La vicepresidenta ejecutiva Delcy Rodríguez asumió el cargo como presidenta encargada, por orden del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela. CORTESIA: Delcy Rodríguez / Facebook
El exmandatario venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores enfrentan cargos por narcoterrorismo de los que se declararon no culpables; mientras, en Caracas, Delcy Rodríguez asume la presidencia interina y la comunidad internacional reacciona con duras críticas a la operación militar estadounidense.
Nicolás Maduro compareció ante el juez federal Alvin K. Hellerstein en Nueva York este lunes; enfrenta cargos graves por narcotráfico y posesión de armas, tras su captura en una operación militar el pasado sábado.
Ante el tribunal, el ex presidente venezolano se declaró inocente con firmeza; afirmó “Soy inocente, no soy culpable” y se describió a sí mismo como “un hombre decente” que sigue siendo el presidente legítimo de Venezuela.
Maduro añadió una contundente denuncia sobre su captura; alegó ante el juez que fue “secuestrado de mi casa en Caracas”, cuestionando así la legalidad de su detención y traslado a Estados Unidos.
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La esposa de Maduro, Cilia Flores, se declaró igualmente inocente en su audiencia separada; con determinación, le dijo al juez “Soy inocente, completamente inocente”.
Flores enfrenta acusaciones de haber aceptado “cientos de miles de dólares en sobornos” para intermediar una reunión entre un narcotraficante y autoridades venezolanas en 2007; durante la audiencia, también se identificó como “la primera dama de la República de Venezuela”.
Mientras ocurría la audiencia en Nueva York, en Venezuela se consolidaba una nueva realidad política; la vicepresidenta ejecutiva Delcy Rodríguez asumió el cargo como presidenta encargada, por orden del Tribunal Supremo de Justicia.
Rodríguez, conocida por su lealtad al chavismo, ha adoptado un tono moderado hacia Washington; ha pedido “cooperación” con Estados Unidos, en contraste con la retórica anterior.
Esta transición busca garantizar la “continuidad administrativa” del gobierno, evitando por ahora la convocatoria a elecciones inmediatas.
La operación militar y la detención han desatado una crisis diplomática global; China exigió la “liberación inmediata” de Maduro, afirmando que su captura “viola claramente el derecho internacional”.
Rusia condenó el “acto de agresión armada” en el Consejo de Seguridad de la ONU y advirtió sobre un resurgimiento del “neocolonialismo” estadounidense.
Paralelamente, el presidente Donald Trump amplió sus advertencias a la región; tras la captura de Maduro, advirtió al presidente de Colombia, Gustavo Petro, que “tiene que cuidar su trasero” por su supuesta vinculación con el narcotráfico.
Trump también ha insinuado posibles acciones militares en Colombia y ha presionado a México para que ponga “orden en el tema de las drogas”.
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La tensión política también se vivió en las calles de Nueva York; multitudes se congregaron frente al juzgado federal, mostrando una profunda división.
Un grupo de manifestantes celebró la captura de Maduro, ondeando banderas venezolanas y coreando consignas como “¿Quiénes somos? ¡Venezuela! ¿Qué queremos? ¡Libertad!”.
Frente a ellos, otros manifestantes protestaban en apoyo al exmandatario; portaban pancartas con la leyenda “Libertad para el presidente Maduro” y ondeaban banderas de Venezuela.
Este enfrentamiento simbólico refleja la profunda polarización que define la crisis venezolana, tanto dentro como fuera de sus fronteras.












