El crudo Brent podría trepar hasta los 160 dólares por barril, arrastrando consigo el precio de la gasolina muy por encima de los cinco dólares por galón. CORTESIA: Magnific
“Los inventarios están en niveles nunca vistos. Una vez que toquen fondo, los precios se van a disparar”, advirtió Neil Chapman, vicepresidente sénior de ExxonMobil, recientemente durante la Conferencia Bernstein en Nueva York, y su eco retumbó en cada gasolinera de Arizona.
Según el alto ejecutivo, si no se firma un acuerdo de paz definitivo entre Estados Unidos e Irán en las próximas dos o tres semanas, el crudo Brent podría trepar hasta los 160 dólares por barril, arrastrando consigo el precio de la gasolina muy por encima de los cinco dólares por galón.
Para un estado que depende del diésel para mover sus cosechas, sus flotillas de reparto y los trayectos diarios de millones de trabajadores, el pronóstico suena a sentencia.
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Chapman describió un escenario de reservas agotadas tras meses de conflicto: “Los inventarios comerciales de crudo, de gasolina, diésel, combustible de aviación, todos se han reducido. Esa caída, junto con la liberación de las reservas estratégicas de petróleo, ha mitigado el impacto, pero no puede durar para siempre”.
“Si Ormuz se abre mañana, el precio no llega a 150 dólares, pero va a tomar tiempo reequilibrar los mercados. Los barcos están todos en las ubicaciones equivocadas”.
Precios se disparan en Arizona
La advertencia de la petrolera no es abstracta: para las familias de Phoenix, Tucson o Yuma, la diferencia entre 4.89 y 5.75 dólares por galón no se mide en modelos financieros, sino en lo que se deja de comprar en el supermercado.
La matemática es simple: el cierre del estrecho de Ormuz ha retirado del mercado entre 11 y 12 millones de barriles diarios, y las reservas estratégicas de los países occidentales, el colchón que hasta ahora evitó el cataclismo, se acercan a mínimos históricos.
Cuando se agoten, el precio del crudo, que en mayo promedió 103 dólares, se disparará hasta un 55 por ciento adicional, según los modelos que maneja la petrolera.
Esa sacudida llegaría a las estaciones de servicio en cuestión de días y Patrick De Haan, jefe de análisis petrolero de GasBuddy, advirtió que el reciente respiro, la gasolina regular bajó 19.5 centavos la semana pasada hasta los 4.26 dólares por galón a nivel nacional, es un espejismo.

“La costa está lejos de estar despejada… Cualquier retroceso en las negociaciones podría revertir rápidamente la reciente caída”, señaló.
En Arizona, donde el grado medio ya rozó los 5.17 dólares desde mayo, los conductores se enfrentan a una factura que podría encarecerse otro 15 o 20 por ciento en pleno verano, justo cuando las temperaturas superan los 110 grados y el aire acondicionado del automóvil no es un lujo, sino una necesidad.
El primer eslabón de la cadena que se rompería es el campo y los agricultores de los condados de Yuma y Pinal, que abastecen una porción significativa de las hortalizas de hoja verde que consume todo el país, dependen del diésel para bombear agua de riego y operar tractores.
Con el combustible agrícola más del 50 por ciento por encima de los niveles previos a la guerra, cada hectárea cultivada cuesta más, y ese sobreprecio se traslada al supermercado.
La FAO ya advirtió en mayo que el cierre de Ormuz podría desatar una crisis mundial de precios de los alimentos; los fertilizantes, derivados del petróleo, se han encarecido un 80 por ciento desde febrero.
El segundo eslabón es el transporte y las flotillas de camiones que recorren la Interestatal 10 y las rutas estatales pagan facturas de diésel cada vez más altas, y ese costo se incorpora al precio de cada producto que llega a los anaqueles.
Chapman fue claro: “El petróleo está en prácticamente todo lo que nos rodea: fertilizantes, plásticos, alimentos”.
El encarecimiento del crudo no solo se siente al llenar el tanque, sino al comprar leche, pan o una caja de cereales.
La inflación general en Estados Unidos escaló al 3.8 por ciento anual en abril, el nivel más alto en tres años, y las expectativas de los consumidores para el próximo año se dispararon al 4.8 por ciento, según la Universidad de Michigan.
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El tercer eslabón, y el más visible, es la economía familiar y los investigadores de la Escuela Watson de la Universidad de Brown calculan que los hogares estadounidenses han pagado ya 48 mil millones de dólares adicionales en costos de combustible desde que estalló la guerra, una carga promedio de 364 dólares por familia que no para de crecer.











