El cambio ha sido recibido con alarma por organizaciones de derechos civiles en la semana más letal para inmigrantes bajo custodia de ICE. CORTESIA: Magnific
El Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) dejará de investigar los tiroteos y otros incidentes que involucren a agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), según un reportaje publicado por The New York Times.
La decisión, que aún no ha sido confirmada oficialmente por el Departamento de Justicia, transfiere la competencia de esas indagatorias a Homeland Security Investigations (HSI), una división del propio Departamento de Seguridad Nacional (DHS) que depende de la misma secretaría que supervisa al ICE.
El cambio, que ha sido recibido con alarma por organizaciones de derechos civiles, se produce en la semana más letal para inmigrantes bajo custodia federal en lo que va del segundo mandato de Donald Trump y en medio de crecientes cuestionamientos sobre la supervisión independiente de los agentes migratorios.
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La noticia se da a conocer apenas horas después de que se revelara que el agente que disparó y mató al colombiano Johan Sebastián Durán Guerrero, de 25 años, en Biddeford, Maine, el pasado 13 de julio, tiene un largo historial de violencia doméstica y problemas psiquiátricos.
David Brouillette, de 37 años, fue identificado por la agencia de noticias luego de que su exesposa, Ashley Brouillette, y su hija Madison, de 18 años, declararan que él mismo les confesó haber sido el autor del disparo.
“Le pregunté por qué lo hizo. Dijo que fue un disparo justificado. Que el tipo estaba tratando de atropellarlo con un auto”, relató Ashley a la AP.
Un historial devastador
El historial de Brouillette es devastador, con cientos de expedientes de tribunales familiares en Maine documentan años de denuncias de abuso físico y verbal presentadas por su segunda exesposa, a quien la AP no identifica por temor a represalias.
“Dave necesita terapia o algo para su TEPT y depresión”, escribió la mujer en una solicitud de orden de restricción temporal que un juez concedió en 2021.
Un familiar directo de Brouillette, que habló bajo condición de anonimato, afirmó que de niño le diagnosticaron trastorno bipolar severo y déficit de atención, y que a los 12 años intentó quitarse la vida en dos ocasiones.
Los reclutadores militares lo rechazaron inicialmente por esos diagnósticos, pero finalmente logró alistarse y fue desplegado en Afganistán entre 2012 y 2013 como recolector de inteligencia humana.
A finales de 2025, cuando Brouillette ya se había incorporado al ICE, Ashley Brouilletterecibió un mensaje de voz de tres minutos de su exmarido en el que se burlaba de ella por haber solicitado una orden de restricción y en el que decía.
“A todas ustedes deberían cortarles la p—- garganta. ¿Estoy amenazando con hacerlo? No. Pero, ¿creo que deberían tener la p—- garganta cortada? Sí”.
El ICE no ha confirmado ni negado el nombre del agente, limitándose a declarar que “el agente en cuestión tiene casi una década de experiencia en fuerzas del orden federales, con la capacitación requerida, incluido adiestramiento sobre el uso de la fuerza”.
Sin embargo, la revelación del historial de Brouillette pone en entredicho la exhaustividad de los procesos de selección de la agencia durante la oleada de contrataciones impulsada por la administración Trump para su ofensiva migratoria.
La muerte de Durán Guerrero, quien contaba con número de Seguro Social y permiso de trabajo, y cuyas últimas palabras, según testigos, fueron “I tried to stop” (“Intenté detenerme”) es uno de al menos diez fallecimientos en encuentros con agentes de inmigración desde que Trump regresó a la Casa Blanca, según el recuento de la organización The Bulwark.
Ninguno de los agentes involucrados portaba cámaras corporales, a pesar de que el Congreso asignó 20 millones de dólares al DHS para ese fin.
También un turista mexicano
La ola de muertes incluye también la de Juan Jairo Coronilla Durán, un turista mexicano que falleció atropellado por un tráiler en St. Augustine, Florida, cuando intentaba huir de un operativo de ICE.
Coronilla Durán, quien tenía visa de turista vigente y llevaba apenas dos días en el estado, planeaba regresar a México el sábado pasado. Su esposa viajó desde México para reclamar el cuerpo, y el Consulado de México en Orlando está apoyando con los trámites de repatriación.
El incidente ocurrió en una gasolinera Wawa, donde varios hombres intentaron huir al ver a los agentes; Coronilla resbaló en el camellón mojado y fue arrollado; una vecina intentó reanimarlo debajo del tráiler, pero murió en el lugar.
Organizaciones comunitarias realizaron una vigilia y exigieron una revisión urgente de los protocolos del ICE.
La decisión del FBI de dejar de investigar estos incidentes delegando la supervisión a una agencia hermana del mismo departamento, ha sido interpretada por los críticos como un intento de blindar a los agentes migratorios del escrutinio externo.
“Cuando la misma agencia que supervisa al ICE investiga sus propios tiroteos, la rendición de cuentas se desvanece”, señaló la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) en un comunicado difundido la semana pasada.
Mientras tanto, las vigilias por los muertos siguen encendiéndose en todo el país, Houston, Miami y Biddeford, y las organizaciones defensoras de migrantes insisten en que la única respuesta estructural es la transparencia, las cámaras corporales obligatorias y una investigación verdaderamente independiente.
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Con el FBI fuera de la ecuación, esa independencia queda en entredicho.
Y las familias de Lorenzo Salgado Araujo, Johan Sebastián Durán Guerrero y Juan Jairo Coronilla Durán esperan, todavía, que alguien les explique por qué sus seres queridos tenían que morir.












