En la elección primaria más cara de la historia, fue derrotado el congresista Thomas Massie que enfrentó a Donald Trump para forzar la publicación de los Archivos Epstein. CORTESIA: Thomas Massie / Facebook
En elecciones primarias el presidente sigue consolidando su control sobre el partido
El presidente Donald Trump consolidó este martes su control sobre el Partido Republicano al ver cómo sus candidatos favoritos arrasaban en las primarias del sur del país, mientras su respaldo de última hora al fiscal general de Texas, Ken Paxton, un político que arrastra un largo historial de escándalos de corrupción y que llegó a ofrecer un acuerdo al estilo Epstein a un agresor sexual, evidencia que la lealtad al mandatario sigue siendo el único requisito para prosperar en las filas conservadoras.
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En Kentucky, el candidato respaldado por Trump, Ed Gallrein, venció al representante Thomas Massie en la primaria más cara de la historia de la Cámara de Representantes.
Massie, que se había enfrentado al presidente por la publicación de los archivos de Epstein y por la guerra en Irán, fue purgado sin contemplaciones en lo que la cadena The Hill calificó como “el crescendo de la cruzada de retribución de medio mandato de Trump”.
En Georgia, el vicegobernador Burt Jones, también respaldado por el presidente, lideró la contienda republicana para la gobernación, mientras que el secretario de Estado Brad Raffensperger, que se negó a “encontrar votos” para Trump tras las elecciones de 2020, quedó eliminado de la carrera por el Senado; la purga de los disidentes internos se completaba con precisión quirúrgica.
Pero fue el apoyo del presidente al fiscal general de Texas, Ken Paxton, lo que mejor ilustra el patrón de un movimiento que ha sustituido los principios por la sumisión.
Paxton, que se enfrentará el próximo martes al senador John Cornyn en la segunda vuelta de las primarias republicanas, lleva años esquivando una imputación por fraude de valores que data de 2015.
Fue investigado por el FBI por presunto soborno y abuso de poder y en 2023 la Cámara de Representantes de Texas, controlada por los republicanos, lo sometió a un juicio político con 16 cargos de corrupción antes de que el Senado estatal lo absolviera.
Cuatro de sus antiguos ayudantes de mayor rango lo denunciaron ante el FBI alegando que Paxton utilizó el cargo para favorecer al empresario inmobiliario Nate Paul, quien le había hecho favores personales que incluían la renovación de su vivienda y la contratación de una mujer con la que Paxton mantenía una relación extramatrimonial.
El caso más turbio, sin embargo, es el del supuesto “trato Epstein” que Paxton habría ofrecido a Paul, pues según la demanda presentada por los exayudantes, el fiscal general intentó presionar a los fiscales federales para que concedieran a Paul un acuerdo de no procesamiento similar al que Jeffrey Epstein obtuvo en 2008, un pacto que permitiría al empresario —que había sido arrestado por agresión sexual y abuso de menores— eludir la cárcel a cambio de declararse culpable de cargos menores.
Paxton ha negado las acusaciones, pero los documentos judiciales y los testimonios de sus antiguos colaboradores dibujan un patrón de tráfico de influencias que la cúpula republicana ha decidido ignorar en aras de la lealtad política.
El propio Trump, en su mensaje de respaldo, calificó a Paxton como “un verdadero guerrero MAGA que siempre ha cumplido con Texas”, mientras despachaba a Cornyn, un conservador de toda la vida que se atrevió a no respaldar al presidente con suficiente antelación en 2024 con un tibio “es un buen hombre”.
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La ecuación es sencilla: quien se pliega, prospera; quien discrepa, cae.
Massie y Raffensperger lo comprobaron el martes; Cornyn podría comprobarlo en unos cuantos días.
La pregunta que flota sobre las elecciones de noviembre no es si Trump controla el Partido Republicano, sino si los votantes independientes y moderados que decidirán las elecciones generales están dispuestos a refrendar en las urnas un modelo de impunidad que ya ni siquiera se molesta en disimular.












