El reo Ernesto Martínez, condenado a la pena capital por abatir a tiros al oficial Robert Martin en 1995, ha agotado todas sus apelaciones. Foto: Arizona Department of Corrections /AZDPS
Tras más de tres décadas de procesos legales, la Fiscal General de Arizona, Kris Mayes, notificó a la Corte Suprema del estado que ha solicitado formalmente una orden de ejecución para Ernesto Martínez, el hombre condenado por asesinar a sangre fría a un patrullero (State Trooper) en 1995.
De acuerdo con las autoridades estatales, Martínez ha agotado finalmente todos sus recursos legales y apelaciones. De ser aprobada la solicitud del estado, la ejecución podría programarse tan pronto como en enero del próximo año.
La cadena de eventos que culminó en la tragedia inició en julio de 1995, cuando Martínez robó un Chevrolet Monte Carlo y placas vehiculares en California. Para ese entonces, el sujeto ya contaba con condenas previas por delitos violentos, se encontraba violando su libertad condicional y buscaba a toda costa evitar regresar a prisión. Incluso, días antes del crimen, presumió a un amigo un revólver con cinta aislante negra en el mango.
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El 15 de agosto de 1995, varios automovilistas reportaron el vehículo robado conduciendo a exceso de velocidad sobre la Ruta Estatal 87 (conocida como Beeline Highway). El oficial del Departamento de Seguridad Pública de Arizona (AZDPS), Robert Martin, interceptó el automóvil y realizó una parada de tráfico rutinaria.
Cuando el patrullero caminaba hacia la ventana del conductor, Martínez abrió fuego, disparándole en cuatro ocasiones. Tras asesinar al oficial, el criminal tomó el arma de cargo del agente y huyó a gran velocidad. Su conducción errática permitió que varios testigos anotaran las placas del auto, lo que fue clave para su captura.
Agota sus apelaciones y enfrenta la inyección letal
Martínez fue arrestado al día siguiente en California. Durante el operativo, los investigadores recuperaron tanto el arma homicida como el revólver robado al oficial Martin. La evidencia en su contra se solidificó cuando las autoridades lo escucharon jactándose y riéndose por teléfono con un amigo sobre el asesinato del policía. Además, las pruebas de balística confirmaron que los disparos que recibió la víctima provinieron de su arma.
El juicio de Martínez, presidido por el juez Jeffrey Hotham, arrancó el 4 de septiembre de 1997, y los fiscales Robert Shuns y Juan Martinez lograron un veredicto de culpabilidad en cuestión de semanas. Posteriormente, el 18 de agosto de 1998, el juez Christopher M. Skelly le dictó la sentencia de muerte, citando como agravantes su amplio historial de delitos graves y el asesinato de un oficial de la paz en pleno cumplimiento de su deber.
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A casi tres décadas de haber escuchado su sentencia, el largo camino de apelaciones de Martínez ha llegado a su fin.











