El presentador de noticias Tucker Carlson, quien era fiel seguidor de Donald Trump, rompió por completo con el Partido Republicano, a cuyos militantes acusó de ‘traidores’. Foto: Facebook Tucker Carlson
Tucker Carlson, uno de los comunicadores conservadores más influyentes de las últimas tres décadas, anunció que abandona el Partido Republicano, al que acusó de haber “traicionado” a los estadounidenses al anteponer los intereses de un gobierno extranjero, Israel, sobre los de sus propios ciudadanos.
La declaración, realizada durante una entrevista en el podcast independiente “Can’t Be Censored”, representa la ruptura más simbólica hasta la fecha dentro del movimiento conservador y amenaza con acelerar la fractura que la guerra de Irán ha abierto en la base republicana.
“¿Cómo podría yo, o cualquier votante estadounidense, apoyar a un partido político que no es leal a Estados Unidos, que pone los intereses de un país extranjero por encima de los de sus propios ciudadanos? No es posible votar por gente así, y no voy a hacerlo”, declaró Carlson.
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“Estoy fuera”, sentenció, en un mensaje dirigido directamente a la dirigencia republicana que ha respaldado la intervención militar en Irán ordenada por el presidente Donald Trump desde febrero pasado.
Carlson, quien durante 35 años defendió al Partido Republicano desde las pantallas de Fox News y posteriormente desde su propia plataforma, Tucker Carlson Network, vinculó su decisión directamente con la guerra.
“Este conflicto, que ya hemos perdido en los hechos, es la prueba definitiva de que Washington abandonó a sus propios ciudadanos”, afirmó.
El comunicador también sugirió que la campaña presidencial de Trump en 2024 fue financiada por personas con “lealtad a Israel”, lo que, en su opinión, ha condicionado decisiones que no se alinean con las prioridades estadounidenses. T
rump ha rechazado en repetidas ocasiones esa interpretación y ha insistido en que él “da las órdenes” y que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, “no las da”.
La ruptura de Carlson se produce tras meses de críticas crecientes a Trump por la guerra de Irán. E
n declaraciones previas, el comunicador llegó a sugerir que el presidente podría ser el “anticristo”, y ha utilizado su espacio en la red social X para cuestionar tanto la estrategia militar en el Golfo Pérsico como el bloqueo del estrecho de Ormuz, que ha disparado los precios de la gasolina a nivel global y ha costado a los hogares estadounidenses, según Moody’s Analytics, un promedio de 750 dólares adicionales en energía.
La decisión de Carlson generó una reacción inmediata en sectores del Partido Republicano que comparten su frustración. La representante Marjorie Taylor Greene escribió en X que Carlson “no es el único” que ha terminado con el Partido Republicano, y añadió:
“Hay MUCHOS de nosotros que estamos absolutamente hartos y no apoyaremos a un partido que traiciona a sus votantes y a su país. Esto no significa que nos estemos volviendo demócratas; significa que estamos HARTOS del partido republicano que pone a Estados Unidos al último”.
La salida de Carlson coincide con un momento de profunda reconfiguración ideológica en la derecha estadounidense.
La guerra de Irán, que suma ya más de 7,000 muertos desde el 28 de febrero y que ha provocado la mayor crisis energética en décadas, ha dividido al movimiento conservador entre quienes respaldan la intervención como un imperativo de seguridad nacional y quienes, como Carlson, la consideran un conflicto ajeno impuesto por presiones extranjeras.
La audiencia de Carlson sigue siendo masiva: su programa en X y su red de podcasting alcanzan a millones de seguidores, lo que le otorga una capacidad de influencia que podría traducirse en un éxodo de votantes republicanos hacia candidaturas independientes o, simplemente, en una abstención masiva en las elecciones de noviembre.
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En la entrevista, Carlson también arremetió contra lo que calificó de “inmoralidad” del Partido Republicano actual y advirtió: “Si yo me voy, mucha otra gente también se va”.
La declaración tiene un peso específico en un año electoral en el que el control del Congreso está en juego y en el que la base republicana se enfrenta a un dilema: seguir respaldando a un partido que aprobó el mayor gasto militar en décadas para una guerra que, según el propio Carlson, “ya está perdida”, o explorar nuevas alternativas políticas.
Lo que está claro es que la fractura que Carlson ha hecho explícita no se cerrará antes de que los votantes acudan a las urnas.











