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Retiran nombre de Trump del Kennedy Center, en cumplimiento a orden judicial

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El nombre de John F. Kennedy ha recuperado su lugar exclusivo en el frontispicio del teatro que desde 1971 honra su memoria, y el de Donald Trump ha quedado confinado a los archivos de un episodio que los tribunales han calificado, sin ambages, de ilegal. CORTESIA: The Kennedy Center

El nombre del presidente Donald Trump fue retirado de la fachada del Centro Kennedy, en cumplimiento de una orden judicial federal que consideró ilegal su inclusión en un recinto que la ley designa como memorial exclusivo al presidente asesinado John F. Kennedy.

La operación, que comenzó la noche del viernes y se prolongó hasta la madrugada del sábado, se realizó entre los vítores de decenas de manifestantes y después de que un tribunal de apelaciones rechazara el último intento de la Casa Blanca por suspender la medida.

Un equipo de obreros instaló andamios y lonas plásticas para desmontar las letras del apellido Trump que habían sido añadidas a la fachada de mármol en diciembre pasado.

La organización Hands Off the Arts, que aboga por la independencia de las instituciones culturales, convocó una concentración pacífica en la que los asistentes corearon “¡quítenlo!” y ondearon pancartas con lemas como “tú no eres JFK”.

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Cuando una portavoz anunció que la Corte de Apelaciones había denegado la segunda petición de la administración para bloquear la sentencia, la multitud estalló en una ovación.

Las tormentas eléctricas que azotaron la capital obligaron a retrasar las labores, pero no dispersaron a los curiosos que siguieron el proceso desde la acera.

El origen del litigio se remonta a la decisión del juez federal Christopher Cooper, dictada el 29 de mayo, en la que declaró que añadir el nombre de Trump al memorial violaba la ley federal que exige honrar “al presidente Kennedy y solo al presidente Kennedy”.

El magistrado, designado por Barack Obama, consideró que la maniobra era “mucho más que un apodo inocente” y ordenó la restitución del nombre original en un plazo máximo de dos semanas, que vencía el viernes y asimismo, anuló el cierre del centro durante dos años para remodelaciones, al estimar que la junta directiva se basó en información insuficiente.

La Casa Blanca reaccionó al fallo original anunciando que abandonaría el rediseño y transferiría la supervisión del centro al Congreso. Sin embargo, el Departamento de Justicia presentó recursos de emergencia ante dos instancias judiciales para frenar la remoción, argumentando que un eventual vuelco del fallo generaría confusión.

La Corte de Apelaciones del Circuito del Distrito de Columbia rechazó ambas solicitudes y permitió que los trabajos prosiguieran y el centro, por su parte, comunicó que “ha cumplido plenamente con la orden judicial” y que el nombre del presidente “ya no aparece en el edificio, el sitio web ni otros materiales”.

La breve permanencia del apellido Trump en el mármol del Kennedy Center —apenas medio año— es el capítulo más visible de una disputa más amplia por el control de las instituciones culturales de la capital.

En febrero de 2025, el presidente sustituyó a varios miembros de la junta directiva y se autoproclamó presidente del órgano rector, lo que allanó el camino para el cambio de nombre y la aprobación de las controvertidas reformas.

La Asociación de Museos y Salas de Concierto de Estados Unidos recordó que al menos quince instituciones han rechazado patrocinios federales desde entonces, temiendo comprometer su autonomía.

La retirada de las letras doradas que durante meses rescribieron la fachada del emblemático teatro abrió un nuevo frente de debate sobre los límites del poder ejecutivo frente a los memoriales instituidos por el Congreso.

El fallo del juez Cooper establece que cualquier modificación del nombre o de la misión del Centro Kennedy requiere la aprobación explícita del Legislativo, lo que supone un correctivo jurídico a una estrategia presidencial que, hasta ahora, había avanzado sin mayores contrapesos.

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Los críticos del mandatario consideran que la decisión refuerza el principio de que ni siquiera la Casa Blanca puede rebautizar monumentos ajenos sin el consentimiento del pueblo representado en el Capitolio.

Mientras las lonas de plástico seguían ocultando la fachada del edificio la tarde del sábado, la disputa legal aún no ha concluido: los abogados de la administración todavía pueden solicitar una revisión del caso ante el pleno de la Corte de Apelaciones o incluso ante la Corte Suprema.

De momento, sin embargo, el nombre de John F. Kennedy ha recuperado su lugar exclusivo en el frontispicio del teatro que desde 1971 honra su memoria, y el de Donald Trump ha quedado confinado a los archivos de un episodio que los tribunales han calificado, sin ambages, de ilegal.

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