Los representantes federales Andy Biggs y David Schweikert, protagonizaron un intenso debate de las Primarias de Elecciones Limpias. CORTESIA: Magnific
Mutuamente se acusan de extremismo y se distancian de fallas económicas
Los dos principales aspirantes a la candidatura republicana para la gubernatura de Arizona, los representantes federales Andy Biggs y David Schweikert, protagonizaron un debate de las Primarias de Elecciones Limpias en el que se lanzaron acusaciones de extremismo mientras trataban de distanciarse de un historial legislativo que, según sus críticos, ha disparado los costos de la salud, la gasolina y la canasta básica de los arizonenses.
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El encuentro, celebrado en Scottsdale, dejó en claro que, más allá de sus diferencias retóricas, ambos comparten un mismo legado de votos en Washington que los hace corresponsables del deterioro económico que hoy castiga al estado.
Biggs, favorito en las encuestas y respaldado por el presidente Donald Trump, aseguró que “en todas las encuestas que se han publicado, soy el republicano más competitivo frente a Katie Hobbs”.
Schweikert, por su parte, se presentó como el candidato moderado capaz de atraer a los independientes, y acusó a su rival de estar “totalmente controlado por Turning Point”, el brazo político de la difunta organización de ultraderecha fundada por Charlie Kirk.
Sin embargo, la pelea por el centro oculta una realidad que los votantes pueden comprobar con un par de clics: ambos han abrazado el negacionismo electoral, han votado por una guerra que disparó el precio de los combustibles y han presumido de ser artífices de los recortes sanitarios que hoy amenazan la cobertura de cientos de miles de personas.
En el apartado electoral, los dos congresistas comparten un prontuario que los inhabilita como defensores de la democracia.
Biggs votó a favor de revocar los resultados de Arizona en 2020, estuvo en contacto regular con el jefe de gabinete Mark Meadows para revertir la elección, fue señalado como uno de los organizadores del mitin que precedió al asalto al Capitolio y desafió una citación del Congreso que investigaba su papel en la insurrección.
Schweikert, aunque con un perfil más bajo, tampoco sale bien librado: se negó a decir quién ganó Arizona en 2020, afirmó que la elección de fiscal general de 2022 fue “probablemente robada” y luego se excusó diciendo que estaba “sobrecafeinado”.
La integridad electoral no es una prioridad para ellos: es un estorbo que intentan esquivar con silencios o con teorías conspirativas.
En el terreno de la salud, el historial es igualmente demoledor, Biggs y Schweikert votaron a favor del megaproyecto fiscal republicano que eliminó los créditos fiscales para el seguro médico de 423,000 arizonenses y que, según la prensa, elevó las primas en el mercado estatal casi un 30 por ciento.
Ambos se opusieron a una iniciativa bipartidista que buscaba revertir ese daño, pese a que 17 republicanos la respaldaron.
La misma ley recortó Medicaid en la mayor proporción de la historia moderna, lo que puso en riesgo la cobertura de aproximadamente 365,000 personas y dejó al borde del cierre a ocho hospitales rurales de Arizona.
Sin embargo, durante el debate, ambos propusieron combatir la obesidad con “gamificación” y cuentas de ahorro para la salud, como si la crisis de asequibilidad se resolviera con zanahorias digitales en lugar de con cobertura médica.
La factura de la guerra en Irán también lleva sus firmas, en tres votaciones distintas, Biggs y Schweikert se opusieron a poner fin a las hostilidades; en una de ellas, el resultado fue un empate 212-212 que podría haber frenado la intervención.
El propio Biggs reconoció después que el conflicto “ha estado costándole a la gente, particularmente en la gasolinera”, aunque matizó que no quería caer en una “trampa” política que “avergonzara al presidente”.
Los números son tozudos: el precio de la gasolina subió en su momento casi dos dólares por galón, el diésel alcanzó máximos históricos y la energía representó más del 60 por ciento del incremento de la inflación en mayo, según la Oficina de Estadísticas Laborales.
A la hipocresía sanitaria y bélica se suma la económica, Biggs ha calificado los aranceles de Trump como “una estrategia económica brillante” y ha sostenido que “no son inflacionarios”, mientras que Schweikert alardeó de haber “hecho los cálculos” arancelarios directamente con la Casa Blanca.
El expresidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, desmintió esa fantasía al afirmar que entre la mitad y tres cuartas partes de la inflación “son en realidad aranceles”.
Ambos legisladores, en suma, respaldaron las políticas que encarecieron los alimentos, el combustible y los medicamentos, y ahora prometen arreglar lo que ellos mismos ayudaron a romper.
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El debate del miércoles no fue un contraste de visiones, sino un ejercicio de amnesia. Biggs y Schweikert se acusaron mutuamente de extremismo, pero ninguno pudo explicar por qué los arizonenses deberían confiar las llaves del estado a dos políticos que llevan años legislando desde Washington a favor de los intereses que hunden la economía familiar.
La conclusión la resumió el portavoz de Copper State Victory, Nicholas Simões Machado: “Esta noche ganó Washington y perdió Arizona”.
La frase, aunque partidista, refleja un hecho difícil de refutar: los dos aspirantes republicanos representan, con matices, la misma agenda que ha hecho de la vida cotidiana un lujo. Y pedirle a los votantes que ignoren ese historial es, sencillamente, un insulto a su memoria.












