Los dos potentes terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 que sacudieron la costa norte de Venezuela el pasado 24 de junio han dejado un saldo provisional de 1,430 personas fallecidas y más de 50,000 desaparecidas, según el balance oficial difundido este 27 de junio por el gobierno venezolano.
Los sismos, que tuvieron su epicentro frente al estado de La Guaira, han devastado comunidades enteras y activaron una ola de asistencia internacional, a la que se han sumado desde equipos de rescate estadounidenses hasta campañas solidarias organizadas por la diáspora venezolana en Arizona.
El movimiento telúrico más intenso, de 7.5 grados, se registró a las 11:15 de la mañana del miércoles, apenas tres horas después de un primer sismo de 7.2 que ya había causado derrumbes en Caracas, La Guaira y los estados de Carabobo, Miranda, Yaracuy y Aragua.
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De acuerdo con la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA), la destrucción de viviendas y activos económicos ha sido preliminarmente estimada en 6,700 millones de dólares, y las réplicas continúan dificultando las tareas de rescate.
Las autoridades venezolanas han declarado el estado de emergencia y militarizado los accesos a la zona cero para priorizar la entrada de maquinaria pesada y equipos de salvamento.
Estados Unidos fue uno de los primeros países en responder. La administración Trump anunció un primer paquete de 100 millones de dólares para la OCHA y 50 millones adicionales destinados a organizaciones que operan sobre el terreno, además del despliegue de equipo militar y dos brigadas de búsqueda y rescate de los departamentos de bomberos del condado de Fairfax (Virginia) y de Los Ángeles (California), que ya trabajan en la remoción de escombros.
El Washington Post reportó que un segundo paquete económico, aún sin cuantificar, será enviado esta misma semana. Colombia confirmó la muerte de 24 de sus nacionales y España despachó este sábado un vuelo con 77 especialistas en evaluación de daños y coordinación de desastres.
En Arizona, la comunidad venezolana —que según el Instituto de Política Migratoria supera las 15,000 personas— se ha volcado en la recaudación de fondos y víveres. La organización Venezuela en Arizona, con sede en Phoenix, habilitó este viernes un centro de acopio en la avenida Central, y su portavoz, María Gabriela Hernández, informó que en menos de 48 horas se recolectaron más de 20 toneladas de alimentos no perecederos, medicamentos y tiendas de campaña.
“Estamos desesperados por ayudar a nuestras familias; la mayoría de nosotros tiene a alguien allá”, declaró Hernández, quien añadió que la agrupación ya coordinó tres vuelos humanitarios con el consulado venezolano en Houston.
Además, la Cruz Roja de Arizona activó su línea de donaciones específicas para Venezuela y desplegó un equipo de voluntarios en el Aeropuerto Sky Harbor para asistir a los viajeros que transportan ayuda humanitaria.
La gobernadora Katie Hobbs emitió un comunicado el viernes en el que expresó sus condolencias y ofreció “toda la asistencia que el estado pueda brindar a través de la Guardia Nacional y las agencias de emergencia”.
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La iglesia católica de Phoenix, a través de la Diócesis de Phoenix, también organizó una vigilia y una colecta especial este domingo en la Catedral de los Santos Simón y Judas.
Mientras tanto, en Venezuela, las restricciones al acceso a La Guaira, impuestas para evitar el colapso vial, han generado críticas de los damnificados, que reclaman la llegada de más maquinaria. El gobierno defiende la medida alegando que busca proteger a los voluntarios del riesgo de infecciones, casi 72 horas después de los sismos.
Sin embargo, Naciones Unidas y la Cruz Roja Internacional insisten en que la prioridad absoluta es acelerar la búsqueda de los miles de desaparecidos, cuyo número real podría ser considerablemente mayor que el reportado oficialmente. La comunidad internacional, incluida la diáspora venezolana en Arizona, mantiene el foco en la emergencia mientras el país se prepara para una reconstrucción que llevará años.












