Preocupa resurgimiento del ébola, ya que según la OMS, los casos sospechosos se han disparado a casi 750 y las muertes a 17. Foto: Cortesía / Google Gemini
El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, expresó su profunda preocupación por la magnitud del brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC), donde los casos sospechosos se han disparado a casi 750 y las muertes a 177, mientras la epidemia se expande hacia Uganda con dos casos confirmados en Kampala.
La rápida propagación del virus Bundibugyo, una cepa inusual para la que no existen vacunas ni tratamientos aprobados, ha encendido las alarmas globales y llevado a la OMS a declarar una emergencia de salud pública de importancia internacional.
“Estoy profundamente preocupado por la magnitud y la velocidad de este brote”, declaró Tedros en una conferencia de prensa celebrada en Ginebra, donde reconoció que la epidemia “es mucho más grande de lo que indican las cifras oficiales”.
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Hasta el 16 de mayo, apenas ocho casos habían sido confirmados por laboratorio en la provincia de Ituri, pero las proyecciones actuales sugieren que el virus llevaba meses circulando sin ser detectado.
Craig Spencer, médico que sobrevivió al ébola en 2014, advirtió que “no cabe duda de que esto es, probablemente, mucho peor de lo que creemos en este momento; sospecho que el número real de casos es muy superior al que se está notificando”.
El brote, declarado oficialmente el 15 de mayo, se originó en la remota provincia de Ituri, al noreste de la RDC, donde la débil infraestructura sanitaria y los conflictos étnicos han dificultado la contención.

Según el Africa CDC, para el 20 de mayo se habían registrado 60 casos confirmados, más de 670 sospechosos, 105 probables y 160 fallecimientos; la OMS elevó el riesgo a “muy alto” a nivel nacional y advirtió que la alta tasa de positividad apunta a un brote “potencialmente mucho mayor”.
Uganda confirmó dos casos importados en su capital, incluido un fallecido, lo que llevó al Departamento de Estado estadounidense a desaconsejar todo viaje a la RDC, Sudán del Sur y Uganda.
La respuesta internacional se ha visto empañada por tensiones diplomáticas: Estados Unidos invocó una ley de salud pública para restringir la entrada de viajeros procedentes de la región afectada, medida que el Africa CDC calificó de contraproducente al señalar que “las prohibiciones de viaje generalizadas pueden perturbar la vida y la economía”.
La OMS, por su parte, ha desplegado equipos de respuesta rápida en las zonas afectadas mientras busca contener un virus que, a diferencia del Zaire ebolavirus, para el cual existen vacunas, carece de herramientas preventivas específicas.
El brote actual representa la decimoséptima epidemia de ébola en la RDC desde que la enfermedad fue identificada por primera vez en 1976, y la primera causada por la cepa Bundibugyo en este ciclo.
Los científicos creen que los humanos contrajeron inicialmente el virus a través de la caza, manipulación o consumo de animales silvestres infectados; una vez en la comunidad, se propaga mediante contacto directo con fluidos corporales o superficies contaminadas.
Las costumbres funerarias locales, que implican tocar al fallecido, aumentan el riesgo de contagio, al igual que la desinformación que circula en las zonas rurales sobre la naturaleza de la enfermedad.
La OMS ha subrayado que, aunque el riesgo global sigue siendo bajo, la velocidad de transmisión y la falta de contramedidas específicas convierten a este brote en uno de los más preocupantes de la última década.











