la banda sonora de una generación”, expresó Newsom. En Nueva York, el Empire State Building se iluminó con colores “tie-dye” en su honor.
Figuras como Bob Dylan y Seán Ono Lennon también compartieron recuerdos y condolencias. El alcalde de San Francisco, Daniel Lurie, destacó que su música sacó “lo mejor de nuestra ciudad”.
Weir deja un legado cultural inmenso, más allá de las listas musicales. Los Grateful Dead cultivaron una comunidad única de seguidores, los “Deadheads”.
Fueron una banda de improvisación por excelencia, priorizando giras interminables y solos espontáneos. Esta filosofía creó un movimiento musical que aún perdura.
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“Bobby será por siempre una fuerza guía cuya arte única reformó la música americana”, afirma el comunicado oficial. Su familia sobrevive, incluyendo a su esposa Natasha y sus dos hijas.
Con su partida, el baterista Bill Kreutzmann es el último miembro fundador original con vida. Sin embargo, el espíritu de su viaje musical parece destinado a continuar.
Weir “a menudo hablaba de un legado de trescientos años”, según su familia. Su sueño era que el cancionero del Grateful Dead perdurara por generaciones.
“No hay un telón final aquí, en realidad no”, concluye el mensaje de despedida. “Solo la sensación de alguien que parte de nuevo”.











