La prestigiada organización, CPLC, destacó la trayectoria de 4 docentes de Arizona por su labor y su dedicación con sus estudiantes en las distintas escuelas públicas. Fotos: Oscar Ramos / Prensa Arizona
La 28ª edición de los Premios Esperanza, reconocimiento insignia de Chicanos Por La Causa (CPLC), celebró la trayectoria de cuatro docentes de Arizona durante un almuerzo en el SRP PERA Club de Tempe.
Cada maestro recibió cinco mil dólares en efectivo y una asignación de dos mil quinientos dólares para sus respectivas escuelas, en una ceremonia que reunió a familiares, colegas, patrocinadores y representantes comunitarios.
La presidenta de CPLC, Alicia Núñez, fue la encargada de entregar los galardones y de poner voz al propósito de la convocatoria.
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“Los maestros son el alma de nuestras comunidades; son quienes despiertan la curiosidad, quienes siembran la esperanza en cada salón de clases y quienes, muchas veces con recursos insuficientes, transforman la vida de nuestros niños y jóvenes”, declaró Núñez antes de dar paso a la entrega de los premios.
Núñez subrayó que los Premios Esperanza, creados en 1998, son mucho más que un gesto simbólico: “Cada año renovamos este compromiso porque sabemos que al honrar a un maestro estamos honrando a toda la comunidad que lo rodea. Detrás de cada uno de estos educadores hay generaciones de estudiantes que hoy son mejores personas gracias a su entrega”, afirmó la presidenta de una de las organizaciones de servicios sociales más grandes del suroeste del país.
Francisco Rodríguez, maestro de educación especial en la Escuela Primaria Sahuaro del Distrito Escolar de Washington, fue uno de los galardonados de la tarde. El comité organizador destacó que “refuerza constantemente la idea de que todos los estudiantes pueden tener éxito, a pesar de cualquier desafío o discapacidad de aprendizaje que puedan enfrentar”, una filosofía que ha aplicado a diario en su aula de Phoenix durante más de una década.
Gabriela González, docente de tercer grado en la Escuela Primaria LM Prince del Distrito Unificado de Amphitheater en Tucson, también recibió el premio. González, quien estudió de niña en ese mismo centro, describió la experiencia como “un momento de círculo completo poder servir a la comunidad que me ayudó a crecer”. La maestra, hija de inmigrantes mexicanos, siguió formándose fuera del aula para ofrecer a sus estudiantes “lo mejor de lo mejor”.
Guillermina Valles, de la Escuela Primaria Solano del Distrito Escolar Osborn en Phoenix, fue la tercera homenajeada. Con tres décadas de carrera a sus espaldas, sus propios desafíos personales, llegó a Estados Unidos sin dominar el inglés y tuvo que compaginar estudios y trabajo, inspiraron su pasión por la educación y su compromiso con el alumnado, al que siempre alentó a asumir riesgos, aprender de los errores y crecer tanto académica como socialmente.
Mari Acedo, maestra de Desarrollo del Idioma Inglés en la Escuela Primaria Hartford Sylvia Encinas del Distrito Unificado de Chandler, completó la lista de premiados. Sobreviviente de cáncer de mama, Acedo retribuyó a la comunidad organizando recaudaciones de fondos para niños con cáncer y menores en hogares de acogida; como antigua alumna que aprendió inglés, comprendió de primera mano el aislamiento que enfrentan muchos de sus estudiantes.
Núñez quiso detenerse en el perfil de los cuatro galardonados para trazar un mensaje común: “Francisco, Gabriela, Guillermina y Mari representan lo mejor de nuestra profesión docente. Han superado adversidades, han convertido sus propias historias en combustible para enseñar y han demostrado que el talento está en todos los rincones de Arizona; solo hace falta alguien que lo cultive con amor y dedicación”, expresó la presidenta de CPLC.
Los Premios Esperanza, que contaron nuevamente con el respaldo de SRP, Cox Communications, Southwest Airlines y Valley Toyota Dealers, adquirieron este año un significado especial en un contexto de recortes presupuestarios y exigencias crecientes para los maestros de Arizona; el estipendio escolar permitió a los centros educativos adquirir materiales que de otro modo habrían tenido que costear con recursos propios, y el premio individual de cinco mil dólares representó un reconocimiento poco frecuente en una de las profesiones con mayor brecha salarial del estado.
“Invertir en educación es la apuesta más rentable que puede hacer una sociedad”, remachó Núñez durante el acto.
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La ceremonia, que se extendió hasta primera hora de la tarde, se cerró con los breves testimonios de los maestros galardonados, quienes coincidieron en que el verdadero premio no era el cheque sino la oportunidad de seguir transformando vidas desde las aulas.
La edición 2026 de los Premios Esperanza confirmó que, frente a las adversidades, las escuelas de Arizona siguen contando con profesionales dispuestos a ir más allá del deber.












