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Los archivos OVNI desclasificados: ‘¿qué está pasando?’, dice Trump

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Pese a las expectativas, los archivos recientemente revelados por el gobierno federal, poco aportaron a lo ya conocido. CORTESIA: War.gov/UFO

El gran anuncio queda opacado ante escasas pruebas y sospecha de encubrimiento

Veinticinco años después de que la primera página web gubernamental sobre ovnis viera la luz (un primitivo portal de la NASA que apenas contenía tres imágenes borrosas), el Departamento de Guerra colgó el viernes 8 de mayo de 2026 en war.gov/UFO un archivo que puede consultarse desde cualquier teléfono móvil. 

La primera remesa de 162 documentos desclasificados bajo el programa PURSUE (Sistema Presidencial de Desprecintado y Reporte de Encuentros con Fenómenos Anómalos) abarca desde misiones de la NASA hasta informes del FBI y cables del Departamento de Estado, algunos de ellos redactados a máquina en la década de 1940 y otros generados por sensores infrarrojos en Irak y Siria hace apenas dos años.

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“Estos archivos, ocultos tras clasificaciones, han alimentado durante mucho tiempo una especulación justificada; es hora de que el pueblo estadounidense los vea por sí mismo”, declaró el secretario de Defensa, Pete Hegseth, en un comunicado emitido al conocerse la publicación. La intervención del presidente Donald Trump —que en febrero ordenó la desclasificación y celebró la divulgación con un “¡¿QUÉ DEMONIOS ESTÁ PASANDO?!” en Truth Social— convirtió la publicación en un fenómeno mediático inmediato.

La colección reserva algunas de sus páginas más enigmáticas a los testimonios de los astronautas. Buzz Aldrin, durante la misión Apolo 11 en 1969, describió “una fuente de luz bastante brillante que tentativamente atribuimos a un posible láser”; su compañero del Apolo 12, Alan Bean, reportó “destellos de luz que simplemente navegaban por el espacio” y añadió que “parece como si algunas de esas cosas estuvieran escapando de la Luna; realmente salen disparadas de aquí y se dirigen directamente hacia las estrellas”. 

Para la tripulación del Apolo 17, en 1972, las partículas brillantes que se arremolinaban más allá de la ventanilla evocaban directamente los fuegos artificiales: “¡Esto es como el Cuatro de Julio ahí fuera!”, declaró el piloto del módulo lunar Harrison Schmitt.

Si las transcripciones lunares aportan épica, otros documentos acercan el misterio al presente. Un agente federal entrevistado por el FBI en septiembre de 2023 describió “una esfera naranja brillante posada cerca de un pináculo rocoso”, comparando el objeto con “el Ojo de Sauron de ‘El Señor de los Anillos’, solo que sin pupila”. 

Ese mismo año, el FBI realizó un retrato robot de un objeto “elipsoide metálico de bronce” de entre 40 y 60 metros de largo que, según el relato, se materializó en el cielo y desapareció sin dejar rastro. 

De acuerdo con la base de datos de la Oficina de Resolución de Anomalías en Todos los Dominios (AARO), las imágenes nocturnas obtenidas con sensores térmicos constituyen la categoría más abundante del lote.

Los analistas han observado, no obstante, un patrón que resta misterio a buena parte del material: la mayoría de los avistamientos se concentran en zonas de operaciones militares estadounidenses (el estrecho de Ormuz, Irak, Siria, los Emiratos Árabes Unidos y Grecia), donde los sensores más avanzados escrutan el cielo las veinticuatro horas del día. 

De hecho, entre 2020 y 2026 se registraron en esas regiones del planeta más de 1,100 reportes de UAP, una cifra que para los escépticos solo demuestra que donde más se mira, más se ve. 

Un expediente de 2022 en Irak describe “un posible UAP de pequeño tamaño” avistado por una tripulación militar mientras atacaba otro blanco; otro de 2024, en Siria, habla de “múltiples destellos de luz de origen desconocido”.

Generan escepticismo

La divulgación no escapó a la controversia política: apenas horas después de que se activara el portal, el podcaster Joe Rogan vinculó directamente la publicación con la guerra en Irán y afirmó que “la guerra no está yendo muy bien. La gente está muy molesta y muchos piensan que jamás debimos habernos involucrado. Necesitamos buenas noticias; necesitamos algo que nos distraiga”. 

La exrepresentante Marjorie Taylor Greene fue aún más allá: calificó los documentos de “propaganda del objeto brillante” y recordó que la administración sigue sin divulgar la totalidad de los archivos del caso Epstein, una promesa electoral de Trump que la Casa Blanca aún no ha completado.

El recelo no procede únicamente de quienes critican al presidente, sino también de quienes conocen los entresijos de la desclasificación. El representante republicano Tim Burchett, que lleva años exigiendo transparencia, rebajó las expectativas al recordar que “los ‘halcones de la guerra’ del Pentágono no ceden así de fácil”. 

De hecho, los dos informes públicos que la AARO entregó al Congreso en 2024 ya concluyeron que “ninguno de los casos investigados ha podido vincularse a tecnología extraterrestre”, y el propio portal advierte de que muchos documentos reflejan “la interpretación subjetiva del declarante” y no pueden tomarse como un indicio concluyente.

La directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, precisó que el proceso abarca “decenas de millones” de registros repartidos entre múltiples agencias y que los casos publicados permanecen sin resolver porque el gobierno carece de datos suficientes para determinar la naturaleza exacta de los fenómenos observados. El Pentágono ha anunciado nuevos lotes “cada pocas semanas”, aunque sin fijar un calendario.

El portal war.gov/UFO, diseñado con tipografía blanca sobre fondo negro al estilo de las terminales de los años ochenta, permite a cualquier ciudadano bucear en expedientes que van desde una entrevista del FBI a un civil en 1957 que afirmó haber visto un vehículo circular elevarse del suelo, hasta una fotografía del Apolo 17 en la que tres puntos forman un triángulo sobre la superficie lunar y sobre la que el Pentágono escribió: “No hay consenso sobre la naturaleza de la anomalía, pero un nuevo análisis preliminar indica que la imagen capta un objeto físico”. La frase, pese a su ambigüedad, es una de las más enigmáticas que la administración ha emitido en años.

El archivo más antiguo del lote data de noviembre de 1948 y estaba clasificado como “alto secreto” por la inteligencia de la Fuerza Aérea; describe avistamientos repetidos de objetos no identificados en el espacio aéreo europeo e incluye una consulta a las autoridades suecas, que ya entonces concluyeron que la tecnología observada parecía “estar más allá de cualquier civilización conocida en la Tierra”. 

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El documento es un recordatorio de que la fascinación por lo desconocido no nació con internet, sino con la Guerra Fría y el miedo a que el enemigo dispusiera de un arma que uno mismo no comprendía.

Gabbard y Hegseth insisten en que la iniciativa constituye “el mayor ejercicio de transparencia emprendido por gobierno alguno en esta materia”.

 Queda por ver cuántos de esos millones de páginas se sumarán a los 162 archivos ya disponibles; de momento, el sitio web sigue aceptando visitas sin colapsar. 

Mientras tanto, los ufólogos escudriñan los memorandos en busca de la prueba definitiva que nunca llega, los militares anotan nuevos avistamientos que elevan el contador de la AARO, y el ciudadano común, como quiere el presidente, puede sacar sus propias conclusiones frente a la pantalla.

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