La ex congresista de Georgia Marjorie Taylor Greene. CORTESIA: Marjorie Taylor Greene / Facebook
De general MAGA a la más dura crítica de Trump
La exrepresentante federal por Georgia Marjorie Taylor Greene acusó directamente al presidente Donald Trump de haberle dicho que su familia merecía las amenazas de muerte que recibieron después de que ella impulsara la publicación de los archivos del caso Jeffrey Epstein, según declaró Greene el pasado fin de semana durante un discurso en el Instituto Ron Paul, en Texas.
La declaración representa el cisma más profundo hasta la fecha entre el mandatario y una de sus antiguas aliadas más ruidosas.
“Al presidente Trump lo forzaron a firmarlo; no lo firmó porque lo apoyara. Lo obligaron. Y entonces publicamos los archivos de Epstein, y luego me cayó encima una publicación de Truth Social como una bomba nuclear en la que el presidente me llamaba traidora”, relató Greene ante la audiencia del instituto tejano.
Añadió que las amenazas contra su hijo menor llegaron a incluir la advertencia de que “vamos a ponerle una bala en la cabeza” y le comunicó esos mensajes al presidente.
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Trump supuestamente respondió que: “Era mi culpa y que lo merecía. Si matan a mi hijo, lo merezco por traidora”.
La disputa entre Greene y el presidente se remonta a noviembre de 2025, cuando la entonces congresista encabezó un grupo de republicanos que forzó la firma de la Ley de Transparencia de los Archivos Epstein.
Trump, quien había prometido durante la campaña electoral la divulgación de esos documentos, se había mostrado renuente a hacerlo efectivo.
“Fue lo más impactante, cuando me senté en una reunión y supe que el presidente no quería publicar los archivos de Epstein; según él, sus amigos iban a salir lastimados”, denunció Greene.
Tras aquella ruptura, el presidente retiró su respaldo político a Greene y la calificó públicamente de “traidora” y “lunática”.
Greene, por su parte, renunció a su escaño en el Congreso el 5 de enero de 2026, y en los meses siguientes ha intensificado sus críticas hacia la administración Trump.
En la misma conferencia de Texas, la exrepresentante afirmó que el movimiento Make America Great Again “está muerto” y que ambos partidos han fallado al pueblo estadounidense.
“Estamos superando a Donald Trump. Cuanto más rápido lo superemos, más rápido llegaremos a las soluciones”, sentenció.
El portavoz de la Casa Blanca, Davis Ingle, rechazó las acusaciones sin referirse directamente a la existencia de los supuestos mensajes de texto que Greene afirma haber guardado.
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“Es una desertora que patéticamente intenta seguir siendo relevante. Desafortunadamente, el Síndrome de Trastorno por Trump ha podrido el cerebro tamaño cacahuate de la excongresista Greene”, declaró Ingle a la revista People.
La respuesta de la administración, lejos de rebatir los hechos, se limitó a la descalificación personal.
Greene, sin embargo, se ha mostrado desafiante y ha acuñado un nuevo lema, “No tengo Síndrome de Trastorno por Trump, tengo Síndrome de Decepción por Trump”, que encapsula el sentir de un sector del movimiento que ella misma ayudó a construir.
Sus críticas, que en un principio se centraron exclusivamente en la falta de transparencia sobre los archivos de Epstein, se han extendido ya a la guerra en Irán y a la gestión económica, y la sitúan en un espacio político aún difícil de definir, pero que algunos analistas locales empiezan a observar con atención.












