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Escepticismo en plan de paz de Estados Unidos con Irán

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Hay dudas e inconsistencias en los detalles del memorando de entendimiento. Foto: @CENTCOM

El presidente Donald Trump anunció en la cumbre del G7 en Évian-les-Bains, Francia, que Estados Unidos e Irán alcanzaron un acuerdo preliminar para poner fin a 108 días de hostilidades, reabrir el estrecho de Ormuz y levantar el bloqueo naval estadounidense.

 La firma oficial del memorando de entendimiento está prevista para el viernes en Suiza, según confirmó el primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, cuyo país medió en las negociaciones junto con Qatar, Arabia Saudita y Turquía. 

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El anuncio, que coincidió con el cumpleaños número 80 del mandatario, ha sido recibido con escepticismo ante las diferencias sustanciales entre lo que Washington describe como un pacto basado en el cumplimiento y lo que Teherán proclama como una “victoria total”.

“El acuerdo con la República Islámica de Irán está completo”, escribió Trump en Truth Social. 

“Autorizo por la presente la apertura gratuita del estrecho de Ormuz y el levantamiento inmediato del bloqueo naval. Barcos del mundo, enciendan sus motores”. 

Horas después, el vicepresidente JD Vance, arquitecto del pacto, matizó que “los detalles se determinarán en las negociaciones técnicas que comienzan esta semana”, y evitó confirmar un acceso permanente y sin peajes, lo que abrió una brecha con la retórica presidencial.

La versión iraní del memorando, difundida por la agencia Fars y por el portavoz de la cancillería, Esmail Baghaei, enumera 14 cláusulas entre las que destacan la liberación inmediata de 24 mil millones de dólares en activos congelados, un programa de reconstrucción por 300 mil millones, financiado en buena medida por Occidente, la gestión del estrecho por parte de Irán y Omán mediante tarifas obligatorias por servicios de navegación y protección ambiental, y la exclusión del programa de misiles balísticos y de los aliados regionales de Teherán de futuras rondas de diálogo. 

“La nación iraní impuso su voluntad a los enemigos cobardes”, tituló la agencia Tasnim, vinculada a la Guardia Revolucionaria. Baghaei se cuidó de no llamar “peajes” a las cuotas, pero dejó claro que serán de pago obligatorio.

El presidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara, el republicano Michael McCaul, advirtió que “cualquier transferencia de fondos requerirá supervisión legislativa” y que el Congreso no autorizará un “cheque en blanco”. 

El senador Lindsey Graham, aliado de Trump, expresó su preocupación: “La visión iraní del acuerdo parece diferente de lo que afirma el equipo negociador estadounidense”. 

La oposición demócrata fue más tajante: el representante Ro Khanna declaró que “los términos no parecen mejores que los que Obama consiguió con el JCPOA hace casi una década, pero al menos hoy podemos aliviarnos de que los precios de la gasolina y los alimentos empiecen a bajar”.

Las declaraciones de Khanna remiten inevitablemente al Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés) de 2015, un acuerdo de 159 páginas con anexos verificables que el propio Trump rompió unilateralmente en 2018 calificándolo como “el peor acuerdo de la historia”. 

Aquel pacto mantenía congelado el programa nuclear iraní; hoy, tras casi cuatro meses de guerra, el mandatario se dispone a firmar un memorando que, según el expresidente Barack Obama, “es dudoso que sea significativamente diferente o una mejora” respecto al que él negoció. 

En una entrevista con Good Morning America, Obama añadió: “Tomarse el tiempo para explorar la diplomacia antes de ir a la guerra es una lección que al parecer tenemos que reaprender cada cierto tiempo”.

La guerra deja un balance devastador, pues más de 7,000 personas han muerto desde que el 28 de febrero Trump y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ordenaran ataques conjuntos sobre Irán con el objetivo declarado de destruir su capacidad nuclear. 

El cierre del estrecho de Ormuz disparó los precios del crudo y la gasolina y la inflación alcanzó el 4.2 por ciento en mayo y cada hogar estadounidense ha pagado unos 750 dólares adicionales en energía, según Moody’s Analytics. 

La confianza del consumidor está en mínimos históricos a cinco meses de las elecciones intermedias.

El capítulo israelí es el más explosivo del frágil entramado, pues Netanyahu, que arrastró a Washington a la guerra y la planteó como una redención política, ha visto cómo su principal aliado le daba la espalda. 

Trump, visiblemente frustrado, declaró en el G7 que “sin Estados Unidos no habría Israel; sin mí no habría Israel”, y criticó los bombardeos sobre Líbano: “No hace falta derribar un edificio entero cada vez que buscas a alguien”. 

Sin embargo, el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, confirmó que Netanyahu comunicó directamente a Trump que las tropas israelíes no se retirarán del sur del Líbano. 

El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, prometió “seguir actuando con todas las herramientas para derrocar a este régimen asesino en Irán”. 

El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, declaró que el acuerdo “no vincula a Israel” y exigió continuar destruyendo viviendas y desplazando a la población.

Irán insiste en que el fin de la guerra en Líbano es “una parte inseparable del acuerdo de alto el fuego”, y Hezbolá advirtió que “no habrá acuerdo nuclear entre Irán y Estados Unidos a menos que los israelíes se retiren” y la Casa Blanca, de momento, no ha aclarado públicamente la contradicción. 

Mientras, los datos satelitales de MarineTraffic muestran que los buques comerciales aún no han comenzado a cruzar Ormuz. “Una vez firmado el acuerdo, la siguiente pregunta es dónde están las minas navales iraníes”, dijo Pavel Molchanov, analista de Raymond James, a The New York Times. 

“Las propias autoridades iraníes no lo saben, porque las minas pueden haberse desplazado”.

El memorando, que no es un tratado sino una declaración de intenciones, abre un período de 60 días de negociaciones técnicas para redactar el pacto definitivo. 

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Trump ha dicho que el texto se hará público “en algún momento después del viernes”, y ha insinuado que no asistirá a la ceremonia: “JD vendrá para eso. Probablemente yo ya me habré ido”. 

La ausencia del presidente en la firma de su propio acuerdo sería la metáfora perfecta de una paz que, como la guerra que la precedió, parece haberla negociado alguien distinto al que la anunció. 

El mundo contiene la respiración mientras las minas flotan en el Golfo y los soldados israelíes excavan trincheras en el sur del Líbano.

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