Con una desaprobación del 63 por ciento de los votantes a nivel nacional, Donald Trump llegó estuvo en Arizona para apoyar a los candidatos MAGA. CORTESIA: Turning Point Action / Facebook
Visita de Donald Trump para impulsar a sus candidatos, aún con desaprobación histórica
En el mitin recientemente realizado en la iglesia Dream City del norte de Phoenix, el presidente Donald Trump congregó a miles de seguidores para respaldar a candidatos republicanos de Arizona, incluido el aspirante a la gubernatura, Andy Biggs.
El evento, denominado “Construir el Muro Rojo”, fue organizado por Turning Point USA y sirvió para escenificar la profunda fractura social que atraviesa el estado y el país, con cientos de manifestantes concentrados en las afueras del recinto religioso para protestar contra la visita del mandatario.
El acto se produjo en un momento de extrema debilidad política para el presidente, quien registra los índices de aprobación más bajos para un mandatario en funciones en la historia reciente, con apenas un treinta y siete por ciento de apoyo nacional y un sesenta y tres por ciento de rechazo contundente en todos los niveles.
En Arizona, estado clave que Trump ganó en dos mil veinticuatro, su popularidad también está bajo el agua, con una imagen desfavorable neta de menos trece puntos porcentuales, una caída de dieciséis puntos que refleja el abandono masivo de los votantes independientes y moderados, los mismos que podrían definir las elecciones de mitad de mandato en noviembre próximo.
El contraste entre la narrativa triunfalista del presidente y la realidad económica que viven los arizonenses fue uno de los ejes centrales de la jornada, pues mientras Trump calificó su gestión como “el año más exitoso en la historia del país” y aseguró que su administración ha “domado la inflación”, los datos oficiales muestran un panorama muy distinto
El precio promedio de la gasolina a nivel nacional supera los cuatro dólares por galón, en comparación con los dos con noventa y ocho que costaba antes del inicio del conflicto con Irán, y la carestía de la vivienda junto con el alza generalizada de precios siguen siendo las principales preocupaciones para los ciudadanos de Arizona, muy por encima de otros asuntos de la agenda política nacional.
Fervoroso fanatismo
En el interior del templo, el ambiente era de fervor absoluto y miles de seguidores con gorras rojas y banderas vitorearon cada una de las declaraciones del presidente, quien durante un discurso errático de aproximadamente cuarenta minutos saltó de un tema a otro con escasa cohesión argumental.
“No nos disculpamos por el poderío estadounidense, y no dudamos en defender al pueblo estadounidense, que es lo que hemos estado haciendo durante los últimos dos meses porque Irán no puede tener un arma nuclear. Es muy simple”, proclamó Trump, cosechando una ovación cerrada de los presentes
Acto seguido, calificó la guerra con Irán como “solo una excursión militar” y restó importancia al conflicto al afirmar: “Esto no fue a lo grande”.
Sin embargo, los hechos contradicen el relato presidencial, ya que desde que Estados Unidos e Israel lanzaron la ofensiva hace siete semanas han muerto al menos trece soldados estadounidenses y cientos más han resultado heridos, según los informes del Pentágono.
El propio secretario de Defensa ha admitido que aproximadamente ciento cuarenta efectivos han sido alcanzados en apenas diez días de ataques sostenidos.
En el mismo discurso, Trump hizo alusión a una posible intervención militar en Cuba, al declarar: “Vamos a ayudarlos con Cuba” y referirse a algo que se está gestando “desde hace setenta años”.
La declaración coincide con reportes de que el Pentágono ha comenzado discretamente a planificar una operación en la isla caribeña, un anuncio que generó inquietud entre los observadores internacionales y que se suma a la polémica por las controvertidas acciones navales de su gobierno.
Fuera del recinto, el clima era radicalmente opuesto: cientos de manifestantes se congregaron en los alrededores de Dream City con pancartas que rezaban “No Kings” y coreaban consignas contra la guerra en Irán, en una protesta que refleja el creciente hartazgo de amplios sectores de la población con el rumbo del país.
La policía local mantuvo separados a ambos bandos, aunque se registraron algunos enfrentamientos verbales; un manifestante identificado como Jeff Northrup resumió el sentir de muchos al declarar a los medios que los seguidores de Trump son “personas completamente carentes de pensamiento crítico”.
Esta división palpable es el reflejo de una polarización que se ha agudizado a menos de siete meses de unos comicios que se perfilan como un referéndum sobre el trumpismo, y que tienen en Arizona uno de sus escenarios más disputados debido a la ajustada diferencia con la que el presidente ganó el estado hace dos años.
Los candidatos MAGA
La visita de Trump tenía como objetivo explícito respaldar a los candidatos republicanos de Arizona, en particular al congresista Andy Biggs, quien busca la nominación de su partido para enfrentarse a la gobernadora demócrata Katie Hobbs en noviembre.
Biggs, un leal al presidente con vínculos con los eventos del asalto al Capitolio del seis de enero de dos mil veintiuno, se enfrenta en las primarias a su colega David Schweikert, cuyo equipo de campaña aprovechó la ocasión para repartir folletos en el estacionamiento del evento, evidenciando la contienda interna que libran ambos aspirantes.
Aunque Biggs cuenta con el aval de Trump, este respaldo podría ser un arma de doble filo en las elecciones generales, dada la impopularidad del mandatario y la abultada ventaja financiera de Hobbs, quien cerró marzo con casi siete mil doscientos millones de dólares en sus arcas, una cantidad que multiplica por seis la suma combinada de lo recaudado por Biggs y Schweikert.
El historial reciente no favorece a los candidatos apadrinados por el presidente y la gran mayoría de sus recomendados han perdido en las elecciones celebradas después de su victoria en dos mil veinticuatro, una tendencia que inquieta a las filas republicanas y que obliga a los estrategas a replantear la conveniencia de alinearse de manera tan visible con una figura que genera un rechazo tan profundo entre los electores independientes.
En el mismo mitin, el representante Eli Crane intentó arengar a la multitud con un llamado que ejemplifica la estrategia de movilizar a la base más que de ampliarla: “Los republicanos no son la solución a todos sus problemas, pero los demócratas son prácticamente la causa de todos sus problemas”.
Por su parte, el representante Juan Ciscomani, que representa el distrito más competido de Arizona, presumió de su triunfo en dos mil veintidós y enfatizó la necesidad de elegir a otros candidatos republicanos como el exalguacil del condado de Pinal, Mark Lamb, y el ex pateador de la Liga Nacional de Fútbol Americano, Jay Feely, quienes aspiran a ocupar escaños clave en el Congreso.
Pese a los llamados a la unidad, se hicieron visibles algunas fisuras dentro del propio movimiento conservador; en un momento del evento, el congresista Paul Gosar instó a los asistentes a votar por Rodney Glassman para fiscal general en lugar del presidente del Senado estatal Warren Petersen, lo que desató una sonora rechifla en el santuario.
Horas más tarde, Trump mencionó a Petersen desde el escenario, en un gesto que buscó zanjar la controversia y proyectar una imagen de cohesión que la realidad interna del partido parece desmentir.
El espejismo económico
La presidenta del Partido Demócrata de Arizona, Charlene Fernández, acusó a Trump de “mentir sobre su historial económico” y de “poner en riesgo la salud y la seguridad de los arizonenses”, unas declaraciones que resumen la postura de una oposición que ve en el desgaste del presidente una oportunidad histórica para recuperar terreno en el Congreso y en las gobernaturas.
Mientras los seguidores dentro de la iglesia lo vitoreaban como a un salvador, los manifestantes en la calle le recordaban con sus pancartas que la guerra, la inflación y la corrupción empañan su legado, dejando a la ciudad más dividida que antes de su llegada.
La pregunta que flota en el ambiente es si la estrategia de movilizar a la base más radical será suficiente para contrarrestar el creciente rechazo de los votantes independientes, un segmento que históricamente ha inclinado la balanza en Arizona y que ahora muestra signos inequívocos de fatiga frente al discurso triunfalista de un presidente cuyos índices de aprobación se hunden a niveles nunca vistos para un mandatario en ejercicio, con apenas treinta y siete puntos de respaldo a nivel nacional y una desaprobación que alcanza al sesenta y tres por ciento de los ciudadanos.
La batalla por el alma de Arizona, como la del resto del país, está lejos de resolverse, y el espectáculo del viernes fue apenas un adelanto de lo que vendrá en los próximos meses de campaña, cuando el contraste entre el relato oficial y la realidad cotidiana se hará aún más evidente en las urnas.
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