Récord de contagios de COVID

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Con casi 150 mil nuevos contagios oficialmente contabilizados en sólo la última semana, la pandemia de COVID-19 cumplió las expectativas de los expertos, que auguraban su repunte a mediados de enero, cobrando la vida ya de 25,395 personas desde su inicio.

Sin embargo la mayor preocupación según los últimos hallazgos, es que puede haber cuatro veces más personas contagios en el condado de Maricopa, de lo que se mide oficialmente, según encuesta realizada para determinar los anticuerpos de COVID entre los que no se hicieron en el Valle y muestra que el virus puede estar más extendido de lo que se contabiliza.

El aumento de casos también está obligando a muchos arizonenses a buscar sitios de prueba de COVID ya que las pruebas en el hogar están muy agotadas y buscar máscaras de mayor calidad en todo el Valle.

Afortunadamente, el gobierno federal de la administración Biden anunció el envío gratuito de máscaras N95 y hasta 4 pruebas caseras a las familias que las soliciten a través del sitio de internet COVIDtests.gov.

“El aumento actual en los casos está presionando a los hospitales de Arizona”, dijo el Departamento de Servicios de Salud de Arizona (ADHS, por sus siglas en inglés) en un tuit con el anuncio de los datos, al cierre de la edición.

Los hospitales, se encuentran casi a su máxima capacidad para la atención a víctimas de COVID-19 y se ha recalcado que 9 de cada 10 pacientes son personas que no tomaron la vacuna, igualmente son quienes presentan síntomas más graves.

Los expertos de salud consideran que lejos de mejorar, la situación empeorará en los próximos meses y ven a febrero y marzo como el máximo en el pico de la pandemia.

Lejos de lo que se esperaba, ya con la vacuna disponible, en Arizona los números se han disparado de forma por demás alarmante, hasta en un 300 por ciento en comparación con el año pasado, todo producto de la negativa a vacunarse y de ignorar las pautas de salud recomendadas por los Centros de Control de Enfermedades (CDC).

La polarización política forma gran parte del problema, pues mientras el gobierno federal plantea el endurecimiento de medidas de seguridad, el gobierno del estado las ha evitado e incluso la Suprema Corte de Justicia falló en contra de la Administración Biden con respecto a los mandatos de vacunación.

Todo esto, mientras más de 1,000 médicos, enfermeras, cuidadores y otros firmaron una carta abierta al gobernador Doug Ducey, líderes de atención médica y funcionarios estatales y del condado pidiendo acción inmediata para ayudar a combatir la creciente oleada de la variante ómicron en Arizona.

“Nuestra fuerza laboral de atención médica está sufriendo daño moral y agotamiento por el ataque sostenido que ola tras ola de COVID ha tenido sobre nosotros, nuestras familias y nuestras comunidades. La pandemia de COVID-19 se está extendiendo sin paliativos en todo el estado y está sobrecargando nuestros hospitales y afectando los estándares de atención de los pacientes. Nuestra situación actual es insostenible”, dice la carta.

El grupo le está pidiendo a Ducey, a los legisladores y a otros funcionarios que implementen requisitos de mascarillas para interiores, aumenten el acceso a las pruebas de COVID-19, proporcionen mascarillas gratuitas de alta calidad al público y aumenten los fondos para los sistemas de filtración de aire en escuelas y empresas. Y quieren un lugar de trabajo más seguro para ellos.

Los trabajadores de la salud están haciendo esas peticiones porque saben que los esfuerzos de mitigación ayudarán, al menos un poco, a disminuir la miseria.

Señalan que el esfuerzo no solo por ellos, sino por los afligidos y sus familias y para aquellos con otros problemas de salud graves, cuyo tratamiento ha sido limitado o interrumpido por todos los casos de COVID-19 que bloquean el sistema.

Los expertos de la industria esperan que la escasez de enfermeras que está experimentando todo el país dure hasta bien entrado 2030 y parte de la razón es que la fuerza laboral de enfermería está envejeciendo, con alrededor de la mitad de las enfermeras empleadas mayores de 50 años.

La pandemia también ha estresado a la industria de la salud cuando el acceso a los sitios clínicos para la formación de enfermeras se volvió más complicado debido a la COVID-19 y el estrés supuso una carga adicional para las enfermeras que ya estaban en el trabajo.

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