Alimentos ultraprocesados afecta a gran parte de la población estadounidense
Un creciente cuerpo de investigación científica está confirmando que la adicción a los alimentos ultraprocesados es un fenómeno clínico real que afecta a una proporción cada vez mayor de la población estadounidense, según un reportaje difundido por la cadena noticiosa CNN.
De acuerdo con el artículo, firmado por la periodista Sandee LaMotte, aproximadamente el 14 por ciento de los adultos mayores en Estados Unidos y el 21 por ciento de las mujeres de entre 50 y 64 años cumplen actualmente los criterios de adicción clínica a estos productos, unas cifras que, según los expertos consultados, no dejan de aumentar.
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El diagnóstico de esta condición se realiza mediante la Escala de Adicción a la Comida de Yale, un instrumento desarrollado por Ashley Gearhardt, profesora de psicología en la Universidad de Michigan en Ann Arbor, que aplica los mismos estándares rigurosos que se utilizan para identificar los trastornos por consumo de tabaco, drogas o alcohol.

Gearhardt explicó que los fabricantes de alimentos manipulan los niveles de azúcares añadidos, carbohidratos refinados, sal, grasas, saborizantes y texturizantes para crear un “golpe intenso, hedónico y adictivo” que deja al consumidor deseando más.
“Los productos ultraprocesados tienen una huella nutricional, basada en la neurociencia de la recompensa alimentaria, que la madre naturaleza nunca te ofrece en un solo alimento”, afirmó la investigadora.
Se detalla que los humanos tenemos una necesidad fisiológica de sodio, azúcar y grasas, un instinto de supervivencia que en el pasado permitió a nuestros ancestros cazadores-recolectores obtener los nutrientes esenciales.
Sin embargo, en el mundo moderno esos nutrientes están disponibles de forma instantánea en máquinas expendedoras, restaurantes de comida rápida y supermercados, e incluso pueden comprarse en línea y recibirse a domicilio.
Evan Forman, profesor titular de Medicina Familiar y Comunitaria en la Universidad Thomas Jefferson de Filadelfia, declaró a la cadena que “las formulaciones de la industria alimentaria se están aprovechando, en esencia, explotando, de una respuesta biológica muy arraigada y poderosa que tenemos ante ciertas sustancias”.
Forman estableció un paralelismo con las drogas para ilustrar la gravedad del problema: “Tomemos como ejemplo la heroína o el fentanilo. No argumentamos: ‘Bueno, la gente debería resistirse a la heroína’. No tendría sentido decir que todos deberían confiar en su fuerza de voluntad”.
En la misma línea, Gearhardt subrayó que el problema no es individual, sino sistémico: “La abuela no tiene acceso a científicos sensoriales con técnicas exclusivas que crean una explosión de sabores que se desvanecen, dejándote con ganas de más”.
Para determinar qué combinación de ingredientes hiperpalatables genera la respuesta más adictiva, los investigadores pidieron a una muestra representativa de 1,600 adultos estadounidenses que calificaran las características de distintos alimentos.
El resultado, recogido por CNN, fue que más del 90 por ciento de los productos clasificados en el nivel más alto de adicción percibida eran alimentos ultraprocesados que aportan altos niveles de carbohidratos y grasas refinadas.
Galletas, pasteles, donas, muffins, tartas, pizzas, papas fritas, dulces y otros bocadillos encabezaron la lista; las tiras de pollo de comida rápida, los sándwiches de queso y los macarrones con queso comprados en el supermercado también figuraron entre los más adictivos.
Gearhardt precisó que no basta con señalar a un único nutriente como culpable.
“No podemos limitarnos a decir: ‘¿Es la grasa o los carbohidratos, la densidad energética o las calorías por gramo?’. Es la combinación de todos estos elementos en sinergia lo que crea ese bocado adictivo”.
La investigación también detectó que algunos alimentos mínimamente procesados, como los bagels, los croissants o las tostadas francesas con jarabe, pueden resultar altamente adictivos debido a que utilizan harinas ultraprocesadas y refinadas que se convierten rápidamente en glucosa en el organismo, generando picos de azúcar en la sangre que, al desplomarse, dejan una sensación de vacío en el estómago que puede llevar a comer en exceso.
El impacto en la salud
El impacto sobre la salud es preocupante, según los datos que recoge el reportaje. Consumir aproximadamente un 10 por ciento más de alimentos ultraprocesados al día, lo que equivale a una sola ración adicional, conlleva un riesgo un 55 por ciento mayor de obesidad, un aumento del 50 por ciento en las muertes relacionadas con enfermedades cardiovasculares y un incremento del 40 por ciento en la probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2.
A nivel mundial, el 12 por ciento de los niños son adictos a los alimentos ultraprocesados, una cifra que Gearhardt calificó de alarmante y que ha servido de base para la reciente ley de California que eliminará los productos ultraprocesados más dañinos de miles de millones de comidas escolares para 2035.
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La industria alimentaria, representada por la Alianza Internacional de Alimentos y Bebidas, rechazó las conclusiones del estudio y declaró que “muchos alimentos etiquetados como ultraprocesados aportan nutrientes importantes, son asequibles y seguros, y se recomiendan en las guías alimentarias de todo el mundo”.
Su secretario general, Rocco Renaldi, argumentó que “el disfrute y la palatabilidad son partes normales de la alimentación; no son exclusivos de los alimentos etiquetados como ‘ultraprocesados’, ni son evidencia de adicción clínica ni prueba de que un alimento sea adictivo”.











