El descenso de muertes a nivel nacional, se atribuye a múltiples factores: la mayor disponibilidad de naloxona el fármaco que revierte las sobredosis. CORTESIA: Magnific IA
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) divulgaron los datos preliminares que confirman un desplome histórico en las muertes por sobredosis en Estados Unidos: alrededor de 70,000 personas fallecieron en 2025, una caída del 14% respecto al año anterior y el tercer descenso anual consecutivo, la racha más prolongada en décadas.
Sin embargo, el optimismo nacional contrasta con la realidad de Arizona, donde las defunciones por esta causa se incrementaron más del 10%, una excepción que inquieta a las autoridades sanitarias estatales y que podría agravarse con los recientes recortes federales a los programas de reducción de daños.
“Soy cautelosamente optimista de que esto representa realmente un cambio fundamental en la trayectoria de la crisis de sobredosis”, declaró Brandon Marshall, investigador de la Universidad de Brown que estudia las tendencias de mortalidad por drogas.
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El descenso, que devuelve las cifras nacionales a los niveles previos a la pandemia de COVID-19, se atribuye a múltiples factores: la mayor disponibilidad de naloxona el fármaco que revierte las sobredosis, la expansión de los tratamientos de adicción, cambios en los patrones de consumo y el impacto de miles de millones de dólares procedentes de los acuerdos judiciales con las farmacéuticas, según detalló la agencia Associated Press.
No obstante, el propio Marshall advirtió que la mejoría es frágil.
“Si las muertes están bajando rápidamente, eso significa que pueden aumentar con la misma rapidez si quitamos el pie del acelerador”, alertó el investigador.
La advertencia resuena con especial fuerza en Arizona, donde el aumento de sobredosis fatales en 2025, junto con Colorado y Nuevo México, podría deberse, según el propio Marshall, a un mayor consumo combinado de fentanilo y metanfetamina, una peligrosa mezcla que desde hace años castiga al suroeste del país.
Mientras las muertes disminuían a escala nacional, una nueva generación de drogas sintéticas irrumpía en el mercado ilícito con una velocidad alarmante.
Alex Krotulski, director del Centro de Investigación y Educación en Ciencias Forenses, un laboratorio toxicológico financiado con fondos federales en Horsham, Pensilvania, que forma parte del sistema nacional de alerta temprana de drogas, reveló que en todo 2025 su laboratorio identificó 27 nuevas sustancias, mientras que en los primeros cinco meses de 2026 ya ha detectado otras 23.
Entre ellas figura la cichlorfina, un potente opioide sintético descrito como hasta diez veces más fuerte que el fentanilo, que se está utilizando como agente de corte añadido a otras drogas sin conocimiento del consumidor.
“El suministro de drogas continúa cambiando y evolucionando”, advirtió Krotulski.
Según reportó la cadena WJHL de Tennessee, la cichlorfina se ha vinculado a al menos 41 muertes en el este de ese estado entre julio de 2025 y febrero de 2026, y se cree que se originó en China en 2024 antes de extenderse a Europa y posteriormente a Estados Unidos.
La sustancia no aparece en las pruebas toxicológicas estándar ni en las tiras reactivas, y requiere entre 20 y 40 miligramos de naloxona para intentar revertir una sobredosis, frente a los 0,4 miligramos que bastan para el fentanilo, lo que multiplica el riesgo de muerte antes de que los servicios de emergencia puedan actuar.
En este delicado contexto, la administración del presidente Donald Trump ha comenzado a recortar programas diseñados para reducir las muertes por sobredosis.
A finales de abril, la Administración de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias (SAMHSA, por sus siglas en inglés) notificó a los beneficiarios de subvenciones federales que el gobierno dejaría de pagar las tiras reactivas y los kits que permiten a los consumidores detectar si sus drogas contienen aditivos letales.
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La decisión, según argumentaron fuentes oficiales, responde a un cambio de enfoque que prioriza la abstinencia y la persecución penal frente a las estrategias de reducción de daños.












